Con la llegada al poder en Argentina del economista ultraliberal o libertario, Javier Milei, el eje del debate político e ideológico en ese país ha venido a ser la contradicción —real o supuesta— entre la libertad y la justicia social.
Ese debate tan importante e interesante impregna a toda América Latina, incluyendo a Nicaragua, como lo prueba la controversia desarrollada en las páginas de Opinión de LA PRENSA entre el sociólogo Humberto Belli y el profesor de ciencias políticas Andrés Pérez Baltodano.
El martes de esta semana, al tomar posesión de su cargo como gobernador de la Provincia de Buenos Aires, para el cual fue reelegido, el líder opositor argentino Axel Kiciloff cerró su discurso con el grito “¡Viva la justicia social carajo!” Lo que fue sin duda una desafiante contraposición a la frase emblemática del presidente Javier Milei: “¡Viva la libertad carajo!”
En realidad, en democracia no debería haber contradicción entre libertad y justicia social, pues son conceptos políticos y prácticas gubernamentales complementarios.
“No hay por qué tener por incompatibles los conceptos de justicia social y de libertad política”, asegura Rodrigo Borja en su Enciclopedia de la Política. Y agrega que “la equitativa participación popular en el ingreso nacional no está reñida con el mantenimiento de las libertades ni con la constitución de gobiernos representativos, legitimados por la voluntad popular. Tampoco el mantenimiento de las libertades es opuesto a los cambios estructurales que posibiliten el desarrollo económico acelerado, que abran posibilidades justas de participación popular en la propiedad, en la renta y en la cultura y que mejoren la calidad de vida de la población. De modo que ‘justicia social’ y ‘libertad política’ no solo que no se contraponen sino que son valores complementarios”.
Al respecto cabe recordar que el eminente economista liberal estadounidense Milton Friedman (1912-2006), advirtió que “una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas”. Y que, en cambio, “una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas”.
Pero la clave del asunto no es priorizar uno u otro valor político y social, sino equilibrarlos. La historia ha demostrado que el menosprecio de la justicia social conduce a la destrucción o el menoscabo severo de la equidad, y por lo consiguiente a la creación de grandes bolsones de pobreza. Lo cual no es humanitario y además es causa de estallidos sociales e ingobernabilidad.
La justicia social se refiere a las relaciones económicas en la sociedad. Consiste en la organización social de acuerdo con criterios equitativos sobre la remuneración salarial, la seguridad social, la distribución o redistribución de la renta, la participación en el usufructo de los bienes y servicios, etc.
El concepto y necesidad de justicia social nació con la revolución industrial europea, cuando el desarrollo capitalista basado en una libertad económica sin freno se montó sobre la explotación sin misericordia de los trabajadores y sus familias. Allí mismo se originaron los movimientos y luchas de los trabajadores cuyos líderes plantearon que la caridad religiosa no era suficiente para aliviar sus penosas condiciones de vida, y comenzaron a demandar relaciones justas y equitativas en las labores productivas y en la organización de la sociedad.
El director mártir de LA PRENSA, doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, se refirió al tema cardinal de la justicia social en el editorial del 10 de marzo de 1972 titulado Hablemos en serio de la socialización. “Es justo —aseguró— que los bienes terrenales estén repartidos en la forma más adecuada posible, mejor distribuidos, o sea que esos bienes alcancen al mayor número de personas y no se vean reducidos a la posesión de una minoría privilegiada, y en ese sentido la idea de dar a la propiedad una función social, e incluso ‘socializar’ algunas o muchas de sus áreas, es una aspiración equitativa y de acuerdo con la condición humana”.
Pero a pesar de que es una antigua discusión, la controversia sobre la relación de la libertad con la justicia social como factores opuestos o complementarios, no se ha dilucidado. Y ahora ha sido relanzada por el histórico cambio de gobierno y de proyecto económico en Argentina, que tiene repercusión hemisférica.