Alberto Ycaza Vargas nació en León, cuna de artistas notables, un 6 de septiembre de 1945 y falleció en Costa Rica en el año 2002. Fue un verdadero humanista que sobresalió como actor, director y autor de obras de teatro, pintor, crítico, ensayista y filósofo del arte.
Inició estudios académicos de artes plásticas bajo la dirección del maestro Rodrigo Peñalba. No obstante, fue en realidad un autodidacta que con mucha constancia y seriedad completó su formación en varias disciplinas artísticas, llegando a poseer una amplia cultura general y el dominio de relevantes competencias en el campo de la pintura siendo, entre otras, reconocida su singular maestría en la técnica de la “veladura”.
Desde que era un adolescente se destacó por sus inquietudes intelectuales y artísticas. A los catorce años expuso sus primeras obras en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (1959).
Tras plasmar en sus obras el impacto emocional que le causó el terremoto de Managua de 1972, se inicia su etapa surrealista. Sus temas incorporan elementos persas, egipcios, pompeyanos y mayas. Pablo Antonio Cuadra, citado por Jorge Eduardo Arellano, escribió en esa oportunidad: “La composición —que concibe con el sentido del ‘biombo’ sumando paneles— se estructura sobre grandes espacios de colores muy antiguos (como que llegan a su pintura a través de un desentierro arqueológico) y las figuras humanas: esas mujeres (entre egipcias y mayas), pálidas, o por lo menos antiquísimas, unas en proceso de metamorfosis, otras bebiendo jugos terrestres, pero todas encapsuladas: son, inequívocamente, funerarias. Habitan un lugar escatológico. (Acentúa el sabor dramático —sísmico— la casi obsesiva referencia a los frescos pompeyanos)”.
Es en esa época que se inicia su búsqueda de la belleza clásica, que se volverá obsesiva y que inspirarán los cuadros de gran tamaño, de extraordinaria calidad artística, que dominan su última etapa como pintor.
En 1989, su obra La virgen del nuevo mundo obtuvo el Prix d’Art Sacré en el XXIII Premio Internacional de Arte Contemporáneo de Monte Carlo (Mónaco). Las obras de Ycaza se han expuesto en Europa, Asia y América y lo consagraron como uno de los indiscutibles maestros de nuestra pintura contemporánea. Alberto Ycaza supo también darse a sus discípulos, entre quienes se encuentran varias destacadas pintoras nicaragüenses, que con gratitud reconocen su valioso magisterio. Pero la obra que contiene el mensaje estético de Alberto Ycaza para las futuras generaciones es su libro La utopía clásica, concebida por él como, “la introducción a una teoría del arte capaz de proponer soluciones clásicas a los problemas producidos por las modas modernas”. La tesis de esta teoría —que debería profundizarse y ampliarse en otras publicaciones— propone la evolución de una percepción y valoración bidimensional hacia una percepción y valoración lógica tridimensional para evitar confrontaciones individuales y sociales”. De esta suerte, afirma: “Una civilización en paz es la obra de arte de una cultura de paz”.
No solo como pintor sobresalió Alberto Ycaza. En la década de los años 60 estuvo muy activo como actor y director de teatro, llegando a fundar su propio grupo teatral, el Atelier de Teatro Rubén Darío. Dramaturgo, escribió varias obras de teatro, entre ellas las tres que recopiló la UNAN y que se publicaron bajo el título genérico TEATRO. El libro comprende: Asesinato frustrado, que fue presentada por el Teatro Experimental de la UNAN en el Primer Festival Cultural de Centroamérica, que tuvo lugar en San José, Costa Rica, en 1968, donde ganó el Primer Premio como grupo teatral; Ancestral 66 y Escaleras para embrujar al tiempo.
Sobre Ancestral 66, Carlos Solórzano, al incluirla en la Antología del Teatro Breve Hispanoamericano Contemporáneo, escribió: “Es el más joven de los autores incluidos en esta antología, pero su prometedor talento justifica la inclusión, pues Ancestral 66 es la obra que reúne mayores méritos entre todas las escritas por los dramaturgos de las más recientes generaciones nicaragüenses”.
Alberto Ycaza, a raíz de la extraordinaria exposición de sus obras más recientes, que fue montada en el Patio del Príncipe de la Catedral de León en 1999, fue declarado Hijo Dilecto de su ciudad natal. En 1999 también había sido nombrado director honorario del Centro de Enseñanza Artística Pablo Antonio Cuadra del Instituto Nicaragüense de Cultura y en el año 2000 Ciudadano del Siglo XX de Nicaragua.
Dados sus indiscutibles méritos artísticos e intelectuales, la Academia Nicaragüense de la Lengua, por unanimidad, le designó como su miembro correspondiente, con residencia en Costa Rica. El deterioro en su salud le impidió asistir a la ceremonia de incorporación. La Academia, acertadamente, decidió conferirle post mortem tan alta distinción, ya que la cultura nicaragüense perdió, al morir Alberto Ycaza, un valor de muy sólido prestigio, y que dejó una obra pictórica y literaria de indiscutibles méritos.
El autor es educador, académico y escritor. Fue rector universitario y ministro de Educación.