Bismarck López Vargas, sastre nicaragüense reconocido en Costa Rica. Óscar Navarrete/ LA PRENSA©.

El nicaragüense de origen campesino que se convirtió en un sastre reconocido

Creció abandonado por sus padres y su refugio fue la sastrería. Salió de Nicaragua en busca de mejores oportunidades y tras varios años de fracasos pudo montar su propio negocio desde donde ha confeccionado para actores, deportistas, periodistas y presentadores de televisión.

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Los trajes hechos por Bismarck López Vargas han llegado a pasarelas de Austria, España, Noruega, Alemania y Estados Unidos. Todos, dice él, además de ser diseñados, han sido confeccionados por él mismo desde su Sastrería Estilos. “Diseño lo que el cliente busca, no lo que yo sé”, comenta este sastre nicaragüense de 51 años.

Bismarck lleva 38 años trabajando como sastre. Empezó este oficio en Estelí y ahora vive en Alajuela, Costa Rica, en donde ha montado su propio negocio y según cuenta, ha vestido a embajadores, alcaldes, periodistas, presentadores de televisión, futbolistas, actores, boxeadores y personajes de la farándula tica.

Recientemente, uno de los porteros  de la selección de Costa Rica, Kevin Chamorro, agradeció en sus redes sociales el diseño de un traje que Bismarck le hizo para asistir a un evento de gala. De igual manera, algunos presentadores de televisión lo han recomendado en televisión abierta.

Bismarck es nicaragüense. Llegó a Costa Rica hace 30 años cuando era un joven buscando mejores oportunidades laborales tras el nacimiento de su primer hijo y con el tiempo se fue abriendo camino hasta poner su propia sastrería.

Bismarck López en su sastrería junto a los trajes que él mismo ha diseñado y confeccionado. Óscar Navarrete/ LA PRENSA

De Matiguás

Bismarck López Vargas nació el 2 de diciembre de 1971 en Matiguás. “Casi todo el pueblo es familia mía”, comenta, pues su abuelo tuvo 58 hijos y uno de sus tíos tuvo 52, de manera que en ese pueblo, dice, muchas personas tienen que ver con él.

En Matiguas, Bismarck creció en medio de una familia sumergida entre la pobreza y el alcohol. “Crecí en el campo sembrando frijoles, maíz, chayote, quequisques, yucas, pero crecí en una familia con problemas de alcoholismo y a los cinco años me abandonaron mis papás”, relata.

Sus dos padres tomaban alcohol y no se hacían cargo de sus hijos. Bismarck, el tercero de cinco hermanos, se iba a buscar comida donde familiares, conocidos, y a veces le tocaba comer de la calle o subía los cerros para buscar comida de los árboles. “Me metía al bosque y agarraba una raíz y eso era desayuno, almuerzo y cena. Era como mi rutina”. Tampoco iba a la escuela.

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Bismarck dice que su infancia fue muy dura, hasta que a los trece años, convencido de que tenía que buscar cómo trabajar para ganar dinero y comer, le pidió a su padre que lo fuera a dejar donde su abuela y tíos en Estelí, quienes tenían negocios de sastrería y zapatería.

Bismarck López frente a su negocio en Alajuela, Costa Rica. Óscar Navarrete/ LA PRENSA

Su padre lo llevó y, apenas llegó con su familia paterna, se puso a aprender sastrería y, a su vez, empezó a estudiar el preescolar. “No sé si me gustaba o no, pero fue lo que me encontré”, relata el hombre, quien terminó por aprender todo lo que necesitaba saber sobre el oficio junto a sus familiares hasta que fue capaz de empezar a ganar dinero por su cuenta.

En los estudios, Bismarck cuenta que le iba muy bien los primeros años. Tenía buenas notas y era un estudiante destacado, pero pronto caería en el vicio del alcohol junto a otros compañeros y amigos. Cuando estaba en segundo grado de secundaria y tenía 20 años, dejó los estudios porque nació su primer hijo, Junior, y tenía que hacerse cargo de él.

Costa Rica

Bismarck llegó a Costa Rica el 28 de octubre de 1993. Para entonces tenía 21 años y ni un peso en el bolsillo. El hombre cuenta que le tocó caminar desde Cárdenas, en Rivas, hasta Liberia, Costa Rica. Fueron unos 90 kilómetros en los que el hombre iba tratando de encontrar trabajo como sastre, pero no tuvo suerte.

En Liberia le dijeron que se fuera para Alajuela, que ahí seguro encontraba trabajo como sastre. A como pudo, consiguió raid para llegar hasta esa ciudad y dio con una sastrería. Entró, saludó amablemente, se presentó y dijo que tenía ocho años de experiencia como sastre, pero nadie le creyó porque lo miraron muy joven.

–Deme un pantalón y yo se lo arreglo sin problemas – insistió

–No joven, no me haga perder mi tiempo

Bismarck continuó buscando, pero en lugar de encontrar trabajo como sastre, consiguió como cortador de café. Estuvo en una finca cafetalera de Alajuela por cinco meses, hasta que un día, conoció a un hombre que tenía una sastrería y él, sin pensarlo dos veces, ofreció sus servicios. El hombre aceptó.

Ciertamente, dice Bismarck, la experiencia que había adquirido con sus familiares en Estelí le sirvió para competirle a otras personas que se dedicaban a este oficio y eso le permitió ir escalando hasta que el dueño de aquella sastrería lo dejó al frente del negocio.

Los diseños de Bismarck López han llegado a pasarelas de Europa y Estados Unidos. Óscar Navarrete/LA PRENSA

Para 1995, Bismarck tenía sus ahorros y sentía que podía montar su propio negocio de sastrería. Sin embargo, ese primer intento fue un fracaso. No pudo sostenerlo. Tuvo que cerrar y volver a trabajar con el hombre que lo había empleado anteriormente.

Bismarck no se rindió. En los siguientes años intentó poner su sastrería en cuatro ocasiones más, pero también fracasó. Principalmente por falta de plata o mala administración.

Estilos

Para inicios de los 2000, Bismarck estaba sumergido en una depresión profunda, sobre todo por sus fracasos empresariales. No dormía y se la pasaba consumiendo alcohol. “Yo como que había tocado fondo”, recuerda.

Después se asoció con otros dos excompañeros de trabajo para montar una sastrería. Pensó que si no había podido solo, tal vez con un par de socios sí podría. El problema era que Bismarck no estaba del todo recuperado de su depresión y terminó peleándose con los otros dos hombres. Al final, le dieron dos millones de colones y quedó fuera del negocio. “Dos millones, y era un negocio de 30 millones”, lamenta.

Bismarck ya sumaba seis fracasos y varios años sin poder montar su sastrería, pero con los dos millones que le habían dado sus antiguos socios, decidió empezar nuevamente de cero. Compró un terreno donde funcionaba un parqueo y ya recuperado de la depresión, empezó a trabajar por dos años seguidos hasta ahorrar lo suficiente para levantar una pequeña casa.

Bismarck junto a su hijo Junior. Óscar Navarrete/LA PRENSA

Ahí puso una nueva sastrería y empezó a vivir con su familia. Para Bismarck, la séptima fue la vencida. El negocio prosperó y con el tiempo se fue dando a conocer.

En la actualidad, el local de Bismarck tiene tres plantas. El primer piso está dedicado al negocio y para atender a los clientes. En el segundo se almacenan varios trajes de novia y vestidos que el mismo Bismarck ha diseñado y confeccionado. Y en el tercero habita con su familia.

Todos sus colaboradores son nicaragüenses y dos son costarricenses. Bismarck dice que él ya está pensando en su retiro para dejar que su hijo mayor, Junior, y el resto de colaboradores asuman las riendas del negocio, pero sin bajar la calidad de los diseños.

La Prensa Domingo Costa Rica Nicaragua archivo

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COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

    Que hermosa historia como siempre la fuga de talentos que tanto nos falta ,ay nicaraguita cuando vas aprender

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