Zachary Wysopal González junto a su madre Belkis González. El niño fue raptado por su padre hace cuatro años. CORTESÍA

El drama de Belkis González y su hijo raptado que apareció en una isla al otro lado del mundo

Su expareja se llevó a su hijo con engaños y ya tiene cuatro años de no verlo. El hombre se lo llevó a viajar en un velero. Estuvieron desaparecidos en altamar por más de dos meses y recientemente aparecieron en Samoa

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El domingo dos de julio de 2023 a las 6 de la tarde, una llamada le regresó la esperanza a Belkis González.

–Tu hijo está vivo – le dijo una mujer de la Guardia Costera de Estados Unidos a través del teléfono.

Hasta entonces, esta mujer de San Juan del Sur, estaba imaginándose lo peor después de que dos meses atrás, fuera informada que su hijo Zachary Wysopal González de 13 años, había desaparecido junto a su padre David Wysopal, quien desde 2019 se había llevado al menor sin permiso de la madre y decidió cruzar el océano pacífico en su velero para llegar a alguna isla de Oceanía.

Belkis solamente pudo hablar con su hijo tres días después cuando el niño le hizo una videollamada a través de Facebook. Habían llegado a Samoa Americana y el niño estaba sano y con buena salud, según le confirmó la Guardia Costera. Desde entonces, Belkis solamente ha podido hablar con su hijo en tres ocasiones porque el padre no le permite que la llame.

David Alan Wysopal junto al niño Zachary durante los primeros meses del viaje, cuando el hombre prometió regresar al menor. CORTESÍA

A pesar de que el niño ya no se encuentra desaparecido, Belkis considera que el peligro no ha acabado para él. “Él anda al niño en un estado de secuestro porque él no le permite decirme dónde está”, dice. Las veces que han hablado han sido a través del Facebook de David. “El papá parece que le da permiso (de hablar con la mamá), pero siempre monitoreado y tiene prohibido decir en dónde está o qué van a hacer. Nada de esa información”, explica Belkis.

Sin embargo, ahora que las autoridades de Estados Unidos le confirmaron que está en Samoa, ella quisiera ir allá a buscar a su hijo, pero como es territorio de ese país, no puede viajar porque no tiene visa. Trató de gestionar una visa de emergencia, pero se la negaron. “Lo ideal fuera que yo viajara a Samoa y ahí ir con la Policía de Samoa a donde están ellos”, insiste, y agrega que le urge recibir asesoría legal para encontrar una manera de reencontrarse con su hijo, ya que el padre del menor no se lo quiere regresar.

Violencia

La historia de Belkis comienza en 2008 cuando conoció a David Alan Wysopal. Él era un estadounidense que llegó a Playa Maderas, en Rivas, hace más de 20 años. En San Juan del Sur, el hombre era bastante conocido y según Belkis, él contaba que llegó a Nicaragua después de que salió de California en un velero navegando por el pacífico.

Durante aquella travesía, una tormenta destruyó su embarcación y el hombre tuvo que buscar tierra y llegó a Costa Rica. Luego, cruzó a Nicaragua en donde se estableció, compró una propiedad y puso un hotel.

Para 2008, Belkis era una jovencita de 18 años que vivía con su madre en una zona rural entre Playa Maderas y San Juan del Sur, y le tocaba caminar varios kilómetros para salir a buscar un bus y llegar a su trabajo en una empresa de telecomunicaciones. Un día, David pasó en su vehículo y le ofreció llevarla, y así el día siguiente y varias semanas más.

Con el tiempo, él empezaba a cortejarla. Ella era una joven que estaba terminando su secundaria y él le ofreció un trabajo en su hotel. Belkis aceptó y posteriormente inició una relación con el estadounidense, de la cual nacieron dos hijos: Zachary Donald y Grace.

David Alan Wysopal junto al niño Zachary en su velero. El hombre vive en esta embarcación desde hace mucho tiempo. CORTESÍA

Belkis relata que su relación con el estadounidense estuvo marcada por la violencia, el control y la manipulación. Él no la dejaba trabajar, ni estudiar en la universidad. Tampoco relacionarse con sus amigos ni usar un teléfono y pasaba dedicada únicamente al cuidado de los niños.

Después que nació Grace, su hija menor, el hombre la golpeó fuertemente y ella decidió denunciarlo en la Policía. Él estuvo detenido por tres meses y enfrentó cargos por violencia doméstica y violencia sexual en contra de Belkis, pero durante la audiencia, ella negó todo. “Yo no quería que mis hijos crecieran viendo a su papá en la cárcel”, relata.

El hombre salió de prisión a inicios de 2013, se separó de Belkis y empezó a hacer trámites para salir del país, lo cual incluía fijar una pensión mensual para los niños. Sin embargo, Belkis dice que solamente hizo lo de la pensión para poder regresar a Estados Unidos, pues él se desapareció por varios años, no mandó dinero y tampoco se preocupó por ellos.

Belkis, en cambio, relata que nunca le prohibió a sus hijos hablar de su papá ni que tuvieran fotografías de él, y siempre trató de mantenerlos alejados de los comentarios de la gente del pueblo, sobre todo de quienes hablaban mal de él por haber estado en prisión. Ella se dedicó a trabajar, estudió inglés y terminó la carrera de Administración Turística y Hotelera en 2019.

Belkis y Zachary durante una de las pocas videollamadas que ha podido hacer con el niño. CORTESÍA

Un hombre diferente

Cuando estallaron las protestas de abril de 2018, David Wysopal contactó a Belkis. Dijo que había visto las noticias sobre lo que pasaba en Nicaragua y que estaba preocupado por los niños.

–Si hay guerra, ¿tú qué harás? – le preguntaba a Belkis

Todo ese año, Belkis relata que él estuvo pendiente de los niños, se comunicaba con ellos y se mostraba cariñoso. “Supongo que era una estrategia para ganarse mi confianza y a los niños”, comenta.

Para entonces, Zachary ya tenía sus documentos como ciudadano estadounidense, pero Grace no los tenía, así que David le propuso a Belkis que hicieran la gestión para los papeles de la niña en caso de que las cosas empeoraran en Nicaragua y tuvieran que irse. A Belkis le pareció razonable la propuesta de David, así que aceptó hacer los trámites.

Sin embargo, David no quería regresar a Nicaragua. Belkis supone que tenía temor de ser encarcelado porque jamás mandó dinero para la pensión de sus hijos, además, tenía una demanda por pensión de otra mujer con la cual había tenido otro hijo antes de su relación con Belkis, de manera que el hombre le propuso que mejor hicieran las gestiones en la embajada de Estados Unidos en El Salvador.

Belkis se fue con los dos niños a mediados de 2018 a El Salvador, y ahí se encontraron con David. Ella cuenta que el hombre se comportó amoroso con ellos y quedaron en verse el siguiente año, fecha en que la embajada les había dado una nueva cita para terminar las gestiones.

Cuando regresaron a Nicaragua, el hombre siguió en contacto con Belkis y los niños. Era una persona diferente al hombre violento con el que ella había convivido años atrás. En julio de 2019, viajaron nuevamente a El Salvador y para entonces, el hombre ya estaba viviendo en un velero que se lo había heredado su padre.

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En esa segunda ocasión, David le pidió a Belkis que le prestara a Zachary. Le dijo que lo llevaría de viaje, le enseñaría a pescar y lo cuidaría. En un inicio ella no estaba convencida, pero el niño, que entonces tenía 9 años, estaba muy emocionado por ir con su padre. Finalmente, Belkis aceptó, pero bajo la condición de que David lo llevaría de regreso a San Juan del Sur en dos meses. El hombre aceptó esa condición, pero no la cumplió.

“No veras a tu hijo”

Pasaron dos. Tres. Cuatro. Cinco meses y nada. David no regresaba a San Juan de Sur con el niño y tampoco daba señales de vida. Fue a inicios de 2020 que Zachary le hizo una llamada a Belkis en la cual le hizo saber que estaban en México.

Ella decidió que viajaría para allá de manera irregular para ir a traer a su hijo, pero David le dijo que no se moviera, que él llevaría al niño para Nicaragua y días después zarpó por el pacífico hacia el sur.

Varias semanas después, David llamó a Belkis y le dijo que estaban en Costa Rica. Que no pudo girar antes a Nicaragua porque un vendaval los había empujado hacia el sur hasta que tocaron tierra en ese país.

En esa misma llamada, David le hizo una propuesta.

–Quiero que tú y la niña se vengan con nosotros. Que viajemos en el barco

— ¿Y por qué me estás diciendo esto? si ya tenemos años separados – respondió Belkis

— Vamos. Te prometo que vas a vivir bien. No vas a hacer nada

— No puedo. Tengo mi trabajo. Los niños tienen que estudiar

David siguió insistiendo y ante la negativa de Belkis, se molestó, la ofendió y la amenazó, relata la mujer.

–Tú no verás a tu hijo nunca más – dijo David y colgó el teléfono.

Posteriormente, el estadounidense la bloqueó de todas sus redes sociales y Belkis se quedó sin manera de contactarlo. Ella entró en desesperación. No sabía que hacer y por todos los medios posibles trató de comunicarse con David.

Un par de días después, un amigo que ella tenía en Playa El Coco, Costa Rica, la llamó: “Aquí está tu hijo en Playa El Coco”, le dijo y le puso al niño al teléfono. Ella logró hablar con Zachary y le pidió a su amigo que la mantuviera informada porque iba a ir a traer a su hijo.

Como la frontera estaba cerrada debido a la pandemia del Covid19, Belkis iba a cruzar de manera irregular, pero cuando estaba a punto de irse su amigo la llamó nuevamente.

–Belkis, se fueron. Ese barco anocheció, pero no amaneció.

Secuestro

Belkis trató de buscar ayuda en el Ministerio de la Familia, en Managua. Su denuncia por secuestro fue recibida por un funcionario llamado Marlon Blanco y solicitó una restitución internacional, pero como ella no sabía en dónde se encontraba el hombre con el niño, le explicaron que no podían emitir la alerta a otro país.

Pasaron varios meses hasta que Zachary se contactó con Belkis por Facebook. Estaba nuevamente en México, en un lugar llamado La Paz, en Baja California. A penas supo la ubicación, la mujer alertó al Ministerio de la Familia y adjuntó pruebas de que el niño estaba sufriendo maltrato y no quería estar con el papá.

En uno de los mensajes, Zachary le escribió: “Mamá, vení tráeme. Mi papá me tiró saliva en la cara”.

David Wysopal estuvo detenido en Nicaragua entre 2012 y 2013 por violencia doméstica. CORTESÍA

El 13 de mayo de 2021, la cancillería mexicana respondió un correo del Ministerio de la Familia de Nicaragua en donde dice haber recibido la solicitud de restitución internacional hecha por Belkis y las autoridades de ese país empezaron a buscar al hombre. En otro correo, las autoridades mexicanas informaron que la Policía los buscó en La Paz y no los habían encontrado.

Por otro buen tiempo, Belkis no volvió a saber de su hijo, hasta que recibió otro correo en donde le decían que tenían información que David había salido en el velero rumbo a aguas nicaragüenses, pero eso no fue así, porque en una llamada posterior que tuvo Belkis con su hijo, él le dijo que seguían en México.

Para aquellos días, cuenta Belkis, David le restringía la comunicación al niño y le prohibía que dijera en donde se encontraban. En varias ocasiones, él interrumpía la llamada apenas la mamá preguntaba sobre su ubicación o el niño revelaba algún dato o dirección.

Durante 2022 la comunicación entre ellos dos fue intermitente y hasta abril de 2023, Belkis recibió un mensaje de su hijo que la alertó. “Mamá, me voy por mucho tiempo. Como cuatro o cinco meses. Te amo mucho”. La mujer preguntó que para dónde iban, pero ya no le contestaron más mensajes.

En junio, a Belkis la contactó una familiar de David y le dijo que la Guardia Costera de Estados Unidos quería hablar con ella. Ahí fue donde le dieron la noticia de que su hijo estaba desaparecido en altamar desde hace un mes. Le advirtieron que harían lo posible por encontrarlos, pero que debía hacerse la idea de que cualquier cosa podía pasar.

La última vez que la Guardia Costera tuvo reporte de la ubicación del velero fue el 13 de mayo, a 900 millas náuticas de Naku Hiva, en la Polinesia Francesa. Los buscaron tres días por vía aérea y no tuvieron éxito. El 15 de junio, a Belkis la llamaron nuevamente para decirle que cancelarían la búsqueda y que avisarían en cada isla y gobierno por si alguien los miraba llegar.

Fueron días de mucha angustia para Belkis, hasta que el 2 de julio, una mujer de la base de la Guardia Costera en Honolulú, Hawai, le dijo que habían encontrado con vida a su hijo en Samoa.

¿Desaparecido?

Cuando la Guardia Costera encontró a Zachary, Belkis les pidió que la ayudaran a recuperar al niño. Los funcionarios le dijeron que su trabajo era únicamente de búsqueda y rescate, y que no podían intervenir en otros asuntos, pero le dieron el número de la Policía de Samoa y un correo electrónico para pedir ayuda.

Desde entonces, Belkis ha pasado pegada al teléfono para comunicarse con alguien al otro lado del mundo, pero una contestadora le pide que ponga extensiones y después la dejan en espera. Al correo electrónico, no le responden.

Belkis González junto a su hijo Zachary antes de que su padre se lo llevara. CORTESÍA

Ella cree que David cruzó el pacífico a propósito y dejó de reportar su ubicación para que no lo encontraran, sobre todo porque ambos estaban bien de salud cuando fueron encontrados y porque el estadounidense tiene mucha experiencia navegando.

Cuando su hijo le mandó el mensaje diciéndole que viajaría por cuatro o cinco meses, ella empezó a monitorear a David a través de grupos de viajeros y marineros en redes sociales, y se encontró con una foto de un amigo de él que decía: “el capitán David en su camino a Fiyi”.

“Eso de la desaparición para mí es extraña”, dice Belkis. “Si sus amistades decían eso, es porque él planeó su viaje y habló con sus amistades y les dijo para donde iba”. Según la mujer, en esos grupos de marineros se decía que el hombre cruzaría el pacífico e iba hacia Samoa, Fiyi o las Islas Polinesias.

Ella más bien sospecha que David quería llevarse al niño lejos de la región para que no lo encontraran tan fácilmente.

La Prensa Domingo Estados Unidos México Nicaragua archivo

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