El doble rasero de la dictadura Ortega Murillo y la deuda de la OEA

El 26 de julio de 1950 la República de Nicaragua se hizo miembro de la Organización de Estados Americanos (OEA) tras el depósito del instrumento de ratificación de la Carta de la OEA. No obstante, el 20 de noviembre de 2022, 72 años después la dictadura Ortega Murillo desliga al país de tan importante foro multilateral en el continente americano. El retiro lo hace denunciando que la OEA nació por influencias de EE. UU., como instrumento de intervención e injerencismo.

Al cumplirse 2 años de la denuncia de la Carta de la OEA, el canciller de la dictadura expresó que “la Denuncia digna y patriótica de esa Carta, ante las acciones injerencistas, inamistosas y agresivas de la OEA dirigida por Estados Unidos, es una realidad. Ya no tenemos relaciones, Nicaragua está desvinculada totalmente de la OEA, Nicaragua ha dejado de ser miembro de esa Organización subordinada al imperio norteamericano”.

Al mismo tiempo Rosario Murillo dijo públicamente: «Nuestra denuncia ha sido sistemática, todo el tiempo hemos tenido una posición clara en relación al rol, destructivo, injerencista, antisoberanía, decadente, por cuanto representa la decadencia del imperio, la llamada Organización de Estados Americanos que solo ha servido para apoyar, justificar, acompañar, invasiones, golpes de Estado y todo lo que le ha mandatado su amo el gringo».

La dictadura Ortega Murillo se ha caracterizado por una narrativa en la cual culpa a todo actor foráneo para justificar ante la ciudadanía y la comunidad internacional su actuar dinástico y su terrorismo de Estado. Además de tener un actuar totalmente incoherente. Basta con recordar el rol que tuvo la OEA para el logro de la salida del dictador Anastasio Somoza, para darse cuenta del doble rasero que caracteriza a esta nueva dictadura. Su discurso de injerencismo, intervencionismo, se desvanece completamente si nos preguntamos por qué Daniel Ortega no juzgó de esa misma manera aquella resolución del 23 de junio de 1979 en la que la OEA acuerda que considerando, entre otras cosas, “la conducta inhumana del régimen dictatorial imperante… puesta en evidencia por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos”, la solución a la crisis en ese momento es “el reemplazo inmediato y definitivo del régimen somocista”.

Sea venida supuestamente de la izquierda, de la derecha o como se catalogue ideológicamente, dictadura es dictadura, lo que se vale para la una se vale también para la otra, si lo que se hace es por el bien supremo de la nación. Por otro lado, si bien es cierto la OEA conformó un grupo de países entre otras iniciativas que hicieron una labor loable en la búsqueda de una salida a semejante crisis en Nicaragua, al final de todos estos esfuerzos los gobiernos que integran la OEA tendrán una deuda histórica con el pueblo de Nicaragua, ya que a pesar de tantos informes y el compromiso visible también de parte de la Comisión (CIDH) y 2 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) así como del Grupo de Expertos Interdisciplinarios (GIEI) y del Mecanismo de Seguimiento para Nicaragua (MESENI) junto a las organizaciones de derechos humanos tanto de Nicaragua como del ámbito internacional. Los gobiernos que constituyen la OEA no fueron capaces de poner límites a la dictadura Ortega Murillo, a pesar de todas las evidencias de que cometió crímenes de lesa humanidad y haber violentado la Carta Democrática Interamericana.

Aun cuando la Corte IDH sea explicita en decir: “Cuando un Estado Miembro de la Organización de los Estados Americanos denuncia la Carta: (1) las obligaciones de derechos humanos derivadas de la Carta de la OEA permanecen incólumes durante el período de transición hacia la denuncia efectiva; (2) la denuncia efectiva de la Carta de la OEA no surte efectos retroactivos; (3) el deber de cumplir con las obligaciones derivadas de las decisión es de los órganos de protección de derechos humanos del Sistema Interamericano se mantiene hasta su cumplimiento total; (4) el deber de cumplir con los tratados interamericanos de derechos humanos ratificados y no denunciados conforme a sus propios procedimientos permanece vigente; (5) las normas consuetudinarias, las derivadas de principios generales de derecho y las pertenecientes al ius cogens continúan obligando al Estado en virtud del derecho internacional general, así como subsiste el deber de cumplir con las obligaciones que se derivan de la Carta de las Naciones Unidas”; lo cierto es que el pueblo de Nicaragua sigue bajo el yugo y secuestro de una dictadura absolutista que se enrumba a una dinastía que continúa haciendo daños quizá irreparables a toda la sociedad. Y que la historia fuese otra si la OEA hubiese actuado oportunamente con sus misiones electorales desde cuando denunciamos en Panorama Electoral los fraudes continuos.

 O si al mismo tiempo que declaraba ilegítimas las elecciones del 2021 (ante tanta evidencia de la ausencia del pueblo de Nicaragua en las mismas), hubiese también declarado ilegítimo el resultado de las mismas o sea al régimen Ortega Murillo. La realidad es que nunca se logró los 24 votos por parte de los estados miembros de la OEA, y una se pregunta: ¿Y no será que la solución a los problemas se deja en manos de quienes los crean?

Yo invitaría a pensar y propongo una reforma tanto de la OEA como de Naciones Unidas, que fortalezca la capacidad y dote de instrumentos pacíficos efectivos al multilateralismo para poner límites a estos regímenes, que usando los caminos democráticos terminan convirtiéndose en victimarios de sus propios pueblos. De lo contrario la ciudadanía no tendrá otra opción que los estallidos sociales y las rebeliones continuas, con el triste resultado de tanta sangre que corre sin que nadie pueda cumplir la responsabilidad para proteger y que compete ineludiblemente a la comunidad internacional.

Nada de lo expuesto anteriormente exime de la responsabilidad a la oposición nicaragüense que hoy más que nunca debe tener claro que “nadie hará por nosotros los nicaragüenses lo que no seamos capaces de hacer por nosotros mismos”. El rol de la comunidad internacional es importante, pero es complementario. Sigamos incesantemente buscando la paz que nunca hemos conocido, resistiendo los vamos a lograr.

La autora es defensora de derechos humanos actualmente en el exilio político. Cientista social y master en Integración Centroamericana y Desarrollo.

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