La paz es uno de los principios o valores políticos más importantes en la construcción de la nueva Nicaragua. Como bien lo dijo Nelson Mandela: “La paz no es simplemente la ausencia de conflicto; la Paz en la creación de un entorno en el que todos podemos prosperar”. Para construir la nueva Nicaragua se requiere vivir en paz. La guerra, la violencia, las asonadas, el vandalismo nos mantendrán en la pobreza.
Al hablar de paz en Nicaragua, una pregunta obligada es: ¿El ejército ha contribuido a la paz? Cuando se llamó Ejército Popular Sandinista (EPS) sus principales actuaciones fueron perseguir, encarcelar y asesinar a los miembros de la Guardia Nacional y ciudadanos a los que los sandinistas consideraban somocistas sin que tuvieran la oportunidad de un justo proceso legal. Apoyó las confiscaciones masivas y los decomisos violentos de la producción campesina. Actuaron casi siempre al margen de la Constitución y la ley, alegando que “la revolución era fuente de derecho”. Y cuando el pueblo se alzó en armas para protestar por los atropellos de la revolución, la represión y los asesinatos se incrementaron.
En la década de los ochenta, las acciones de la contrarrevolución con el apoyo de los EUA tenían en jaque a la dictadura del FSLN a pesar de la gran cantidad de ayuda que recibía del bloque soviético, Entonces inventaron el Servicio Militar Patriótico (Obligatorio). Secuestraron a los jóvenes para llevarlos por la fuerza a defender un proyecto ideológico ordenado en La Habana y Moscú. Sin misericordia alguna llevaron al matadero de la guerra a decenas de miles de jóvenes sin la debida preparación militar. Lo mismo sucedió con los adultos que fueron obligados a integrarse a los Batallones de Infantería de Reserva (BIR). Los asesinatos a los contras se multiplicaron en todo el país. Ningún militar sandinista fue juzgado por los crímenes cometidos.
La presencia de militares cubanos narcotraficantes como el general Ochoa y Tony De la Guardia contribuyeron a que el EPS dirigidos por la nefasta Dirección Nacional del FSLN se involucrara en la actividad del narcotráfico vinculándose a los cárteles colombianos dirigidos, entre otros por Pablo Escobar, Rodríguez Orejuela, la FARC y el ELN.
El gobierno de doña Violeta quiso rescatar al EPS y darle un carácter institucional. Pero al regreso de Ortega al gobierno, se quitaron la máscara y demostraron lo que siempre fueron: un ejército partidista. Y peor ahora, un ejército al servicio de un dictador narco-comunista.
Por dos razones en la nueva Nicaragua no debe haber ejército. En primer lugar, por la funesta historia del EPS y en segundo lugar porque Nicaragua no necesita mantener miles de hombres en armas para defenderse de una invasión que quizás nunca llegue. Y en caso de que alguna amenaza externa se concrete, sobrarán brazos que de forma voluntaria empuñen las armas para la defensa de la patria. Además, los principios de la OEA, establecen que “la agresión a un Estado americano constituye una agresión a todos los demás Estados americanos”. Por lo tanto, la solidaridad del continente bastará para enfrentar cualquier agresión.
Los recursos del Instituto de Prevención Social Militar (IPSM) así como las propiedades y demás activos del Ejército son suficientes para enfrentar los gastos de su liquidación. Según reporte del IPSM hay 21,800 empleados en el Ejército que pasarían a fortalecer la capacidad productiva del país.
Un país pobre como el nuestro debe volcar sus recursos humanos, materiales y financieros a la producción de bienes y servicios. La nueva Nicaragua debe ser una nación en reconstrucción material y moral y para ello no necesitamos ejército.
También es importante elaborar e implementar leyes que castiguen con total severidad a las turbas, paramilitares, sicarios y fanáticos que violen la paz social. En ninguna circunstancia se deben de volver a permitir asonadas, saqueos, invasiones, confiscaciones, bloqueos de vías públicas y amotinamientos. Cero negociaciones con los violadores de la paz y el orden social. Y todo el peso de la ley, tanto para los actores directos como para los actores intelectuales. Cadena perpetua para ambos sin goce de fianza. Y proscripción definitiva para los partidos, organizaciones e individuos que alteren la paz.
Necesitamos paz para concentrarnos en la reconstrucción, el desarrollo y la prosperidad para todos.
El autor es empresario nicaragüense confiscado y exiliado.