Gallina que come huevo…

A la memoria de mi rector magnífico, Carlos Tünnermann Bernheim

Vuelvo a comentar los escritos de Humberto Belli Pereira sobre Sandino. Lo hago porque en un momento como el actual, cuando el pensamiento crítico ha tocado fondo en nuestro país, los que escribimos en medios de comunicación masiva, como LA PRENSA, debemos hacer un esfuerzo para evitar contribuir al deterioro de la capacidad de razonamiento de quienes nos leen. Errar es humano (¡lo sé yo!) pero persistir caprichosamente en el error y seguir contribuyendo al desorden mental que prevalece en nuestro país, es inadmisible. Por esta razón, voy a seguir señalando, con fines didácticos, algunos de los errores de lógica —falacias— en los que él cae Belli Pereira en sus últimas dos entregas sobre Sandino (Ver LA PRENSA, 18/03/24; 25/03/24).

La falacia del señuelo rojo

Esta conocida falacia consiste en “hacerse el loco” frente a una crítica, ofreciendo como respuesta un “trapo rojo”, para desviar la atención de la audiencia, en este caso los lectores de LA PRENSA. En su no-respuesta a los argumentos de mi artículo del 21/03/24, Belli Pereira trata de desviar la atención de sus lectores, victimizándose, es decir, sugiriendo que lo que me mueve a señalar sus desaciertos, es la “ira” que en mí supuestamente produce el que él haya criticado a Sandino. Dice, además, que lo acusé de “falaz” (“embustero”, de acuerdo a la RAE) cuando, en realidad, lo que yo critico son las falacias que sistemáticamente emplea en sus escritos (25/03/24). Yo no sé si Humberto es “falaz” porque ese es un adjetivo de personalidad y yo no lo conozco lo suficientemente bien como para tipificarlo.

Al declararse víctima de un “ataque personal” Humberto se declara ofendido e insiste en asegurar que el uso de puntos suspensivos “es algo normal” en situaciones en que ese signo de puntuación modifica el sentido de lo citado (25/03/24). Yo le pido a los lectores de LA PRENSA que no me crean a mí o a Humberto. Consulten las pautas de escritura generalmente aceptadas y encontrarán cosas como estas:

  • “Al escoger el texto a citar, debemos tener cuidado en no alterar el significado de la fuente original” (Ver: “Las citas textuales…”. https://www.uasb.edu.ec/casa-andina).
  • “Debes tener mucho cuidado de no influir en el significado de una cita cuando reemplaces un texto por puntos suspensivos. Solo úsalos para acortar una cita si una sección es redundante o no cambia el significado”. (Ver: “Cómo usar puntos suspensivos…”. https://es.wikihow.com/usar-puntos-suspensivos-correctamente).
  •  “La elipsis (puntos suspensivos) consiste en la omisión de una palabra [o palabras] no necesaria para el sentido de la oración”. (Ver: Alejo Roa Bleck, Gramática Castellana, 1984, 172).

El problema del que hablamos es tan básico que, si no existieran estas normas, el sentido común nos diría que es deshonroso e incorrecto citar a alguien modificando el sentido de lo que esa persona dijo. Esto es aún más obvio cuando se intenta evaluar la personalidad, pensamiento y acciones de un personaje histórico tan complejo como Sandino.

¿Errores voluntarios o desconocimiento auténtico?

En mi artículo del 21/03/24, mostré que el texto original que Belli Pereira mutiló en su escrito del 11/03/24, modifica el significado de las palabras de Sandino. Más concretamente, las palabras que él amputa humanizan al luchador nicaragüense, algo que el exministro de Educación pareciera querer evitar a toda costa. En su escrito del 25/03/24, Humberto vuelve a las andanzas, cuando nuevamente distorsiona el sentido de una cita de Sandino para mostrarlo como un hombre “prepotente” y sediento de poder. Veamos la manipulación que hace Belli Pereira para construir un Sandino “espantapájaros”. Escribe Belli:

El 16 de febrero de 1934 [Sandino] llegó a Managua para exigirle con prepotencia a Sacasa, más armas y municiones. Un reportero de La Prensa le preguntó: “General, ¿no cree que la Guardia está en la obligación de velar porque no haya dos estados dentro de uno solo?”  Su respuesta “Toda vez que las cosas en el país estén normalizadas, sí señor. Pero el caso es que aquí no hay dos sino tres Estados: la fuerza del Presidente de la República, la de la Guardia Nacional, y la mía… (Belli Pereira, 25/03/24).

Puesto de esta forma, las palabras de Sandino suenan “prepotentes”. Pero, leamos ahora la respuesta completa que ofrece Sandino a su entrevistador. Cruzo con una raya lo que Belli Pereira mutila:

“Toda vez que las cosas en el país estén normalizadas, sí señor. Pero el caso es que aquí no hay dos sino tres Estados: la fuerza del Presidente de la República, la de la Guardia Nacional, y la mía.  La Guardia no obedece al Presidente; nosotros no obedecemos a la Guardia, porque no es legal, y así vamos unos a otros” (Ver Fabrice Le Lous, “La noche que mataron a Sandino”, LA PRENSA, 19/02/17; Rafael Cuevas Molina, Sandino y la intelectualidad costarricense, 2008, 88).

Si leemos la respuesta completa de Sandino, encontramos que él explica por qué en Nicaragua funcionaban tres estados y no uno, ni dos. Con esta explicación, Sandino, a quien Belli, llama un “iletrado” que “sabía leer y escribir pero no pasó de ahí”, intuitivamente se apoya en la clásica definición weberiana del concepto de Estado, como una entidad que monopoliza el uso de la fuerza dentro de un territorio (Belli Pereira, La Prensa, 20/02/24). En 1934, cuando Sandino ofreció la entrevista que cita Belli, ni Somoza, ni Sacasa, ni Sandino, monopolizaban “la fuerza” dentro del territorio nacional. Así, la respuesta de Sandino no es “prepotente” sino perfectamente lógica y apegada a la realidad de Nicaragua en ese año.

En su artículo del 18/03/24 Belli reincide también en el uso de la falacia del anacronismo cuando presenta a Sandino como un “desequilibrado” que decía cosas “divertidas” sobre “la electricidad” como “la fuerza omnipotente de todo lo creado”. Más aún, caricaturiza a Sandino diciendo que el segoviano “tenía (sic) elementos de espiritismo, reencarnación, teosofía y milenarismo”.

Ninguna de las corrientes de pensamiento y creencias que menciona Belli Pereira son “divertidas”, ni los prosélitos de las mismas eran “desequilibrados” con mentes “calenturientas”. En los tiempos de Sandino, nos dice el profesor Wenceslao Amezcua, de la Universidad de Mount Saint Vincent, “Latinoamérica experimentó una efervescencia de corrientes místico-esotéricas, inspiradas por los movimientos antroposóficos y teosóficos de la Europa de la Primera Guerra, que exigían una renovación espiritual y que se extendió a campos sociales como la pedagogía, la cultura, la agricultura o la medicina”. No es “divertido” ni sacado del pelo, pues, que Sandino —y mucha gente como él— haya formado parte de la “efervescencia de corrientes místico-esotéricas” de la que nos habla Amezcua. Debemos saber que, por ejemplo, la teosofía que atrajo a Sandino, también atrajo a luminarias como Gabriela Mistral, José Martí y nuestro propio Rubén Darío, todos vistos como “desequilibrados” desde el imaginario pedestal desde donde Belli pontifica y desde donde olvida que, cuando de creencias místicas y religiosas se trata, no hay que escupir al cielo. Tan “divertido” y “calenturiento” puede ser para Belli que el segoviano haya creído en el “magnetismo”, como risible pueden aparecer, para alguien que opera fuera de la cosmovisión del catolicismo romano, el dogma de la ascensión de María “en cuerpo y alma a los cielos”, o los milagros que se le atribuyen a la Virgen de Cuapa o a José María Escrivá.

Moraleja: Como señala C. Wright Mills en su libro clásico La Imaginación Sociológica, y como hoy es ampliamente aceptado en las ciencias sociales, para valorar adecuadamente el pensamiento y las actuaciones de los personajes que estudia el sociólogo, este tiene la obligación de ubicarlos dentro de la cosmovisión y el contexto histórico-espacial en el que ellos operan, para no caer en la falacia del anacronismo.

Sandino: la fuerza de un símbolo

Sandino es y seguirá siendo un símbolo político en Nicaragua y América Latina porque los símbolos, nos dice la profesora Rozann Rothmam, “son manifestaciones de la profunda necesidad humana de ordenar lo que Henry James llamó ‘la rica y atronadora confusión’ de la experiencia”. El mérito de Carlos Fonseca Amador, explica el historiador social Steven Palmer, fue entender esta verdad y usarla para “elaborar un sistema de opuestos dialécticos convincentes entre los símbolos de Sandino y Somoza: el bien contra el mal, la honestidad contra la traición, el heroísmo contra la cobardía, el nacionalismo contra la dependencia, la libertad contra la dictadura, etc.” (Palmer, “Carlos Fonseca and the Construction of Sandinismo in Nicaragua”, Latin American Research Review, 1988, 104). De estos opuestos dialécticos están construidos los mitos que en el lenguaje culto de la filosofía y las ciencias sociales se entienden como medios para “penetrar con la imaginación en territorios en los que no se puede penetrar con la razón”. 

Un mito, pues, no es una mentira. Un mito es la construcción idealizada de una verdad. En el caso de Sandino, su mitologización se nutre de la verdad de su heroísmo. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, otro héroe nacional y otro símbolo de las aspiraciones más profundas de nuestro pueblo, pudo apreciar lo que Sandino representa. Lo dijo con todas las letras: “Dígase lo que se quiera de él, Sandino es el más grande héroe de nuestra Patria en los tiempos modernos y su memoria debe de ser guardada con cariño en el corazón de todo nicaragüense. Sandino representa la rebeldía de un pueblo y su gesta gloriosa en las montañas de las Segovias, ha dado a Nicaragua nombre y prestigio en el mundo entero” (PJChC, La Patria de Pedro, 1970, 160). A renglón seguido, Pedro Joaquín despliega la inteligencia y el pensamiento complejo que se necesitan para navegar las aguas de la historia en las que repetidamente naufraga Humberto: “Es cierto que durante la guerra que condujo Sandino se cometieron errores e injusticias; pero en toda acción de esa naturaleza las hay y el bando contrario, es decir el representado por los interventores de Nicaragua, cometió también errores, injusticias y crímenes” (Ibid.). Con esta ponderada evaluación, PJChC honra el lema de LA PRENSA como un periódico “al servicio de la verdad y la justicia”.

Seamos, o por lo menos tratemos de ser, como Pedro.

El autor fue estudiante de la UNAN.

COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    Perez Baltodano está enamorado de Belli. Si admiras tanto a Sandino porque residís en Canada. Los discípulos del bandolero de Sandino estan gobernando Nicaragua. La verdad es que la generaciones que se criaron y vivieron durante la guerra de Sandino se alegraron cuando él fue eliminado sobre todo la gente de las Segovias. En cambio se entristecieron cuando los estadounidenses se retiraron porque eran muy buenos con la población civil. Los U.S. marinos regalaban comida, juguetes y ropa a la gente. Eso es lo que me relató un anciano que vivió en Estelí durante la guerra de Sandino.

  2. Hace 2 años

    Contundente. Mas claro no canta un gallo. Tremenda leccion de historia, idioma, redaccion, didactica,etc,etc, al iletrado ExMinistro de «Educacion» Humberto Belli, reconocido fanatico extremista politico/religioso.

  3. Hace 2 años

    Me quedo con el » Humberto vuelve a las andanzas»

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