La noche del 23 de abril, el coronel en retiro Víctor Boitano estaba en la sala de su casa, ubicada en la avenida principal de Altamira, vestido con short y camiseta, acompañado de su esposa, Eugenia Valle, y su hija, Rossana, cuando alguien golpeó la puerta. Al abrirla, un grupo de hombres armados, vestidos de civil, y policías irrumpió con violencia. Los uniformados lo encañonaron y lo llevaron por la fuerza a un destino desconocido. Seis meses después, su familia sigue sin conocer su paradero.
Al ver a los hombres armados sobre su esposo, Eugenia trató de defenderlo y les gritó que no era un delincuente, sino un excoronel del Ejército que merecía respeto. En ese momento, oficiales mujeres entraron en la vivienda y la sometieron, mientras su hija, llorando, registraba el momento a través de una transmisión en redes sociales.
“Víctor está desaparecido. ¿Por qué digo esto? Porque el gobierno oficialmente no acepta que lo tienen y lo sacaron de la casa sin motivo y sin una orden judicial. Fui muchas veces a La Modelo, a Plaza El Sol, al nuevo Chipote, y nadie da respuesta. Me hacían esperar dos o tres horas, y después me decían que no estaba en la lista de presos. Esto quiere decir que hay una orientación explícita de no darnos información”, comenta Eugenia, esposa del exmilitar.

Exilio
Tras meses sin obtener información de Boitano, cansada del asedio policial en su vivienda, de las amenazas telefónicas, de la persecución de vehículos sin placas y de una peligrosa recaída de salud con síntomas de derrame, Eugenia Valle abandonó el país por un punto ciego el 11 de octubre. Su hija había salido previamente para reunirse en Europa con su hermano mayor, quien lleva el mismo nombre de su padre.
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“Decidimos salir todos de Nicaragua para denunciar ante los organismos de derechos humanos y los gobiernos el secuestro de mi esposo. Le dije a mis hijos que teníamos la obligación de visibilizar la desaparición de su padre; lo material se repone. Víctor es un hombre de 63 años que padece varias enfermedades crónicas, como diabetes, hipertensión y delirio de persecución, diagnosticado por médicos de diferentes países. No había descuidado su salud, pero si no toma su medicina, se desestabiliza tanto física como mentalmente”, expresa con angustia.

“Él no participaba en grupos opositores”
Boitano llevaba ocho meses en Nicaragua después de vivir cinco años en Italia, país del que adquirió la nacionalidad. Se fue en 2018 y regresó en septiembre de 2023 para asistir a la graduación universitaria de su hija Rossana “y porque también extrañaba a toda su familia”, comenta su esposa.
“Desconozco las razones por las que lo secuestraron. Él no participaba en ningún grupo opositor, no opinaba ni tenía redes sociales. Cuando regresó al país, presentó su pasaporte nicaragüense, aunque es italiano. Todo apuntaba a que no tendría ningún problema. Pero desde su secuestro, me convencí de que todo es una pasada de cuentas por los libros que escribió entre 2009 y 2010. Ahora se la están cobrando”, manifiesta.
Eugenia Valle se refiere a los libros que el coronel en retiro escribió sobre los delitos del dictador Daniel Ortega, los cuales generaron interés en la opinión pública, como el que aborda la sospechosa muerte del tricampeón mundial de boxeo, Alexis Argüello.
Boitano fue coronel del Ejército Sandinista ―hoy Ejército de Nicaragua― en los años ochenta. Luego pasó a la disidencia y se convirtió en un fuerte crítico de Ortega. En las elecciones generales de 2011, apareció en la lista de candidatos a diputado de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), liderada entonces por el actual orteguista Enrique Quiñónez.
En ese contexto, según reportes periodísticos de la época, el 10 de agosto de 2011, durante la procesión de Santo Domingo hacia Las Sierritas, la cúpula de ALN repartía gorras desde una tarima, lo que irritó a varias personas que les lanzaron piedras y bolsas de agua. Los políticos respondieron con disparos, dejando un saldo de cinco personas heridas.
Boitano fue detenido y llevado a los tribunales, mientras Quiñónez se distanciaba de él y lo acusaba de haber disparado y de tener un plan para secuestrar a Camila Ortega, hija de los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo.

El trato para salir de prisión
Dos meses después, Boitano salió de la cárcel, pero con un discurso favorable al régimen de Ortega, en el que pedía estabilidad nacional y acusaba al Gobierno de Estados Unidos de injerencismo.
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“A Víctor le ofrecieron un trato: lo sacarían de la cárcel si leía el comunicado en contra de Estados Unidos. Yo le dije que lo hiciera, porque teníamos dos hijos que cuidar; la política no nos iba a dar de comer y ya era suficiente. Le recordé que él tenía dos hermanos muertos en la guerra y yo uno, y que su mamá había sido torturada por la Guardia. Él firmó el compromiso, de ahí en adelante era borrón y cuenta nueva. Víctor cumplió, no volvió a opinar; pero al régimen se le olvidó ese arreglo y lo volvió a secuestrar”, comenta Valle, quien recordó que solicitó ayuda al general en retiro Humberto Ortega y a Hugo Torres, ambos fallecidos en cautiverio, pero le cerraron las puertas.
La esposa de Boitano trabajaba en la Dirección General de Ingresos (DGI), institución a la que no regresó tras el secuestro del coronel en retiro. Valle cumplió con sus cuotas en el seguro social, por lo que solicitó su carta para tramitar su jubilación, pero no se la entregaron.
De acuerdo con fuentes confiables, Boitano está detenido en el temido “Infiernillo”, como se le conoce a la Galería 300 del Sistema Penitenciario Nacional Jorge Navarro, La Modelo, donde el régimen envía a reclusos peligrosos o a presos políticos a quienes desea quebrantar. En los interrogatorios, al excoronel le mencionan la acusación de Quiñónez de ser responsable de los disparos en agosto de 2011, el supuesto plan de secuestrar a Camila Ortega, de organizarse con militares en retiro en el extranjero para desestabilizar al régimen, y los libros que escribió contra Ortega.
Su familia está angustiada por su salud, ya que desconocen si recibe atención médica o psicológica. Además, temen que Boitano muera a manos del régimen, como sucedió con Hugo Torres y Humberto Ortega.