Un reciente artículo publicado en el sitio web del canal conservador Fox News informa sobre los destrozos causados por personas sin hogar en Casper, la segunda ciudad más poblada del estado norteamericano de Wyoming.
El artículo señala que los desamparados “destruyeron” un motel abandonado, causando daños por millones de dólares, y dejaron cientos de libras de excrementos en calles del centro de la ciudad. “Es algo que nunca hemos visto —dijo el alcalde de Casper, Bruce Knell—. Es algo propio del Tercer Mundo sucediendo aquí”.
Knell afirmó que una parte de la población de desamparados en su ciudad, por problemas mentales o por consumo de drogas, rehúsa seguir las normas de la sociedad y, en esos casos, el refugio local para personas sin techo no los acepta. Entonces quedan en la calle, causando daños y problemas.
La situación en Casper es un episodio más de la crisis de los homeless, las personas sin hogar, en Estados Unidos, una crisis que se ha agravado. Según el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) de Estados Unidos, en 2022 había más de medio millón de personas sin vivienda en el país, aunque el número podría ser mayor, ya que es difícil contar a esa parte de la población.
Los conservadores tratan de convencer a la gente de que las causas de la indigencia son los trastornos mentales y, especialmente, el alcoholismo y el consumo de drogas. Pero los expertos opinan que se exagera el vínculo entre las sustancias prohibidas y el desamparo, y que la causa principal de que haya personas viviendo en la calle es el alto costo de la vivienda. “La mayoría de las personas en situación de calle están en la calle por factores económicos”, afirmó Melissa Chinchilla, investigadora de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), citada por el sitio web de verificación de información Factchequeado.
Según HUD, en 2022 el 21 por ciento de la población desamparada sufría un trastorno mental serio y el 16 por ciento un trastorno por uso de drogas. Las cifras oficiales echan por tierra lo que los conservadores quieren hacer creer: que el desamparo se debe al consumo de narcóticos y a problemas mentales. Es al revés: quedarse sin techo, verse arrojado a la calle, es lo que lleva a muchos desamparados a buscar un alivio a su penuria en el consumo de alcohol o de drogas. Es el disparado costo de los alquileres residenciales el que priva de un hogar a centenares de miles de personas en la nación.
Mientras el gobierno no decida resolver el problema mediante —entre otras acciones— la construcción de viviendas para personas de escasos recursos y para trabajadores que ganan sueldos bajos y que están en peligro de quedar en la calle, la crisis de los desamparados se mantendrá y muy probablemente se agrave. Lamentablemente, por ahora no se atisba a nivel nacional una voluntad de invertir fondos públicos para socorrer en serio y con eficacia a los desposeídos. [FIRMAS PRESS]
El autor es un escritor y periodista radicado en Miami. Su novela más reciente es La espada macedonia, publicada por Mundiediciones. Y acaba de publicar un libro sobre la pandemia del COVID-19, titulado Una plaga del siglo XXI, a la venta en Amazon.