Pablo Rodríguez tuvo un amargo debut con la Selección Nacional. El sueño del defensor nacido en Costa Rica de padres nicaragüenses se hizo realidad después de seis años de lucha. Ingresó en la segunda parte con el desafío igualado y le costó agarrar el ritmo del partido al joven lateral izquierdo, que no podrá olvidar el duelo por la expulsión por doble amonestación, una tarjeta roja que para el seleccionador Marco Antonio Figueroa nunca debió mostrar el árbitro.
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«Hoy gracias al cuerpo arbitral no nos llevamos el triunfo porque fue muy disparejo, pero aún así hicimos un gran partido. Hay jugadores que pasan por un buen momento, otros todavía les cuesta mucho engancharlos en los partidos», remarcó el Fantasma Figueroa en la pequeña sala de prensa del estadio Paypal Park de San José, California. «Me voy tranquilo con el futbol que hicieron los muchachos, con la claridad con la que ven el futbol, pero no tanto con el resultado», afirmó.
El Fantasma Figueroa insistió que les afectó al arbitraje porque no tuvo un criterio unánime para discriminar las jugadas. «El otro penalti que no nos marcó, una mano clara que todo el estadio la miró. Las tarjetas amarillas para nosotros, las barridas nuestras eran tarjetas, las de ellos no, esa fue mi pelea con el cuarto árbitro, le pedí que emparejara el partido, era un amistoso de dos selecciones importantes. Lo primero que quería era echar a alguien y nuestro. A Pablo le saca una tarjeta amarilla de risa, porque se cae cuando se barre y la segunda estaba correcta. Hay situaciones en la que los técnicos no podemos meter la mano», indicó.