Libertad empresarial

“Muchos miran al empresario como el lobo que hay que abatir; otros lo miran como la vaca que hay que ordeñar; pero muy pocos lo miraban como el caballo que tira del carro”. Winston Churchill.

La única forma para que la nueva Nicaragua prospere de forma sostenida es con la potencia del sector privado empresarial nacional e internacional. Es el único camino posible. Lo demás, son cuentos de Pancho Madrigal.

Se requiere, una nueva ley que permita la total libertad empresarial acompañada de las leyes que protejan al medioambiente y al rey del mercado: el comprador, el cliente, el consumidor.

Cuando escribo “libertad empresarial”, me refiero a las empresas privadas. Las empresas estatales son feudos de corrupción, bancos de trabajo para los políticos corruptos y sus familias, distorsionadores de la economía y al final de la historia, impuestos disfrazados para el pueblo.

La señora que vende mangos en el semáforo es una empresaria y debe tener los mismos deberes, derechos y garantías que los grandes empresarios. 

La nueva ley debe permitir a nacionales y extranjeros constituir una empresa en unas pocas horas y de forma digital. Sin necesidad del testimonio de un notario público ni de ningún tipo de permiso ni de regulaciones ni de previo ni posterior del Estado.

La nueva Constitución debe establecer claramente y sin interpretaciones, los derechos inalienables de la propiedad privada, los cuales deben contar con leyes que de forma expedita los garanticen y castiguen severamente a quienes intenten o logren afectar el sagrado derecho de la propiedad privada.

Es imprescindible una sustancial reducción de los impuestos. Es necesario establecer para las empresas un impuesto único sobre ventas, el cual se pagará en los quinces días posteriores al fin de cada mes y tendrá un carácter definitivo. La tasa impositiva debe ser equivalente a los más bajos impuestos para las empresas de América. La forma de declarar y pagar debe ser digital. En tres años, esa tasa debe ser como máximo un dos por ciento sobre ventas. Aclarando que no habrá impuestos por las importaciones y exportaciones de bienes y servicios. Ni ningún otro impuesto, ni pago de permisos, licencias, pagos anticipados, retenciones en la fuente, exigencias de solvencia etc. Será un impuesto único pagado a la tesorería nacional. El Estado después redistribuirá a los municipios y a las instituciones.

El sistema de auditorías a las empresas debe ser posterior a que la agencia recaudadora pida explicaciones sobe cualquier duda que le genere el actuar de la empresa y deberá programarse de común acuerdo entre las partes.

El poder judicial debe tener un área especializada en los temas fiscales empresariales. La ley fiscal debe contemplar mecanismos para que el Estado recupere, una vez que haya sentencia definitiva, de forma expedita impuestos evadidos. Las sanciones deben abarcar a todos los involucrados en la evasión y con sanciones hasta de privación de la libertad. Hay que entender que evadir impuestos en esas nuevas condiciones, es robar a los ciudadanos su presente y su futuro. Todos los procesos de cobros por la vía judicial deben ser públicos.

Una vez pagados los impuestos por las empresas, no debe existir ningún tipo de impuesto, ni restricciones, ni reportes para el pago de dividendos. La repatriación de las utilidades y capitales deben ser libres de impuestos y sin ningún requisito ni informe.

Es imprescindible que el marco macroeconómico permita a las empresas competir en el ámbito internacional. Para ello se debe tener costos de los combustibles 5 por ciento menos que el resto de la región. Energía disponible de forma permanente y a un costo de un 5 por ciento menor que la región. Los salarios deben ser totalmente libres eliminando la ley del salario mínimo y cualquier otra ley que afecte la libre contratación, dejando al mercado la regulación de las relaciones entre empleado y empleador. Los costos del INSS y las prestaciones laborales deben ser las más bajas de la región.

En necesario modificar la ley de bancos y otras instituciones financieras a fin de quitar cargas que impiden a las instituciones financieras, ofrecer tasas de interés iguales a las de los Estados Unidos. Asimismo eliminar otras leyes que dificultan que las empresas consigan financiamientos internacionales. También será importante eliminar la enorme cantidad de leyes regulatorias que impiden la libertad empresarial.

Estos aspectos macroeconómicos no son una carta al Niño Dios. Hay que entender que después de eliminar a la narcodictadura comunista de Ortega, el país tendrá un lastre muy difícil para iniciar su despegue económico y las empresas requerirán condiciones especiales para potenciar sus recursos.

El camino de la prosperidad para todos está lleno de espinas, pero también de las rosas más lindas y fragantes.

El autor es empresario, excarcelado, confiscado y exiliado.

Opinión
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