Paramilitares encapuchados, portando fusiles de guerra AK-47, recorren las calles de Masaya en una camioneta Hilux, la cual estaba adornada con una bandera roja y negra y con el emblema de la juventud Sandinista (JS), el 18 de julio de 2018, después de haber masacrado a la población de esta ciudad durante la temible Operación Limpieza. LA PRENSA/ ARCHIVO/ AFP

Operación Limpieza: 145 muertos que Murillo quiere que no recuerdes

Víctimas de represión repudian campaña "julio victorioso", ordenada por Rosario Murillo. "Pretenden tapar lo que hicieron", advierte Dulce Porras

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Ocho años después del despeje violento de las barricadas en 2018, la operación letal del orteguismo contra la población desarrollado durante 38 días, aquellas horas de represión y muerte se quedaron en la memoria de la opositora caraceña Dulce Porras. Desnacionalizada y exiliada por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, ella cuenta un testimonio que persigue evitar el olvido.

El domingo ocho de julio de aquel año, 2,000 hombres armados atacaron durante tres días de manera coordinada el departamento de Carazo. Se contabilizaron al menos 22 muertos. Ese dolor acompaña a Porras. Tajante, ella rechaza la campaña oficialista «julio victorioso». Con ese nombre, la dictadura echó a andar una serie de actividades en el marco de la conmemoración del aniversario 47 de la revolución sandinista.

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«El objetivo es tapar la barbarie que ellos cometieron contra el pueblo, o el departamento de Carazo y Masaya, que fueron fuimos prácticamente y hemos sido los más sufridos», dice Porras. Ella perdió un hermano en la lucha contra el somocismo. Terminó perseguida por Ortega y Murillo, los dictadores de Nicaragua.

La persecución contra los caraceños

Porras es jinotepina y directiva de la Unión Democrática Renovadora (UNAMOS). Ha sido perseguida por la dictadura. Los caraceños han sido un objetivo preciso. Los casos más conocidos son los de Joao Maldonado y Nadia Robleto, quienes sobrevivieron a dos atentados en Costa Rica. También el mayor en retiro Roberto Samcam era de la misma región. El exmilitar fue asesinado en junio de 2025 en su apartamento en San José.

La «operación limpieza» dejó 145 muertos, según la OEA, aunque otros organismos elevan la cifra a 200. Se le llamó conceptualmente a una serie de operativos militares desarrollados en varias partes del país con un alto nivel de organización. Ocurrieron entre mediados de junio y el 23 de julio de 2018.

Se utilizó «armamento sustanciales» y se implementaron «tácticas especializadas», explicó el grupo de expertos en derechos humanos de Naciones Unidas (GHREN). Entre los más violentos se citan el de Carazo durante el 8 de julio, el de la Iglesia Divina Misericordia el 13 de julio en Managua, a Masaya el 17 de julio y seis días después Jinotega.

Los ataques del orteguismo fueron durante la madrugada o la noche. Antes hubo corte de electricidad y servicios de telefonía. La operación limpieza impactó significativamente en la protesta social. La última manifestación se realizó el 23 de septiembre y cinco días después la Policía declaró las manifestaciones públicas ilegales, afirmó el informe del GHREN el 24 de noviembre de 2023.

«Es la sinvergüenzada más grande que están haciendo usando a los muertos (en la época del somocismo). Cuando a muchos familiares de esos muertos los tienen en la cárcel, los han perseguido y les han hecho horrores. A mi hermano, a Freddy, al final lo metieron a la cárcel solo por ser mi hermano. Al final igual fuimos víctimas también de la dictadura de Ortega y Murillo. Con esa narrativa no tapan nada», insistió Porras.

¿Actividades son muestras de «alegría»?

La campaña estatal dio la bienvenida a «julio victorioso». El orteguismo dice que rinde homenaje a las gestas y a los héroes que condujeron al triunfo de la revolución popular sandinista en 1979.

Una nota en el oficialismo detalló que caravanas de carros, camionetas, motocicletas y caponeras recorrieron calles de Managua coreando consignas. Además de la red partidaria del FSLN, participan miembros de instituciones públicas como el Ministerio del Interior, incluidos policías y bomberos.

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Una imagen de los medios oficialistas, en la que puede apreciarse la participación de la Policía y miembros del Ministerio del Interior en la campaña estatal. Foto/Tomada de medios oficialistas

En general, las actividades partidarias son descritas por la dictadora Rosario Murillo como muestras de alegría, mientras las víctimas de 2018 no cuentan en el discurso oficial, solo para atacarlos y considerarlos traidores.

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«Este fin de semana tenemos 79,000 actividades en todo el país, conmemorando, celebrando, estos días que nos llevan a 47/19. Estamos ya practicando para todas las manifestaciones de alegría, de agradecimiento a Dios, y las manifestaciones que compartimos de tanto esfuerzo que hemos hecho en esta Nicaragua para seguir siendo libres, soberanos, independientes, y prósperos», aseveró la dictadora el viernes.

Por su parte, la Policía empezó a recordar en redes a sus fallecidos: 23 según los organismos internacionales. La propaganda dice que pasaron «a la inmortalidad» y ofrendaron su vida por la «paz y seguridad del pueblo nicaragüense.

Los organismos de derechos humanos documentaron las acciones represivas que uniformados y grupos paramilitares realizaron contra la población. Aún está presente en la memoria colectiva como los oficiales bailaron una canción, armados de fusiles, en cada pueblo que tomaban. El nombre era «el comandante se queda» en referencia a Ortega.

Datos de la «operación limpieza»

El discurso del orteguismo choca contra el testimonio de las víctimas de 2018 y, además, contra la información de los organismos internacionales. Por ejemplo, el Mecanismo Especial de Seguimiento para Nicaragua, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), tiene una página web. Ahí pueden consultarse los datos sobre el número de fallecidos entre el 18 de abril de 2018 y 31 de julio de 2019, cuando la OEA contabilizó 355 víctimas.

Si se reduce el período del 15 de junio a 23 de julio de 2018, cuando se dio la operación limpieza, cualquiera puede enterarse sobre la letalidad del operativo. Fueron asesinados 145 personas, es decir, al 41% de todas las víctimas documentadas hasta julio de 2019.

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Estos son los datos principales, recopilados por el MESENI, sobre lo que ocurrió en el período de la «operación limpieza». Foto/LA PRENSA/Captura realizada en sitio web oficial

En esos 38 días de terror, las muertes se concentraron en Managua (38), Masaya (27), Carazo (24), León (11), Matagalpa (17), Jinotega (7), Río San Juan (7), Chontales (6), entre otros. Del total de fallecidos, una docena fueron menores de edad.

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En esta otra parte del gráfico puede verse que el número de asesinados por grupo de edad y género. Foto/LA PRENSA/Captura de sitio oficial del MESENI

Retórica oficialista vs. acciones represivas

Para el abogado experto en derechos humanos, Uriel Pineda, mantener símbolos como el derrocamiento de la dictadura de Somoza es parte de la estrategia de los Ortega Murillo.

«Con sus acciones represivas simplemente han creado una gran contradicción con la lucha que presumen haber encabezado. Hoy en Nicaragua el sandinismo no solo representa un movimiento político que derrocó una dictadura, sino también la nueva dictadura que suprime y reprime las libertades públicas», explicó Pineda. Para él, el discurso estatal es ineficaz.

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El abogado de derechos humanos, Uriel Pineda. Foto/LA PRENSA/ARCHIVO

Según el GHREN, la represión tenía una cadena de mando integrada por 54 funcionarios. A la cabeza están por Ortega y Murillo. Ella, incluso, fue señalada como quien dio la orden de «vamos con todo» por exmiembros del FSLN.

En esa lista está un personaje considerado como el principal ejecutor de la operación limpieza: el comisionado general Ramón Avellán. A él, Ortega lo llamó héroe públicamente. Durante los días del operativo sangriento, el jefe policial aseguró que cumplirían las órdenes «al costo que sea» de despejar las barricadas.

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El expreso político Yubrank Suazo, originario de Masaya y exvocero en ese departamento del Movimiento 19 de Abril, recordó el 4 de julio en sus redes sociales que han pasado ocho años desde que destruyeron su casa y el taller de hamacas con que su familia se había ganado la vida durante más de 50 años.

«Producíamos hamacas. Éramos referencia tanto a nivel nacional como internacional con premios la Ceiba de Oro, o la mejor hamaca del mundo en 2006. Esto fue el precio que tuve que pagar en alguna medida por haber optado por estar en el lado correcto de la historia. Fue sumamente doloroso. Se perdía el lugar donde nací, nacieron mis hermanos. Era el punto donde nos reuníamos como familia para celebrar momentos especiales como los cumpleaños, el día del padre y la madre», recordó Suazo.

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El opositor Yubrank Suazo es uno de los 222 presos políticos que el régimen desterró a Estados Unidos. Foto/Cortesía

Suazo fue testigo también de la operación limpieza en Masaya y del dolor de las madres cuando ellas, si era el caso, recibían un ataúd para enterrar a sus hijos. El operativo militar de la dictadura fue nefasto para él.

«Aquel Monimbó que acogió durante años a Daniel Ortega como uno de los suyos en cada conmemoración del histórico repliegue táctico a Masaya, fue traicionado, reprimido y ensangrentado», afirmó el opositor.

«Los nombres de estos masayas no se olvidan. Viven en la memoria de un pueblo que lucha por su libertad; y aunque actualmente la maquinaria propagandista de la dictadura orteguista pretenda mostrar una participación masiva en las actividades conmemorativas de la revolución, estos carecen un genuino respaldo popular«, reflexionó.

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