En ocasión que en el año 2024 la ciudad de León va a cumplir quinientos años de su fundación, considero oportuno volver a escribir sobre los trabajos que condujeron a la relocalización de las ruinas de León Viejo, a pesar de que sobre esto publiqué otro artículo en LA PRENSA el sábado 19 de agosto del año en curso.
En mi opinión, León tiene toda la razón en prepararse para la celebración de sus quinientos años de fundada, ya que para mí hay una continuidad jurídica, histórica y espiritual entre León Viejo y la actual ciudad de León que es la misma que fundara en 1524 el conquistador español Francisco Hernández de Córdoba.
Esta es la razón por la cual me permito volver a contar cómo fue la relocalización de las ruinas de León Viejo, y lo hago como un aporte a la conmemoración antes dicha.
“No hay camino. Apenas una trocha por donde avanza con sobresaltos un jeep. Ahí van cuatro jóvenes parejas. No hay sendero. Apenas bejucos aplastados bajo las patas de las bestias, burros y mulas que lo mantienen abierto. Alguna vez por ahí pasaron los rieles del tren que iba de La Paz Centro hasta Puerto Momotombo. Ya no están. Si llueve, el polvo se convierte en barro. Si llueve, el jeep se puede quedar varado ahí. Y con él los aventureros”… “Entre esos aventureros está un hombre al que en estos días de 1967 el régimen de Somoza considera un conspirador”…
Así describe la escritora Sabrina Duque en su libro Volcánica, la primera visita que hicimos a lo que fue en una época el Puerto de Momotombo del Lago Xolotlán. Quienes viajábamos en ese jeep éramos el doctor Edgardo Buitrago y su esposa la poeta Mariana Sansón Argüello, el doctor Alejandro Serrano Caldera, el doctor Alfonso Argüello Argüello y mi persona con mi esposa Rosa Carlota.
En esa primera visita conversamos con varios habitantes de la actual ciudad que en épocas pasadas había sido la capitanía del puertecito de Momotombo hasta donde llegaba la línea férrea que partía desde La Paz Centro. En esa capitanía, cuando las líneas férreas no se habían extendido hasta Managua, los pasajeros del tren con destino hasta la capital se embarcaban en unos ferris que los llevaban hasta el lugar donde más tarde se construyó la estación del tren de Managua.
Varios de nuestros interlocutores nos repetían la leyenda, según la cual, las ruinas de la antigua ciudad de León Viejo estaban sumergidas bajo las aguas del Lago Xolotlán y afirmaban que habían pescadores que cuando estaban en sus faenas en el lago habían escuchado el repique de las campanas de la Catedral de León Viejo sumergidas en las aguas del lago. Esto era pura fantasía de la fecunda imaginación de estos pescadores, sin embargo, historiadores muy serios sostenían la misma tesis de la ciudad sumergida en el lago.
Posteriormente, el miércoles 26 de abril de 1967 hicimos una segunda visita a la región del Puerto de Momotombo, esta vez en compañía del ingeniero Francisco Pereira Baldizón y del administrador de la hacienda “ElDiamante”. La búsqueda resultó infructuosa, porque el ingeniero Pereira Baldizón no pudo localizar el sitio donde había estado con Cuadra Cea, en 1931. Decepcionados, nos fuimos a refrescar a una humilde vivienda, donde observé un brocal de pozo y un horno hechos con ladrillos diferentes a los que se fabrican en La Paz Centro. Pregunté de dónde procedían esos ladrillos tan grandes y nos dijeron que de una “huaca” ubicada en un potrero. Pedí que nos llevaran al sitio y ellos nos llevaron, al grupo universitario, directamente hasta un potrero donde había un montículo de ladrillos de barro dispersos. Era la “huaca de ladrillos”, de donde los extraían para hacer hornos y pozos. Cuando observé esos ladrillos, noté nuevamente su diferencia con los que actualmente se fabrican en La Paz Centro. De inmediato decidimos excavar en el sitio de la “huaca” y fueron apareciendo los muros de lo que desde el primer momento supusimos que eran los muros de la iglesia de La Merced de León Viejo. En mi libro: Memorias de un ciudadano incluyo fotografías de este momento.
Localizado el montículo de ladrillos que antes mencioné, se vio que el sitio donde se encontraba ofrecía el aspecto del asiento de una ciudad, ya que a simple vista podía descubrirse el trazado de calles y varios otros montículos que por su forma hacían sospechar que correspondían a edificaciones de forma más o menos regular. La circunstancia de que el potrero había sido objeto de una quema reciente favoreció el descubrimiento. Se decidió excavar tentativamente uno de los muchos montículos de figura cuadrilátera que se observaban al suroeste de Puerto Momotombo, junto al pueblo; y comenzamos a descubrir los vestigios: primero materiales dispersos, luego muros de ladrillos de tapia, luego verdaderos recintos de edificaciones reconocibles.
Las excavaciones estuvieron al principio a cargo de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. Posteriormente el Congreso de la República por decreto No.1343 del 5 de agosto de 1967, las declaró de interés nacional, creando una comisión, presidida por el rector de la UNAN, encargada de dirigirlas y asignando fondos especiales para la obra. El secretario de la comisión era el ingeniero Miguel Ernesto Vijil Icaza. En las excavaciones que entonces se hicieron dirigidas por el doctor Alfonso Argüello Argüello se descubrieron las ruinas de varios edificios importantes; dos de ellos evidentemente fueron iglesias, por la disposición de sus secciones, los otros parecen haber sido residencias de personas prominentes. Los primeros cuatro edificios fueron identificados como “Iglesia de La Merced”, “Catedral”, “Palacio del Gobernador” y “Casa de Gonzalo Cano”.
Esta es la verdad histórica de cómo tuvo lugar la relocalización de las ruinas de la antigua capital de la gobernación de Nicaragua en tiempos de la colonia española. Aquí se cumplió la famosa frase de Einstein: “En los momentos de crisis la imaginación es más importante que el conocimiento”.
El autor es educador, académico y escritor. Fue rector de la UNAN.