Dos anécdotas del padre Azarías H. Pallais

En el contexto de la próxima celebración de los 500 años de la fundación de la ciudad de León, rememoramos dos anécdotas del padre Azarías H. Pallais, alto valor de la poesía nicaragüense. Era la misa solemne por un aniversario más de San Juan Bautista de La Salle, fundador de la Congregación de los Hermanos Cristianos. Las naves de la antigua Catedral de Managua estaban llenas de estudiantes del Instituto Pedagógico de Varones de Managua, vestidos con el uniforme de gala del colegio: pantalón y saco de casimir de color azul oscuro, camisa blanca manga larga y corbata azul marino. Atrás del altar mayor estaba el enorme retrato del santo, obra del magnífico pintor, Hno. Bernardo. La misa la oficiaba monseñor Mejía y Fajardo, cura párroco de la Catedral, pero la homilía la pronunciaría el poeta y orador sagrado, padre Azarías H. Pallais, reconocido, junto con Salomón de la Selva y Alfonso Cortés como auténtico continuador de Darío.

Tras la lectura del Evangelio, subió al púlpito, revestido con su capa negra el padre Azarías H. Pallais, cuya fama se acrecentó cuando en los funerales de Darío pronunció el único memorable de los numerosos discursos pronunciados en esa ocasión. Comenzó contándonos que en Francia existió, hace mucho tiempo, un individuo que todos los días se emborrachaba. “Este, dijo el P. Pallais, era un bebedor atómico. Eso explica que cuando falleció, de tanto beber, en el epitafio de su tumba podía leerse: Aquí yace un hombre que mientras vivía bebía”.

Luego, el padre Pallais hizo el elogio del Santo de La Salle, destacando su dedicación a la enseñanza de los niños de escasos recursos, y que fue él quien introdujo el sistema de escuelas con grados de diferentes niveles educativos, según la edad de los alumnos. “San Juan Bautista de La Salle, prosiguió el P. Pallais, mientras vivió enseñó. Fue un educador atómico. Por eso en su tumba se podía haber escrito el siguiente epitafio: Aquí yace San Juan Bautista de La Salle, quien mientras vivió enseñó.Dicho esto continuó con su comentario del Evangelio del día.

Otra anécdota del padre Azarías H. Pallais es la siguiente: La huelga de los estudiantes de la Universidad Nacional en la ciudad de León llevaba casi dos meses. El motivo: la indignación de los universitarios por el hecho que las autoridades de la Universidad de aquella época (1952) habían empotrado, una noche, en la pared principal del Paraninfo, un medallón de bronce con la efigie del dictador Anastasio Somoza García. A la mañana siguiente de aquel acto, un grupo de estudiantes forzaron las puertas del Aula Magna y algunos procedieron a escupir el medallón. Esa misma mañana, el Centro Universitario (CUUN), expidió un fuerte comunicado protestando enérgicamente por un hecho considerado servil y exigiendo el retiro inmediato del medallón, por ser un insulto para el Alma Mater rendir homenaje a un dictador, cuyas manos estaban ensangrentadas. Reunida esa misma tarde la Junta Universitaria acordó expulsar por un año a todos los miembros de la Directiva del Centro Universitario. De inmediato, estalló la huelga estudiantil dispuesta a prolongarse hasta que el medallón fuera retirado.

 Ante la firme actitud del estudiantado, a alguien se le ocurrió que, para resolver el conflicto, quizás el P. Azarías H. Pallais podría actuar como mediador entre las autoridades universitarias y los estudiantes. Los directivos de la asamblea de representantes estudiantiles fueron convocados a una reunión en el propio Paraninfo. Al llegar, encontraron al P. Pallais sentado con los miembros de la Junta Universitaria, precisamente debajo del disputado medallón. Frente a ellos se sentaron los delegados estudiantiles. Al P. Pallais lo conocíamos, pues los estudiantes que viajábamos en tren de Managua a León, con frecuencia lo veíamos en el andén de la estación con su vieja y raída sotana y su pequeña valijita de madera, subir a los vagones de segunda clase, con la gente pobre, rumbo a Corinto, donde era párroco.

El P. Pallais fue muy prudente y decidió que primero fuéramos los estudiantes los que expresaran los motivos de su disgusto. Luego, las autoridades universitarias argumentaron que la razón por la que habían puesto el medallón en el lugar de honor del Paraninfo era en señal de agradecimiento, ya que el hermoso edificio central de la Universidad había sido mandado a construir por el presidente Somoza García. Los estudiantes rechazaron de plano tal argumento y le recordaron a las autoridades universitarias que el edificio había sido construido con dinero del Presupuesto, es decir, con dinero aportado por el pueblo nicaragüense.

Cuando el P. Pallais vio que las posiciones eran irreconciliables dijo que el medallón de la discordia podía calificarse como “un medallón no medallón” por cuanto había disparidad de criterios sobre si se justificaba o no su presencia en el Paraninfo. Finalizó su intervención diciéndonos: “Vean muchachos, el problema es que colocar el medallón fue fácil. Lo difícil va a ser quitarlo”. Esta sabia conclusión del P. Pallais fue conocida por el director del diario La Noticia, Juan Ramón Avilés, quien en un editorial le expresó a Somoza que si la huelga estudiantil se prolongaba mil estudiantes perderían el año y eso equivalía a que el país perdiera mil años. Que la única persona que podía retirar el medallón era el propio Somoza.

Somoza García acogió el consejo de don Juan Ramón, viajó a León y, personalmente, con visibles muestras de enojo, arrancó el medallón y se lo entregó al Estado Mayor de la Guardia Nacional, que lo puso sobre la puerta principal del llamado Casino Militar. De esta manera, el P. Azarías H. Pallais contribuyó a resolver uno de los más graves conflictos de la vida universitaria, antes de la Autonomía.

El P. Azarías H. Pallais, es uno de los más altos valores de nuestra poesía. Sus obras poéticas van más allá del modernismo de Rubén Darío y forma, junto con Salomón de la Selva y Alfonso Cortés, la trilogía de poetas que no imitaron a Darío, lo continuaron.

Para concluir este artículo nada mejor que reproducir dos estrofas de su famoso poema Entierro de pobre: “Entierro de pobre, ya sabes, amigo. / No quiero que vengan los otros, conmigo. / Los otros, aquellos del otro camino, los que me dijeron: es agua tu vino.”

El autor es educador, académico y escritor. Fue rector universitario y ministro de Educación.

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