Escribí este artículo antes de las elecciones argentinas, por tanto, sin saber cómo salió Milei. Pero independiente del resultado, es importante meditar su mensaje pues encierra grandes verdades; sobre economía y política y sobre las causas de gran parte del atraso y corrupción que agobian América Latina. En esencia lo que busca es reivindicar el liberalismo libertario y llevarlo a la práctica en una nación tan antiliberal como Argentina.
Su base de partida, como liberal clásico, es la primacía del individuo sobre el Estado o la colectividad: cada persona, por el hecho de existir, tiene derechos: inalienables, sagrados, irrenunciables; que le pertenecen como criatura humana y que no le han sido concedidos por legislador o gobierno alguno, sino que proceden de Dios o de su dignidad humana. Nacen pues con él y nadie, ni poder alguno, puede quitárselos. Entre estos derechos la Declaración de Independencia de Estados Unidos menciona el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.
De lo anterior deriva el papel o razón de ser del Estado: este existe, primordialmente, para garantizar y proteger dichos derechos. Nada más. Esta es su única función: garantizar que a ninguna persona le quiten o limiten alguno de sus derechos fundamentales. Para eso el Estado instituye tribunales de justicia y autoridades armadas que ejecuten sus decisiones, y den seguridad a los ciudadanos contra amenazas internas o externas.
Cuando el Estado infringe estos límites o no los cumple se vuelve ilegítimo y debe ser reemplazado, si es preciso, con la rebelión de sus súbditos. Esta concepción liberal es un correctivo incluso para aquellos demócratas que piensan que los derechos de la mayoría pueden desconocer los de las minorías, o que reducen la democracia a una elección periódica del amo. Desde la perspectiva libertaria ser libre no consiste en poder elegir nuestro mejor amo sino en no tener ninguno.
Milei, en consonancia con la denuncia de muchos libertarios, advierte cómo el Estado argentino, lejos de seguir el ideario liberal se ha convertido en lo que el escritor mejicano Octavio Paz describió como “El Ogro Filantrópico”: un Estado enorme, hipertrofiado, que so pretexto de anestesiar la pobreza busca controlar la vida y suerte de los individuos, intervenir en sus transacciones privadas, penalizar con impuestos y regulaciones al empresariado y la clase media, y limitar la libertad individual. Una de sus consecuencias es crear una casta estatal parasitaria que alienta la corrupción y perpetúa la pobreza.
Milei propone entonces un giro radical hacia el Estado liberal: uno reducido a su más mínima expresión, que reduzca sin contemplaciones la grasa de la pesada, cara e ineficiente burocracia estatal. Por eso propone eliminar varios ministerios y el Banco Central —el cual pierde su razón de ser al dolarizar la economía. Otra de sus propuestas es un giro amigable hacia el sector privado. Porque desde la perspectiva liberal este no es el explotador sino el creador de riqueza —el verdadero explotador es la casta estatal que vive de los impuestos de los contribuyentes. Milei por tanto ha propuesto bajar los impuestos, proteger el derecho de propiedad, simplificar las regulaciones y respetar la libertad económica o el libre mercado. Entre sus argumentos a favor de estas políticas es que los países más prósperos son, precisamente, quienes más las han practicado y, a la inversa, los más pobres son quienes más las han ignorado. Crear riqueza, nos dice, es más eficaz para disminuir la pobreza que distribuirla. No es casualidad que China haya sacado de ella a centenares de millones abriéndose al capitalismo, al sistema de libre empresa.
Uno de los méritos de Milei es que ha propuesto al continente aplicar la filosofía libertaria. Meta atrevida pues enfrentará no solo la resistencia enconada de élites corruptas, sino la cultura o marco mental estatista y antiempresarial que prima en su país y en casi todo el continente. Por eso es importante que aquellos que sueñan con levantar patrias nuevas, lean autores como Hayek, Von Mises, Friedmann, Montaner, Rangel y otros que han reivindicado el valor de la libertad y demostrado que lo verdaderamente revolucionario no es el socialismo, sino el liberalismo humanista.
El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.