En un discurso televisado a toda la nación tras su regreso de una visita relámpago a Israel, el jueves 19 de octubre el presidente Joe Biden anunció que pedirá al Congreso casi 100,000 millones de dólares para apoyar a Israel y a Ucrania, y también para reforzar el control de la frontera de Estados Unidos con México. De esa elevada suma, 14,000 millones se destinarían a la defensa israelí frente al terrorismo.
Con la visita a Tel Aviv y con la petición al Congreso, Biden demuestra una vez más el apoyo incondicional de Estados Unidos a su mayor aliado en el Oriente Medio, Israel, y también el respaldo de Washington a la resistencia ucraniana frente a la invasión rusa.
En su alocución desde la Oficina Oval, Biden reiteró que el mundo se encuentra en un “punto de inflexión” en el que se libra una batalla entre las democracias, lideradas por Estados Unidos, y regímenes autoritarios como los de Moscú y Pekín. Esas palabras del mandatario revelan su opinión, popular entre muchos norteamericanos, de que Estados Unidos debe mantener su hegemonía internacional frente a la rivalidad de otros países, especialmente Rusia y China, cuya expansión económica amenaza el orden planetario establecido tras la Segunda Guerra Mundial.
“El liderazgo estadounidense —afirmó el mandatario— es lo que mantiene unido al mundo”. Sin embargo, Biden no se mostró en su discurso como un halcón irreflexivo, como lo fue George W. Bush tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Al comparar el momento que está viviendo Israel con el que sufrió Estados Unidos bajo los ataques del 9/11, exhortó al gobierno israelí a no dejarse llevar por la ira. Biden reconoció que en la respuesta norteamericana al terrorismo, se cometieron “errores”. Probablemente pensó en la prisión de Guantánamo, donde se encarceló a terroristas y asimismo a personas inocentes, y en las invasiones de Afganistán e Irak, que devastaron a esos países y causaron la muerte de cientos de miles de civiles, incluidos niños.
Mientras Biden volaba hacia Israel, un bombardeo destruyó el hospital Al Ahli al Arabi, en Gaza, lleno de pacientes y de personas que buscaban refugio de los ataques aéreos lanzados por Israel tras la acción terrorista de Hamás el 7 de octubre. La tragedia en el hospital —de la que se culpa al ejército israelí, mientras Israel la achaca al lanzamiento fallido de un cohete por militantes de la Yihad Islámica— tuvo un efecto negativo en la visita de Biden, y generó una oleada de protestas en el Oriente Medio y en muchos otros países.
Biden se apresuró a respaldar la versión de Israel, pero todavía no se ha determinado con exactitud quién tuvo la culpa de la destrucción del hospital. De todos modos, el saldo de la represalia israelí en Gaza ha sido devastador, con unos 5,000 palestinos muertos hasta el momento bajo los ataques de la aviación, y millones de desplazados. El gobierno de Tel Aviv ordenó a los palestinos que evacuaran hacia el sur de Gaza, ante una posible invasión terrestre, pero sus aviones han bombardeado también el sur de la franja. Biden ha pedido a Israel que no se deje llevar por la ira y que permita la entrada de una necesitada ayuda humanitaria en Gaza. En su discurso condenó el antisemitismo y también la islamofobia. Pero la principal potencia mundial y principal aliado de Israel debe hacer mucho más.
No habrá paz mientras no se logre la solución de dos Estados, uno palestino y otro israelí, que convivan bajo un acuerdo de respeto mutuo, sin discriminación, sin odios, sin reclamaciones absurdas en una región compartida históricamente por varias civilizaciones y por varias religiones. Las manifestaciones en todo el mundo contra el terrorismo y en defensa de la población palestina que vive oprimida y ahora asesinada en Gaza demuestran el extendido deseo de una solución justa y pacífica para dos pueblos que, según la Biblia, descienden de antepasados comunes. Estados Unidos y sus aliados pueden hacer mucho más para proteger a Israel, salvar a los palestinos, y alcanzar la paz. [FIRMAS PRESS]
El autor es un escritor y periodista radicado en Miami. Sus libros más recientes son la novela La espada macedonia, publicada por Mundiediciones, y el ensayo Una plaga del siglo XXI, sobre la pandemia del COVID-19, a la venta en Amazon.
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