La dictadura Murillo-Ortega se ha arrimado a un grupo de países que la acuerpan en su ofensiva de insultos contra los Estados Unidos. Estos son Cuba, Irán, la República Popular China, Rusia y Venezuela. De estos, Rusia y China se destacan por su aparente peso geopolítico. Pero hay una gran diferencia entre estos dos aliados de la dictadura.
Nadie puede dudar de la importancia de China. Ha sido una potencia militar desde la guerra de Corea durante la década de los cincuenta del siglo pasado. Pero es, además, una superpotencia económica que supera en tamaño hasta la economía estadounidense según los informes más recientes del Fondo Monetario Internacional. Además, su economía es diversa y eficiente. La China manufactura desde automóviles y aviones hasta muchas de las computadoras que se usan mundialmente. Y su músculo industrial contribuye al acelerado crecimiento económico que la China ha experimentado desde la década de los ochenta cuando descartó el socialismo de Mao y optó por una economía de mercado. Desde ese entonces, la China ha consistentemente manejado un superávit comercial con el resto del mundo. Es decir, el valor de lo que exporta supera el valor de sus importaciones.
El caso de Rusia es muy diferente. Viendo un mapa del mundo parece ser todo un coloso. Y lo es en términos geográficos. Es, y por mucho, el país más grande del planeta, a pesar de que perdió grandes partes de su imperio después del colapso de la Unión Soviética en 1991.
Tiene un área de 17 millones de kilómetros cuadrados, casi dos veces el tamaño de Estados Unidos, y colinda con 15 países de este a oeste. Pero su peso en términos socioeconómicos es mucho menor a como explico a continuación.
El producto interno bruto (o PIB) de Rusia —a como se mide el tamaño de la economía de un país en la jerga económica— es igual a US$2.2 billones. Esta cifra es importante, pero es tan solo la octava en tamaño mundialmente. La economía rusa no solo es mucho más chica que la de China y la de Estados Unidos, sino que es también superada en tamaño por países como Alemania, Japón, Francia y Reino Unido. Y esto a pesar de que la población rusa supera al de los cuatro países que acabo de citar.
Interesantemente, Rusia exporta más de lo que importa, al igual que China. Pero esto se debe a que Rusia tiene grandes yacimientos de petróleo y gas natural. Produce 10 millones de barriles de petróleo por día (bpd), por ejemplo. De esta enorme producción exporta 6.4 millones de barriles por día.
A pesar de su robusto sector energético, el Fondo Monetario no considera a Rusia un país desarrollado. Se refiere a él como una “economía emergente” por su ingreso per cápita de aproximadamente US$15 mil. Esta cifra es muy por debajo al de los países de Europa Occidental, Estados Unidos, Oceanía y Canadá. Según cálculos del Banco Mundial, el ingreso per cápita de España es dos veces más alto que el ruso, el de Alemania tres veces mayor y el estadounidense cinco veces más alto.
Demográficamente, Rusia también enfrenta grandes desafíos. Por un lado, su población de aproximadamente 145 millones es la más alta de Europa, pero se está reduciendo. El número de muertos supera el número de nacimientos desde 1992 y la edad promedio de la población es 40 años, uno de los más altos del mundo. A esto hay que sumar el hecho de que muchos rusos, sobre todo varones, están emigrando a otras naciones, ya sea para buscar mejor vida o para evitar el servicio militar, especialmente durante la guerra con Ucrania en donde las fuerzas armadas rusas se encuentran empantanadas. Y esta contracción en su población no se está compensando por una robusta inmigración a como ocurre en el caso de los países de Europa Occidental, por ejemplo, y de Estados Unidos.
Cierro con el pronóstico del crecimiento económico ruso para este año. Será 0.6 por ciento según El Economista, el prestigioso periódico británico cuyos informes económicos son considerados entre los más serios del mundo. Esta cifra es baja comparada a la estadounidense (2 por ciento), la de China (5.2 por ciento), España (2.4 por ciento) y hasta la de México (3.2 por ciento). Claramente con un ritmo de crecimiento tan bajo, la economía rusa seguirá atascada. Seguirá siendo un coloso, pero un gigante económicamente débil.
En conclusión, Rusia no podrá ofrecerle un salvavidas económico a Nicaragua, cuya economía es la más pequeña de Latinoamérica —¡sí, más pequeña que la de Haití!— a como miembros de la dictadura dinástica Murillo-Ortega lo sueñan.
El autor fue director del Banco Mundial y presidió la Comisión Económica de la Asamblea Nacional de Nicaragua