Régimen de Ortega asegura que en Nicaragua hay pleno empleo, aunque casi la mitad es de mala calidad

Informe del Inide detalla que en Nicaragua 96 de cada cien nicaragüenses están empleados, sin embargo, la gran mayoría de esos empleos son en el mercado informal

La migración masiva de nicaragüenses, provocada por el incremento de la represión política y la falta de oportunidades, se ha convertido en una importante fuente de ingresos para el país, a través de las remeses. Pero también ha servido para mejorar los índices de empleos. En los últimos dos años la tasa neta de ocupación se ha mantenido por encima del 96 por ciento y la de desempleo abierto por debajo del 4 por ciento. Pese a esta «bonanza», lo que las estadísticas oficiales no pueden ocultar es la mala calidad del empleo, ya que la informalidad ronda el 40 por ciento.

El más reciente informe de resultados de la Encuesta Mensual de Empleo que publica el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide), detalla que en agosto la tasa neta de ocupación a nivel nacional fue de 96.8 por ciento. Dicho porcentaje representa un descenso interanual de 0.1 punto porcentual con respecto al 96.9 por ciento de agosto del 2022. Pero refleja un incremento de 0.1 punto porcentual en relación con julio de 2023. El informe de empleo reporta que en agosto de cada cien hombres 97 estaban empleados. Pero de cada cien mujeres, 96.8 tenían trabajo.

El informe del Inide también detalla que en agosto la tasa de desempleo abierto se ubicó en 3.2 por ciento, que refleja un aumento interanual de 0.1 punto porcentual en comparación con el 3.1 por ciento de agosto del 2022. También refleja un retroceso de 0.1 punto porcentual con respecto a julio de 2023. Según el informe, en agosto el desempleo afectó más a las mujeres. De cada cien hombres solo tres estaban sin empleo; pero de cada cien mujeres 3.4 no tenían trabajo.

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Más nicas con empleos informales

«Cada vez que presentan el informe de empleo generan la misma reacción porque esta tasa de empleo no refleja lo que la realidad muestra porque no es concebible que el 90 por ciento de las personas o el 96 en este caso, tenga empleo y solo el 3 por ciento esté desempleado. Lo que pasa es de que la definición de desempleo es: aquella persona que ha dejado de trabajar y en este momento que se hace la encuesta no está buscando un trabajo», señala el economista y exreo político Juan Sebastián Chamorro.

Para Chamorro esta definición no es adecuada para economías como la de Nicaragua, sino en economías desarrolladas con un mercado laboral formal, donde las personas pierden o renuncian a su empleo y pasan un tiempo sin comenzar a buscar. Pero en los países en desarrollo como Nicaragua, en la mayoría de los casos eso no ocurre.

«En Nicaragua en la mayoría de los casos la gente ni siquiera tiene un empleo, lo que tiene es una actividad económica informal. Trabajan en una finca, un negocio o vendiendo pollos fritos en la acera de su casa o de alguien que los contrató para ayudarle. En esos trabajos además de ganar menos de lo establecido en el salario mínimo, pueden laborar menos que el mínimo legal de horas por semana y eso es lo que se llama subempleo», explica Chamorro.

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Informalidad sigue creciendo

Según la Ley 815 y sus reformas y adiciones, Código del Trabajo, en Nicaragua la jornada ordinaria de trabajo efectivo diurno no debe exceder las ocho horas diarias, ni un total de cuarenta y ocho horas a la semana. La jornada nocturna no debe ser mayor de siete horas diarias ni exceder las 42 horas a la semana. Mientras que la jornada mixta no puede ser mayor a siete horas y media diarias, ni exceder las 45 horas semanales.

Aunque la salida masiva de nicaragüenses ha propiciado que los indicadores de empleo reflejen que muy pocos nicaragüenses están desempleados, la realidad es que la informalidad laboral sigue creciendo. Según el informe, más personas siguen entrando al mercado laboral informal, donde los salarios son todavía más precarios que los del mercado formal y donde se carece de los beneficios de la Seguridad Social.

Los datos del Inide reflejan que en agosto la tasa de subempleo a nivel nacional subió a 42.5 por ciento, es decir, que de cada cien personas que están empleadas 42.5 tienen empleos informales. Dicha tasa también refleja que en agosto la tasa se ubicó en tres puntos porcentuales por encima del 39.5 por ciento que registró en agosto 2022; y de 0.5 puntos porcentuales con respecto a julio de 2023. Con respecto al género, la informalidad afecta más a los hombres. En agosto la tasa de subempleo para los hombres fue de 44.8 por ciento mientras que la de las mujeres se ubicó en 39.9 por ciento.

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Mayor informalidad en las zonas urbanas

Al desagregar el indicador por ubicación, la tasa refleja que en las áreas urbanas, de cada cien personas con empleo 45.4 laboran en el mercado informal. Esto varía en Managua donde 44.1 de cada cien empleados son informales. Mientras tanto, en las zonas rurales la proporción es menor. De cada cien trabajadores 38.3 pertenecen al mercado laboral informal. El trabajo por cuenta propia también creció en agosto cuando la tasa se ubicó en 35.5 por ciento, superior en 0.2 puntos por encima del mes anterior.

El reporte oficial también indica que en agosto las actividades con mayor participación del mercado laboral fueron: el sector agropecuario, caza, silvicultura y pesca empleó a 27.2 de cada cien empleados; el comercio a 20.8 de cada cien; servicios a 20 de cada cien; y la industria manufacturera a 10.3 de cada cien. Esto significa que en conjunto las cuatro actividades emplearon a 78.3 de cada cien ocupados.

Para Chamorro las estadísticas del Inide maquillan la realidad, porque la fuga de asegurados del INSS es otro indicador de la pérdida de empleos. «Porque si estuvieras en una situación de pleno empleo, como indican las estadísticas, el Seguro Social no estaría perdiendo afiliados, sino en sus máximos niveles de afiliación… Entonces si hay una situación de tanto empleo en Nicaragua, por qué se están yendo los cotizantes activos del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) y la razón es por el aumento en el subempleo, que es básicamente un trabajo informal», señala Chamorro.

¿El Inide maquilla la cifra?

El economista aclara que optar por una fritanga o cualquier otro tipo de negocio en el hogar luego de perder el empleo no tiene nada de malo. Sin embargo, esa persona ganará menos y seguramente no podrá afiliarse como trabajador por cuenta propia en el INSS y por tanto perderá los beneficios de la seguridad social. «Y eso es lo que sufre una gran parte de los trabajadores nicaragüenses… sería interesante saber cómo está el subempleo en los demás países centroamericanos», expone Chamorro.

Chamorro considera que el Inide maquilla las cifras, no solo para aparentar que la tasa de empleo es alta, sino también para mermar la realidad de la informalidad. «En todo caso, 40 por ciento de subempleo es enorme. Estás hablando de casi la mitad de tu fuerza laboral, aunque yo creo que más del 50 por ciento de la fuerza laboral que gana menos que el salario mínimo o trabaja menos que el mínimo requerido», lamenta.

Diversos recuentos exponen que en los últimos años Nicaragua ha perdido más de medio millón de trabajadores de su fuerza laboral, debido a la migración, principalmente hacia Estados Unidos y Costa Rica. Eso ha empujado la llegada de remesas hasta niveles máximos históricos. En 2017 los envíos desde el exterior sumaron 1,390.8 millones de dólares, pero en 2022 alcanzaron 3,224.9 millones; y entre enero y agosto de 2023 totalizaron 3,033.7 millones de dólares.

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