La elección de presidente en Estados Unidos es algo que afectará tanto la suerte de sus habitantes como la del mundo entero. Es pues sumamente importante tomar conciencia de las consecuencias que pueden derivarse de elegir uno u otro candidato. La mejor manera de predecirlas es examinar su récord y luego sus principios políticos y los de su partido.
En el caso de Trump lo primero es fácil pues tiene una conocida trayectoria empresarial y ya gobernó. Dice la canción New York New York que quien lo logra en ella lo logra en cualquier parte (if you can make it here you can make it anywhere) Trump triunfó en ella amasando billones. Aunque su personalidad sufre de matices desagradables, ha demostrado ser una fiera y un gran negociador, cualidades relevantes para gerenciar la empresa más grande y compleja del mundo como es Estados Unidos.
Bajo su mandato creció notablemente la economía y los salarios reales, logró la autosuficiencia energética, y mantuvo contenida la inmigración ilegal. En política exterior derrotó a ISIS, firmó los Acuerdos Abraham de paz entre cuatro países árabes e Israel, frenó a Irán tras sancionar y matar a Soleimani, y mejoró los flojos tratados de libre comercio del país pactados por las pasadas administraciones.
Kamala Harris no ha tenido mayor fogueo gerencial. Fue fiscal en California, senadora y vicepresidente. (Su vice Walz ha sido maestro de escuela, coach de futbol y militar). Como vicepresidente sus responsabilidades ejecutivas eran limitadas, por lo que no pueden atribuírsele los fallos de Biden. Tuvo sin embargo una asignación preponderante en que su gestión fue un desastre: enfrentar la crisis migratoria en la frontera sur. Continuó indetenible la invasión sin precedentes de más de cinco millones de ilegales y su propuesta de resolver la crisis “yendo a la raíz del problema” expresó su grave desconocimiento de las complejidades de Centroamérica. ¿Cuántos años, sino décadas, tomaría resolver su crónica pobreza y corrupción?
Ayuda a prever mejor el desempeño del ticket demócrata conocer sus principios y las políticas que han favorecido. Filosóficamente Harris está a la izquierda del partido demócrata, lo cual es decir bastante (Walz aún más) Su padre es marxista, lo que probablemente la ha influido. Kamala es anti business (anti empresarial) y ferviente partidaria de subir los impuestos para distribuir a los pobres; desde guarderías infantil hasta Medicare (asistencia médica) gratuita para todos. Son las típicas propuestas izquierdistas que atraen votos pero que ha arruinado a países otrora prósperos —como Argentina— pues desincentivan las inversiones, crean inflación, endeudan el país y dejan al final más pobres a los pobres.
Hoy Medicare y Medicaid, que solo cubren a los mayores, representan el 24 por ciento del presupuesto federal. Imagínese lo que subiría si cubriera a todos los habitantes. En su generosidad a expensas de los contribuyentes, quieren otorgar también los beneficios de la seguridad social a los inmigrantes ilegales. Lo ha hecho Waltz en Minnesota con 81,000 de ellos. También se oponen al fracking y la ampliación de la explotación petrolera, con la cual Trump hizo autosuficiente a EE. UU., y favorecen seguir subsidiando con trillones los vehículos eléctricos.
Hay un rubro, sin embargo, en el que no les gusta gastar a los demócratas: defensa. Representa el 13 por ciento del gasto y Biden no quiso incrementarlo a pesar de la amenazante peligrosidad del mundo. Parte del ADN de su partido es pensar que el apaciguamiento, y no la fuerza, es la mejor herramienta para la paz. Poco después del ataque de Hamás Biden descongeló a Irán 10 billones de dólares trabados por las sanciones. Antes le había otorgado 5 a cambio de la liberación de 5 rehenes. Su alegato fue que dichos fondos sólo podrían gastarse en ayuda humanitaria, como si el dinero no fuese fungible y permitiese mayor holgura al presupuesto del archienemigo. Similar largueza ha tenido para Maduro.
Que se olviden los patriotas que aspiran a un cambio en Venezuela, Nicaragua o Cuba, de que los actuales candidatos demócratas hagan algo significativo contra sus dictaduras. Harán declaraciones, algunas sanciones lite, pero jamás tendrán la firmeza requerida para tambalearlas.
Finalmente, otra política que comparten Harris y Walz, es su apoyo irrestricto del aborto hasta el noveno mes, aun cuando la mayoría no está de acuerdo en que se practique después del tercero. Esto significa que aprueban desmembrar bebés ya viables y maduros. Suena repugnante porque lo es; algo que por sí solo debería inclinar la balanza para cualquier persona con un mínimo de sensibilidad y respeto por la sacralidad de la vida humana. ¿Habrá suficientes?
El autor es sociólogo e historiador. Fue ministro de Educación de Nicaragua.