Mis primeros recuerdos de don José Jirón Terán (1916-2004) están asociados a la imagen de un hombre corpulento que transitaba por las calles de León en una bicicleta, tocado con una gorra. Recién llegado a la Ciudad Universitaria, como alumno de la Facultad de Derecho de su centenaria universidad, supe después que aquel ciclista era don José Jirón Terán, fuerte comerciante de la localidad, aficionado a coleccionar las tesis de grado de los profesionales que egresaban de la antigua casa de estudios. Para la fecha de mi graduación como abogado, ya don José había orientado su vocación de bibliógrafo a la que sería la gran pasión de su vida: la recolección de libros, folletos, revistas y cualquier otra publicación de Darío o sobre Darío.
Contaba don José a sus amigos, que fue en la ciudad de México, en el año 1955, que se inició su pasión por la vida y obra de Rubén Darío, cuando encontró en una librería de libros viejos ediciones Príncipe de Darío y otros documentos que adquirió y con ello dio comienzo a su irreductible búsqueda de libros y documentos relacionados con Rubén Darío, que le acompañó durante toda su larga y fecunda existencia y que le conduciría a invertir su modesta pero sólida fortuna en la compra, en cualquier sitio donde se encontrara, de todo escrito relacionado con nuestro excelso poeta.
Las energías cívicas de don José no se circunscribieron a su devoción dariana. Fue don José un ciudadano siempre preocupado por el adelanto de su querido León, desempeñándose por largos años como presidente, secretario y tesorero de la Cámara de Comercio de León y miembro distinguido del Club Rotario.
Pero volviendo a mis recuerdos de don José, viene a mi memoria el día en que, estando próxima mi graduación, se me acercó para pedirme que le reservara un ejemplar de mi tesis doctoral sobre las sociedades anónimas, a lo que gustosamente accedí. Para entonces, don José ya era una figura muy conocida, pues siempre me lo encontraba en los actos públicos que celebraba la universidad, que en mis años de estudiante no eran tan frecuentes. Más tarde, en mi calidad de secretario general de la UNAN, ya siendo rector de la misma el doctor Mariano Fiallos Gil, don José figuraba entre los primeros nombres de la lista oficial de invitados a todos los actos universitarios, en los cuales siempre se hacía presente, acompañado de su esposa, doña Yolanda.
Al asumir la rectoría de la UNAN, en noviembre de 1964, me correspondió, en esa calidad presidir el consejo directivo del Museo y Archivo Rubén Darío, fundado en 1960 gracias a las gestiones del entonces diputado doctor Edgardo Buitrago Buitrago. Don José Jirón formó parte del consejo directivo del museo como miembro suplente y en representación del Ministerio de Educación, desde la creación del museo hasta su muerte. Inaugurando oficialmente en febrero de 1964, la junta directiva sesionaba regularmente todos los meses. En estas reuniones terminé de fortalecer los lazos de amistad con don José y se acrecentó mi admiración por su extraordinaria memoria para recordar hasta el más mínimo detalle relacionado con la vida y obra de Darío y de los escritores con quienes se relacionó no solo en Nicaragua sino en Chile, Argentina, España y Francia. Don José era una fuente inagotable de información precisa y bien documentada, que pronto comenzó a ser consultada por especialistas darianos de Nicaragua y el exterior. Para esa época ya su biblioteca dariana era quizás una de las más completas. De ahí que al fundarse el Museo y Archivo Rubén Darío don José contribuyó al enriquecimiento de su biblioteca con la donación de varias obras sobre Darío.
En ocasión de la conmemoración del cuadragésimo aniversario del Museo y Archivo Rubén Darío se procedió a colocar, con toda justicia, en la Galería de Darianos ilustres de la Biblioteca del Museo, el retrato del más devoto recopilador de la obra dariana, el doctor honoris causa de la UNAN-León, don José Jirón Terán, modelo de hombre esforzado, que se construyó con su propio esfuerzo una modesta fortuna como empresario, e investigador autodidacta de la obra dariana y la literatura nicaragüense.
En 1967, declarado por ley de la República “Año del Centenario del Nacimiento de Rubén Darío”, volví a trabajar en equipo con don José, al formar ambos, parte de la “Comisión Nacional para la celebración del Centenario de Rubén Darío”, que tuvo a su cargo la organización de todas las actividades conmemorativas a tan magno acontecimiento. Formaron también parte de dicha Comisión, entre otros el poeta Pablo Antonio Cuadra, el doctor Edgardo Buitrago, el profesor Guillermo Rothschuh Tablada, el licenciado Eduardo Zepeda Henríquez, don Rodrigo Peñalba y los doctores Juan Munguía Novoa, Gustavo Sequeira Madriz, Julio Icaza Tigerino y Diego Manuel Sequeira. Por su destacada labor como miembro de esta Comisión, don José recibió la Orden Rubén Darío.
Fue ese año de 1967, que en mi calidad de rector de la UNAN, tuve el privilegio de auspiciar la publicación del primer libro de don José: su Bibliografía General de Rubén Darío (julio, 1883-enero, 1967), la más completa hasta entonces publicada. La obra apareció como separata del número especial, en dos tomos, de la revista Cuadernos Universitarios, dedicado a Darío. Después vendría toda la serie de compilaciones y ensayos publicados por don José, algunos en colaboración con otros darianos, que incluyen: Doce poemas inéditos y desconocidos de Rubén Darío (1972), Otros doce poemas inéditos y desconocidos de Rubén Darío (1974), En torno al Himno a Bolívar de Rubén Darío (1980), Investigaciones en torno de Rubén Darío (1981), Bibliografía Activa de Rubén Darío (1980-1983), Diez cartas desconocidas de Rubén Darío (1984), Rubén Darío en la Prensa Mundial (1880-1983).
El autor es educador, académico y escritor. Fue rector de la UNAN-León.