El Sandino de Belli: una falacia múltiple

Tengo un amigo que, cada vez que comento los escritos de Humberto Belli Pereira, me escribe diciendo: “No perdás tu tiempo, Humberto no va a cambiar”. Mi amigo parte de una premisa equivocada: yo no trato de cambiar a Humberto ni de convencerlo de nada. Cuando critico lo que escribe lo hago pensando en los y las jóvenes que lo leen y que pueden tomar en serio sus elucubraciones. Lo critico, además, porque alguien que se arropa con la legitimidad que con tanto esfuerzo ha ganado la sociología y la historiografía no tiene derecho a dinamitar las normas más elementales de estas disciplinas; es decir, no tiene derecho a utilizar formas de argumentación espurias, como la adulteración de textos y la “falacia”.

Los tres artículos publicados por Belli Pereira con la intención expresa de demoler la imagen de Augusto César Sandino son un rico muestrario de distorsiones discursivas y falacias (ver Belli Pereira, 28/02/24; 04/03/24; 11/03/24). Por razones de espacio, me limito a señalar solo tres de ellas. Pero antes, le recuerdo a los lectores que, en las ciencias sociales, la “falacia” es una “forma de razonamiento incorrecto, que se puede cometer inocentemente o con la intención de manipular a los demás, dado que, aunque su lógica interna es errónea de todas formas puede resultar emocional o psicológicamente eficaz” (https://concepto.de/falacia/).

La falacia del muñeco de paja

Esta falacia consiste en construir una imagen distorsionada del personaje o de la realidad histórica que decimos analizar fabricando evidencias que apuntalan esa distorsión. En sus artículos, Belli construye la imagen de un Sandino que “amaba la guerra” y comandaba un ejército compuesto de “bandoleros despiadados que subsistían, como las maras, a través del terror, las contribuciones forzadas y el pillaje” (11/03/24). Belli construye ese “muñeco de paja” y luego gasta su tiempo y el de sus lectores dándole palos, fabricando “evidencias”, y olvidando que el objeto de las ciencias humanas es acercarnos a la verdad.

Veamos un ejemplo: En su entrega del 11/03/24, Belli nos hace leer una cita de Sandino que, mutilada por un uso “creativo” de los signos de puntuación, maximiza el impacto negativo que él busca tener en sus lectores/as, eliminando palabras o frases que puedan reducir ese impacto. Leamos lo que dice el texto original y la cita que Belli extrae de ese texto. Lo que aparece cruzado con una raya es lo que Belli elimina para armar la cita que nos hace leer. Con negrillas destaco la cita que publica Humberto:

Está bien, iremos a entregar las armas, pero han de quitárnoslas cuando hayamos muerto. Y los sesenta hombres de mi pequeño Ejército se alistaron para ser puntuales a la cita que nos daba Hatfield [el jefe de los marinos estadounidenses que ocupaban Ocotal]. Pero antes, y para demostrar que el invasor era incapaz de dar garantías, convoqué a los campesinos de la vecindad y les dije que fueran con mis soldados a tomar todo lo que quisieran en el Ocotal. El 16 del propio mes, dos díasdespués de recibida la nota insolente del capitancillo yanqui, ochocientos hombres estaban listos para el asalto al Ocotal. En esa plaza había cuatrocientos piratas y doscientos renegados nicaragüenses, al servicio de aquellos. Si bien éramos solo sesenta, con el numeroso grupo de campesinos desarmados, el enemigo se replegó. Avanzamos y quince horas seguidas duró el combate. Ocho ametralladoras que llevábamos sembraron la muerte en las filas enemigas. Tomamos el Ocotal; lo destrozamos. Los campesinos saquearon y devastaron. Los enemigos acabaron por refugiarse en una manzana de la ciudad, donde los tuvimos a raya. Ocupamos las alturas y les dominamos. Hubiéramos pegado fuego a toda la ciudad, así como dinamitamos los cuarteles y las casas de los conservadores que residen en el Ocotal; pero había muchos inocentes que hubieran sufrido las consecuencias. Entonces nos retiramos, pero llevando botín de guerra y la soberbia que nos da el triunfo (El Pensamiento Vivo de Sandino, Selección de Sergio Ramírez, 1980, 53; Emigdio Baraboto, 1929. Ver narración de este episodio en Gregorio Selser, Sandino: General de Hombres Libres, 1984, 108-9).

Hay un proverbio que dice que “una verdad a medias es una mentira completa”. Es cierto que Sandino citó a “los campesinos de la vecindad” y los invitó a saquear Ocotal como parte de su estrategia para crear confusión en los enemigos y compensar su desventaja numérica frente a las tropas yanquis y aliados. Usted, lector/a, puede estar de acuerdo o en desacuerdo con esa estrategia. Pero antes de hacer esa evaluación usted tiene derecho a conocer lo que dijo Sandino, su razonamiento e intenciones, sin que un “creativo” uso de los signos de puntuación lo empuje a pensar de determinada manera. Es cierto que la abreviación de los textos que citamos cuando escribimos es, con frecuencia, necesario. Pero las reglas son claras: nunca se debe cortar el final de una frase o usar la elipsis en medio de una cita si eso distorsiona el sentido del texto-fuente. En el texto original, mutilado por Belli, Sandino aparece como un líder preocupado de no causarle daños a los “muchos inocentes” residentes de Ocotal. Esto, claramente, no apoya la intención de Belli de demoler la “leyenda” de Sandino (26/02/24). Entonces, nuestro muy sui géneris sociólogo, campantemente elimina esa parte del texto.

En su entrega del 11/03/24, Belli refuerza el espantapájaros de Sandino, contrastándolo con la imagen sublimada de un George Washington cuyo ejemplo, nos dice,opera como “una norma de la democracia norteamericana”. Frente a este Washington depurado de sus lacras, Belli ofrece el contraste de un Sandino “villano”, “totalitario”, “violento” e “intolerante” (18/03/24) que se hace acompañar de sádicos como Pedrón (11/03/24).

Belli ignora que “no hay que creer en santos que orinan”. El verdadero Washington, para mencionar algunas de sus fallas, fue un esclavista que, de acuerdo con algunos historiadores, usaba una dentadura postiza formada por dientes extraídos de sus esclavos y otros materiales. Más aún, en el Ejército Continental que comandaba Washington contra los ingleses, también militaban “Pedrones” como, por ejemplo, Francis Marion, presentado como impoluto por el insufrible fanático católico Mel Gibson en su película El Patriota. Marion no solo ha sido señalado como un torturador de prisioneros ingleses, sino también como “un violador que cazaba indios [Cherokees] para divertirse” (The Guardian, 15/06/2000; Hugh Bicheno, Rebels and Redcots, 2004).

Como se puede ver, la valoración de figuras históricas, como Sandino y Washington, es una tarea compleja que no puede hacerse mediante enfoques maniqueos que sirven para presentar la intervención estadounidense en Nicaragua como un acto de benevolencia yanque, a Sandino como la encarnación del demonio, a George Washington como una figura celestial y otras chorradas. La sociología nos enseña a abrazar las arrugas de las complejidades de la historia, no a “plancharlas”.

La falacia de la sobre-simplificación causal

Se comete esta falacia cuando un fenómeno complejo, como el pensamiento y la actuación política de una figura de la trascendencia de Sandino, se trivializa y explica como productos de una causa que, como dijimos antes, puede “resultar emocional o psicológicamente eficaz”, porque el reduccionismo ofrece respuestas fáciles, aunque erróneas, a preguntas complicadas. El razonamiento de Belli es falaz porque para evaluar el complejo fenómeno de Sandino, evita hacer un análisis serio de la intrincada naturaleza del intervencionismo estadounidense durante el siglo pasado, así como de las respuestas que este generó en América Latina. Belli salta sobre toda esta problemática para babosearnos con el cuento de que todo lo que dijo e hizo Sandino tuvo como causa el “odio visceral” que el segoviano guardaba contra Adolfo Díaz y su “resentimiento” contra José María Moncada (26/02/24).

Con este tipo de “explicaciones” ya podríamos prescindir de la sociología y del resto de las ciencias sociales porque la haragana explicación del “odio” puede crear la ilusión de ser una respuesta al porqué de cualquier confrontación o conflicto, desde la pedrada de David contra Goliat hasta la invasión de Rusia a Ucrania, pasando por la otra pedrada de Andrés Castro, las guerras de independencia de América Latina contra España, las dos guerras mundiales, Gaza, y un larguísimo etcétera.

Coincidencia o no, el uso de la falacia del “odio” para explicar la gesta de Sandino la utilizó Anastasio Somoza García en el libro de su supuesta autoría, Sandino o el calvario de las Segovias (1976). Para el Tacho fundador de la dinastía somocista, la lucha del héroe nacional fue un “asunto personal”: el segoviano “vivía obsesionado por la idea de sustituir” a Moncada. Punto final. ¡Muera la complejidad! (Somoza García, Ibid.,108;121).

Termino este apartado con una aclaración: las emociones pueden ayudar a explicar los fenómenos históricos cuando son analizadas con seriedad y, más concretamente, a partir de sus raíces socio-materiales. Puesto de otra forma, las emociones, como el “odio” y el “resentimiento”, no son autocontenidas. Son producidas por algo. Ese “algo” es el asunto que debe ser elucidado, como lo exigen las ciencias sociales, las ciencias de la mente, la fenomenología y otras disciplinas. Estudiadas con responsabilidad, las emociones pueden entenderse, como lo explica el filósofo mexicano Roberto Israel Rodríguez Soriano, como “la potencialidad de una demanda ética [y] una exigencia de justicia [para] cimentar las bases para el surgimiento de una forma de convivencia basada en el cumplimiento de esa justicia”.

La falacia del anacronismo

Se comete esta falacia cuando los hechos de una época pasada se juzgan mediante principios éticos y sensibilidades que corresponden a la época desde la que opera quien escribe sobre esos hechos. A Belli, por ejemplo, le espanta —y quiere que nos espante— la insignia de Sandino,en la que aparece “un hombre decapitando a un marino a machete” (11/03/24). Pero esa sensibilidad encierra una valoración anacrónica porque corresponde a una época —la presente— en la que hemos aprendido a “lavar” el espectáculo de la sangre y la violencia mediante, por ejemplo, el uso de “misiles inteligentes” que destrozan multitudes que no logramos ver cuando son masacradas, como en la guerra del golfo en Irak o en Gaza.

Más aún, los soldados de Sandino no peleaban con machetes porque fueran sanguinarios, sino porque el machete ha sido, como lo explica el sociólogo nicaragüense Joaquín González Guzmán, “la representación de la lucha del campesino por defenderse no solo de los elementos naturales de su entorno que significan algún peligro para su vida, sino también para defender uno u otro derecho, bien o mal interpretado” (La Prensa, 1504/02). Efectivamente, el machete fue usado por muchos hombres que lucharon por la independencia de América Latina, miles de combatientes en la Revolución Mexicana, los soldados del Ejército Popular Boricua, conocido como “los macheteros” que defendieron Puerto Rico frente a las fuerzas interventoras estadounidenses en 1898, y por muchos otros patriotas que ofenden la sensibilidad de Humberto.

El Sandino de Belli dice más de Belli que de Sandino 

Cuando terminé de leer los tres primeros artículos escritos por Humberto Belli Pereira sobre Sandino, me quedé con la sensación de haber aprendido mucho de Belli y nada nuevo de Sandino. Me queda claro, por ejemplo, que alguien que, como Humberto, es capaz de entusiasmarse con la posibilidad de “una segunda nota Knox” para resolver la crisis que actualmente vive Nicaragua (ver su artículo con ese título, La Prensa, 3/12/2018), tenga más simpatía por entreguistas de la calaña de Adolfo Díaz que por nuestro héroe —imperfecto como todo ser humano—, el General de Hombres Libres, Augusto César Sandino.

El autor es profesor retirado del departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Western Canadá

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COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    Humberto Belli está en lo correcto Y vos, Baltodano, sos un individuo de la extrema izquierda que para tu conveniencia política han creado el mito de Sandino. Ve a quien citás para apoyar tu argumento: Gregorio Selser, un comunista argentino el cual como todo buen argentino poseía un odio gratuito, mas bien envidia, hacía los EE.UU. Sandino era un guerrerista con delirios de grandeza.

  2. Hace 2 años

    Es lamentable que Humberto Belli, un ex ministro de educación, recurra a este tipo de argucias, dice mucho de como posiblemente ejerció el cargo. Por eso es que siempre hay que pedir las fuentes, para asegurarse de que quien las cita, no las esté mutilando a conveniencia. Una verdad a medias, es el doble de difícil de aplastar que una mentira total (por el contexto); la verdad es eso, TODA. No es la primera (y probablemente tampoco la última) vez que Belli hace esto, hizo lo mismo para blanquear el papel y lavarle la cara a la iglesia durante la colonización.

  3. Hace 2 años

    Definitivamente me sorprendió ver la 4ta entrega de la «trilogía», cualquiera con dos dedos de frente se da cuenta hacia dónde se inclina la balanza en los escritos de Belli, en lo personal, la figura de Sandino ha sido irrelevante en el sentido de ver un ejemplo a seguir o si ha afectado mi pensamiento ideológico de la política Nicaragüense, obviamente sin quitarle mérito sobre su actuar en la intervención extranjera sobre Nicaragua.Sanguinario o no, Sandino definitivamente es parte de nuestra historia y es decisión personal calificarlo de héroe o no. El detalle, es utilizar el nombre de Sandino y tergiversar su actuar, sus escritos, sus proezas militares para influir en el pensamiento de generaciones que carecen de pensamiento crítico.

  4. Hace 2 años

    en mi modesta opinión, Pérez Baltodano le tiró una pedrada «estilo Andrés Castro» a Humberto Belli

  5. Hace 2 años

    Excelente escrito. Mas claro no canta un gallo. Lo unico cuestionable es que Andres Perez le dedique tanto tiempo a contrarrestar las reconocidas opiniones del fanatico extremista ultraderechista politico/religioso Humberto Belli. A palabras necias, oidos sordos. Sandino fue, es y sera uno de nuestros mas grandes e Importantes Heroes Nacionales.

    1. Hace 2 años

      Increible. Tragicomico que Belli haya sido Ministro de «Educacion» en el Gobierno de Dona Violeta.

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