Las elecciones en El Salvador

Las eleccionespresidencialessiempre son emocionantes por la incertidumbre y las expectativas que crean sobre el candidato que recibirá la  mayoría de  votos y por lo tanto será el siguiente gobernante del país.

 Eso ocurre donde se respeta el derecho de los ciudadanos a elegir y las elecciones son limpias, libres y competitivas. Al contrario, en los países autoritarios y de dictaduras cerradas también hay elecciones, pero la gente no elige, solo se cumple un ritual político que manda el régimen y pone en escena la autoridad electoral. Allí no deciden las personas con sus votos sino el cabecilla del régimen o la cúpula del partido gubernamental.

 También hay países con elecciones libres, competitivas y limpias, pero sin incertidumbre porque desde antes de las votaciones se conoce al ganador. Tal es el caso de El Salvador, donde este domingo 4 de febrero habrá elección de presidente de la República y de diputados.

Las elecciones salvadoreñas no serán fraudulentas y participan candidatos opositores, pero ya se conoce que Nayib Bukele se reelegirá en la Presidencia de la República. Y que su partido, Nuevas Ideas, conseguirá la mayoría abrumadora de los escaños en la Asamblea Legislativa.

 Según la última encuesta del Instituto de Opinión Pública (INOP) de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, en la elección de este domingo ninguno de los cinco candidatos opositores supera el 5 por ciento de intención de voto y entre todos suman apenas el 12 por ciento. En cambio Bukele tiene más de 80 por ciento de intención de voto. Y su partido podría elegir hasta 57 de los 60 diputados que por decisión de Bukele a partir de estas elecciones tendrá a la Asamblea Legislativa de El Salvador.

La fuerza electoral de Bukele no es por su carisma o encanto personal. Lo que sucede es que la mayor parte de los salvadoreños reconocen que por su estrategia represiva de mano dura y sin escrúpulos contra las pandillas criminales, El Salvador dejó de ser el país más violento del mundo y  ahora es el segundo más seguro de América, solo está debajo de Canadá que ocupa el primer lugar.

Para lograr eso, Bukele ha impuesto un estado de excepción que es renovado regularmente. Ha sometido a  los poderes Judicial y Legislativo y vació la democracia de su contenido virtuoso al envilecer el Estado de derecho. Convirtió el país en una inmensa cárcel llena no solo de delincuentes comprobados sino también con muchas personas honradas e inocentes, porque no se investiga ni se respetan las normas del debido proceso.

Según las organizaciones salvadoreñas defensoras de los derechos humanos hay más de 6,000 denuncias de atropellos a las personas. Por su lado la Asociación de Periodistas de El Salvador dice que en 2023 las vulneraciones a los derechos humanos y profesionales de los periodistas aumentaron en 111 por ciento en relación con el año anterior; y el incremento fue 303 por ciento comparado con 2019, cuando Nayib Bukele asumió el poder presidencial.

Se podría decir que los salvadoreños han comprado seguridad pagándola con sus derechos humanos y garantías individuales, y permitiendo el avance impune del poder autoritario.

El hecho de que a Bukele lo apoye la gran mayoría de los ciudadanos salvadoreños no hace democrático a su gobierno. La elección libre y la voluntad de la mayoría manifestada en las urnas electorales es una parte importante de la democracia, pero no lo es todo.

Aunque sea por su propia voluntad que la mayoría acepte ser gobernada por un régimen autoritario, sin Estado de derecho, libertad de prensa irrestricta y respeto a las garantías políticas y los derechos humanos, no hay libertad ni democracia.

Jorge Luis Borges aseguró que “la muchedumbre es una entidad ficticia, lo que realmente existe es cada individuo». Lo cual es teóricamente cierto, pero una masa despistada o engañada puesta a votar puede tomar decisiones que despojan a las personas individuales de sus derechos y su dignidad humana. La prueba está en El Salvador.

COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    Buen escrito. Al César lo que es del César.
    Dicen que los romanos cuando tenían problemas anárquicos (con su sabiduría política) nombraban un dictador con poderes totales por un período de dos años, «solamente».

  2. Hace 2 años

    Ustedes están como la gata angora..

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