¡Conmemorar sí, pero celebrar no!

Hoy cumple Nicaragua 202 años de haberse independizado de España después de tres siglos como colonia española. Se emancipó junto con los cuatro otros países que integraban la Capitanía General de Centroamérica o el “Reino” de Guatemala: Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Honduras.

En países que fueron colonias, el día de la independencia es motivo de celebración. Y en muchos casos esa celebración se justifica. Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelandia, por ejemplo, son ex colonias británicas que han efectuado la transformación de colonia a países independientes exitosamente. No solo lograron su independencia sino que gozan de democracia, prosperidad económica y son Estados de derecho.

La mayoría de los países latinoamericanos –como Brasil, Costa Rica, Chile, México, Panamá y República Dominicana, también celebran —y ameritan celebrar— su independencia aunque su peregrinación como naciones independientes no ha sido ni fácil ni ininterrumpida. En el caso de Nicaragua, a como lo saben todos los amantes de la historia, nuestra odisea como país independiente ha sido infeliz. Hemos pasado por guerras civiles, intervenciones externas, dificultades económicas, catástrofes naturales como, por ejemplo el huracán Mitch y por dictaduras como la de Murillo y Ortega que tenemos ahora.

La actual dictadura nicaragüense ha sido especialmente nefasta. En primer lugar, contrario a la anterior —la somocista— se da en un momento en que una amplia mayoría de los gobiernos del hemisferio occidental son democracias. Por ende, tener una dictadura en Nicaragua es un gran pasivo. No estamos en la mayoría del concierto de naciones hispanoamericanas políticamente. Y esto pone en evidencia nuestro subdesarrollo político.

 La dictadura Murillo-Ortega cuenta con todas las características de las dictaduras del pasado. Es corrupta, ha emasculado al Estado de derecho que “heredó” cuando tomó el poder en 2006. Además, tiene cero respeto para los derechos humanos y la democracia y no oculta sus pretensiones dinásticas. Finalmente, la dictadura tiene a Nicaragua en el sótano económico de Latinoamérica y no tiene la capacidad para sacarla de ese sótano, ni de su extrema pobreza

La mayoría de las características que enumero en el párrafo anterior son bien conocidas por el pueblo nicaragüense. Sin embargo, hay algunas personas que piensan que Nicaragua está saliendo del subdesarrollo económico agudo en que se encuentra y que esto se debe a la dictadura. ¡Esto es falso! y abajo explico el porqué.

Primero, sin embargo, aclaro que mi análisis se basa en datos recientes generados por las instituciones Bretton Woods, a como se conocen el Banco Mundial y el Fondo Monetario por haber sido fundadas a finales de la Segunda Guerra Mundial en un hotel en las montañas de New Hampshire de Estados Unidos y llamado Bretton Woods. Ambas instituciones les dan seguimiento continuo a sus países miembros, incluyendo Nicaragua y sus cifras son confiables.

Segundo, también aclaro que comparo a los datos de Nicaragua con los de Haití, el empobrecido país que comparte la Isla Española con la República Dominicana y que es, para efectos prácticos, un país africano. He escogido a Haití como un punto de referencia porque es generalmente considerado como el país más subdesarrollado del hemisferio y porque algunos compatriotas me insisten que, aunque Nicaragua es subdesarrollado, no lo es tanto como Haití porque nuestra economía es más grande que la haitiana.

Tercero, en mi comparación entre Nicaragua y Haití, me baso en el producto interno bruto (cuya sigla es PIB) para ambos países. Según Google, “el PIB se define como el valor de todos los bienes y servicios producidos por un país, normalmente en un año. Es un indicador que se utiliza para conocer la riqueza que genera un país.”

Cuarto, ¿qué dicen el Fondo Monetario y el Banco Mundial en cuanto al PIB de Nicaragua y Haití en 2022? Ambas instituciones estiman que el PIB de Nicaragua era US$15,7 mil millones ese año y que el de Haití alcanzó 21,5 mil millones. Es decir, el PIB de Haití era US$5,8 mil millones más alto que el nuestro. ¡En términos porcentuales, la economía de Haití es 37 por ciento más grande que la nuestra! Con solo esta cifra, se entierra el ¨consuelo de tonto¨ de que al menos Nicaragua no es tan pobre como Haití.

Quinto, el Fondo Monetario también señala que nuestra economía creció 4 por ciento en 2022 y pronostica que este año crecerá 3 por ciento. Para un país tan pobre como el nuestro, este ritmo de crecimiento es inadecuado a como lo es el manejo que el gobierno le da a nuestra economía. Seamos claro, ¡en la medida que hay crecimiento, se debe en gran parte al chorro de remesas que recibe Nicaragua y que se acercan a US$2 mil millones anualmente!

Concluyo con un último pensamiento. El desempeño de nuestra economía es poco alentador, con todo y las remesas. Nicaragua tendría que duplicar su crecimiento económico para escaparse del sótano latinoamericano. Y para eso tendría que atraer nuevas inversiones extranjeras y promulgar más inversiones por parte de nicaragüenses. Pero con la dictadura Murillo-Ortega que tenemos y el clima de inversiones que ellos han creado ¿cuán factible es que alcance Nicaragua el nivel de crecimiento que necesitamos?

Ahora entienden por qué digo que podemos conmemorar nuestra independencia este 15 de septiembre, pero no tenemos nada que celebrar.

El autor fue director del Banco Mundial y presidente de la Comisión Económica en la Asamblea Nacional.

Opinión
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí