Donde quiera que se genere una crisis o un conflicto en el mundo, queramos o no tiene su impacto en la salida a la crisis política y de derechos humanos en Nicaragua.
El 18 de octubre escuché el discurso del alto representante de la Unión Europea (UE) para Asuntos Exteriores, señor Josep Borrell, en el Parlamento Europeo en relación a la crisis entre Israel y Palestina quien expresó entre otras cosas: “…creo que todos estamos unidos en decir que el derecho a la defensa, como todos los derechos, tiene unos límites. Y, en este caso, son los límites que marcan el derecho internacional y, en particular, el derecho internacional humanitario”[1].
También dijo a los europarlamentarios: “Sí, condenamos estos terribles ataques terroristas… también creo que tenemos que condenar los muertos civiles —las víctimas civiles— que se producen en Gaza y que alcanzan ya los 3,000. Porque condenar una tragedia no nos debería impedir condenar otra. Mostrar nuestra piedad por los muertos, víctimas de los ataques terroristas, no nos debería —y no nos lo hace— impedir y demostrar también nuestros sentimientos por otros muertos”. E hizo referencia a que Palestina es también víctima de Hamás, y que no se puede responsabilizar a toda la población de Gaza por los actos criminales de este.
Como nicaragüenses debe preocuparnos este conflicto, así como la invasión de Rusia a Ucrania por las repercusiones en nuestra región. Y por ello quería tomarle la palabra y además recordar a toda la comunidad internacional y al señor Borrell que, así como se busca resolver estos conflictos en oriente próximo, debe también buscarse mecanismos más efectivos para resolver la crisis en Nicaragua.
Dijo el Señor Borrell: “Y mucho me temo que, si no paramos el ciclo de la violencia, se volverá a repetir dentro de unos cuantos años más”. Sus palabrasme hicieron recordar que efectivamente, hace ya muchos años que las feministas, la sociedad civil, liderazgos de la Mosquitia y con el tiempo se fueron sumando otros sectores como el movimiento campesino, las juventudes y los estudiantes, advertimos la deriva autoritaria del régimen Ortega Murillo con la complicidad de otros actores como los partidos zancudos y algunos poderes fácticos. Pero no fuimos escuchados oportunamente, es más, en alguna ocasión que desde el consorcio de observación electoral de sociedad civil “Panorama Electoral” del que junto a otras organizaciones fui parte, denunciamos previo a 2018 los fraudes y aun así las elecciones fueron reconocidas como legítimas por la OEA.
“En estos momentos trágicos, creo que la Unión Europea debe basar su respuesta en cuatro principios: la firmeza, la humanidad, la coherencia, y una actitud política proactiva frente a este conflicto”, continuó diciendo el alto representante de la UE para asuntos exteriores. Al tiempo que exhortaba: “Pero la paz no vendrá sola, la paz hay que construirla. Reconozcamos que en la comunidad internacional en la que formamos parte, no hemos hecho todo lo que había que deber hecho para que los Acuerdos de Oslo —que cumplen ya treinta años— se lleven a la práctica. Proclamamos todos los días la solución de los dos Estados, pero como me dijo en las Naciones Unidas durante la semana de la UNGA, el representante de Palestina: “Y que hacen ustedes para conseguirlo, ¿aparte de proclamarlo?”
Esa es exactamente también mi pregunta como nicaragüense, tanto para la UE como para toda la comunidad internacional. Es a todas luces real que una estructura terrorista, una dictadura criminal, no saldrá solo con llamamientos, exhortaciones y proclamas. Sino que se necesita mecanismos pacíficos efectivos para obligar la salida de la dictadura si no queremos que este conflicto, a como se teme en Oriente Medio, escale a toda la región centroamericana como pasó en la década de los 70 y 80.
Pensando en que las víctimas tienen siempre el mismo valor en cualquier parte del mundo pienso que tampoco en Nicaragua la comunidad internacional ha hecho todo lo que ha debido hacer. Por eso tomo estas palabras del señor Borrell para recordarle que en Nicaragua hay que invertir más energía política para resolver la crisis como él lo sugiere para Oriente Próximo: “Y el cuarto [principio] es, quizá en este momento, aquel sobre que tenemos que invertir más energía política, que es una actitud proactiva para resolver este conflicto. Cuando un conflicto se deja a su suerte los costos posteriores en vidas y recursos siempre serán mayores e inevitables, es mejor no llegar tarde”. Por eso comparto lo que expresó el alto representante: “Tomemos una actitud proactiva para resolver el conflicto: firmeza, humanidad, coherencia y compromiso político para construir una paz duradera”.
Pero también soy consciente de la ineludible responsabilidad que los nicaragüenses tenemos en esta salida a la crisis y que no hemos estado a la altura. Por ello mi invitación y la urgencia de ponernos de acuerdo en una estrategia clara y de consenso entre todos los actores políticos, económicos y sociales junto a las víctimas para salir de la dictadura. Así como la necesidad de definir una tripulación que goce del respaldo del pueblo y que demuestre ser capaz de devolver la esperanza de que ¡sí es posible una Nicaragua estable, segura y gobernable después de Ortega!
Nadie hará por nosotros lo que no seamos capaces de hacer por nosotros mismos.
La autora es defensora de derechos humanos actualmente en el exilio político. Cientista social y master en Integración Centroamericana y Desarrollo.