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De las cosas más difíciles para Elvin Espinoza como peleador es que no puede comer fritanga siempre que se antoja. Le encanta la comida nicaragüense, pero su estricto entrenamiento y el cuidado de su alimentación lo obligan a no consumir muchas comidas grasosas tan seguido, pues debe mantenerse en forma por su oficio de luchador profesional de artes marciales mixtas.
Este año, Espinoza está peleando en la Liga de Luchadores Profesionales (PFL, por sus siglas en inglés). Su último combarte fue el 16 de agosto contra Mads Burnell, en el cual perdió por decisión unánime. Esta es la segunda derrota de su carrera, pues a sus 31 años tiene 10 victorias, cuatro por nocaut, cuatro por sumisión y dos más por decisión.
Esa derrota fue dura para Espinoza, pues si lograba ganar esa y una pelea más, podría haberse coronado como campeón mundial de peso ligero de la PFL este año. Sin embargo, espera reponerse para intentar ser campeón en 2025. “Quiero ser el primer nicaragüense en ganar un título mundial en artes marciales”, dice, y asegura sentirse orgulloso de ser nicaragüense.

“Me encanta mi país, toda la gente, la comida, la cultura. Mucha gente me llama feliz de que estoy representándolos a ellos”, señala. Por ahora dice que no piensa en el retiro y está enfocado en entrenar para lograr su sueño de ser campeón mundial.
Para lograrlo sigue una estricta rutina de entrenamiento que empieza todos los días a las 6:00 de la mañana y, después de un breve descanso, hace una segunda sesión a las 10:00. A veces, cuando siente que tiene mucha energía, entrena por tercera vez en las noches.
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También cuida mucho su alimentación para mantenerse en los 70 kilogramos, que es la categoría en la que pelea y por eso sufre cuando pasa mucho tiempo sin poder comer fritanga. “Mi esposa es cubana y a ella le gusta el gallopinto, pero yo no puedo comer mucho”, cuenta entre risas.

Beisbolista antes que luchador
Elvin Espinoza nació en Miami el 2 de febrero de 1993. Es hijo del diriambino Ricardo Espinoza y de la leonesa Maritza Espinoza. Sus padres son migrantes nicaragüenses que se conocieron en Estados Unidos a inicios de los noventa y formaron una familia.
Elvin creció en Sweetwater rodeado de cientos de nicaragüenses que viven en ese poblado, al cual le llaman “la pequeña Nicaragua” por la cantidad de nicas que se encuentran asentados en esa zona.
Antes de ser luchador, Espinoza soñaba con otro deporte. “Siempre quise jugar beisbol profesional”, dice. Desde que tenía 5 años, sus padres lo llevaban a Nicaragua para visitar al resto de sus familiares, pero también para que aprendiera el español y jugara beisbol con otros niños. En León, con la familia de su madre, Espinoza entró a un equipo juvenil y por varios años jugaba torneos con ellos, principalmente en vacaciones.
A Espinoza se le daba jugar en tercera base y como campo corto. También dice que tenía habilidad para batear, sin embargo, tuvo que dejar de practicar el beisbol a los 14 años después de un accidente de tránsito que sufrió en la carretera que va de Managua a Diriamba, cuando se dirigía a visitar a familiares de su padre.
Producto del accidente se dislocó la rótula del hombro izquierdo y estuvo varios meses sin poder movilizarlo. Aunque recibió terapia, el hombro no le quedó igual y sentía que no podía jugar bien al beisbol. Eso lo desanimó y se retiró durante unos años del deporte.

Mientras tanto, Espinoza terminó su secundaria en Miami, y fue para entonces que le empezaron a llamar la atención las artes marciales mixtas. Sus padres no lo dejaban practicar este deporte, ni siquiera el boxeo, porque decían que era demasiado violento y sangriento.
A los 18 años, cuando ya era mayor de edad, Espinoza se animó a aprender artes marciales y se anotó en el equipo de lucha de su escuela. Después, a los 19 años, aprendió jiujitsu y boxeo a la vez. Para entonces ya había entrado a la universidad y decidió estudiar Terapia Física en la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés).
Mientras estudiaba, Espinoza debutó como amateur en las artes marciales y cuenta que en su primer año ganó un campeonato mundial en ese nivel. Desde entonces, él se propuso ser campeón mundial profesional, pero tuvo que hacer una pausa en su carrera debido a un tumor que debió extirparse de emergencia.
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Un lunar verde
Elvin Espinoza nació con un lunar de color verde en su pecho. Ni él ni su familia le prestó atención porque parecía ser inofensivo, hasta que con el tiempo fue empezando a crecer y a expandirse por su pecho.
A los 23 años, Espinoza fue a chequearse con un médico ese extraño lunar y el doctor le recomendó extirparlo cuanto antes porque podía seguir creciendo hasta volverse cancerígeno. El joven pausó sus entrenamientos como luchador y decidió operarse, y desde entonces no ha vuelto a tener ningún problema de ese tipo. En muchas de sus fotos y durante los videos de sus peleas, se nota la cicatriz en el pecho que le dejó la cirugía.

Espinoza estuvo casi un año sin entrenar mientras se recuperaba. Cuando regresó a pelear ya estaba cerca de cumplir los 25 años y todavía no había podido subir al nivel profesional, así que hizo una pelea más como amateur, la cual ganó por nocaut y rápidamente fue considerado para subir de nivel. Desde entonces pelea como profesional en la PFL.
Las artes marciales han llevado a Espinoza a pelear en los escenarios más grandes del mundo, dice, desde Las Vegas y México, hasta en el Madison Square Garden de Nueva York. Ya tiene seis años peleando como profesional y aunque no ha podido conseguir un título, dice que ha estado muy cerca de alcanzarlo. “Eso toma tiempo porque estoy en grandes ligas”, señala.
Tiene cinta negra en jiujitsu y ya ha ganado varios torneos en ese deporte. Además, es instructor y da clases de artes marciales.

Todavía no piensa en el retiro. “No te puedo decir cuándo voy a parar. Todavía me quedan muchos años”, comenta, pero sí sabe que le gustaría tener su propio gimnasio para entrenar a niños y personas que les gusten las artes marciales.
Además de ser campeón mundial, dice que otro sueño por cumplir es pelear en Nicaragua y le sorprende que sea donde vaya, siempre hay nicas apoyándolo con sus banderas azul y blanco. “Hace poco peleé en Texas y miré muchas banderas nicaragüenses y cuando terminó la pelea muchos vinieron donde mí y me dijeron que solo llegaron porque yo estaba peleando, que no sabían nada de arte marciales, pero que llegaron para apoyarme por ser nicaragüense”.
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