Edwin Hernández Figueroa erun teniente del departamento de antinarcóticos, pero desertó en 2019 y el régimen lo acusó de narcotráfico. LA PRENSA

La historia del Policía que desertó y fue desterrado por Daniel Ortega

Desde que era un niño, Edwin Hernández sabía que quería convertirse en Policía y lo logró. Se hizo agente antinarcóticos, pero el régimen lo acusó de narcotráfico cuando desertó y ahora vive desterrado y sin nacionalidad en Estados Unidos.

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A Edwin Hernández le cuesta conciliar el sueño por las noches. Piensa en su esposa, sus tres hijos y sus padres que viven en León y que paramilitares del Frente Sandinista llegan a asediar y ponerles música revolucionaria en frente de su casa. “Le hace la vida cuadritos a mí mamá”, cuenta.

Cuando está a punto de quedarse dormido, lo asaltan los recuerdos de sus días en La Modelo y se despierta asustado creyendo que está preso otra vez. Después de un largo suspiro, este hombre asimila su nueva realidad. No está preso, pero está desterrado, lejos de su familia, de su país y del sueño que tuvo desde pequeño. Quería ser policía.

Edwin tiene 37 años. Fue agente antinarcóticos de la Policía en León, pero cuando estallaron las protestas en abril de 2018 decidió desertar de la institución y grabar un video en donde denunció varias irregularidades. En ese video se le escucha la voz temblorosa y caen lágrimas en su cara.

“Estoy nervioso porque estoy tomando esta decisión. Yo no quiero actuar en contra del pueblo. Acá nos están obligando a hacer cosas. No podemos opinar, o nos meten presos. Nos mandan al Chipote y nadie se da cuenta, la familia no se da cuenta. Les dicen que andamos en misión y nos meten presos. Yo temo por mi vida y por mi familia”, dijo después de mostrar sus grados de teniente, su chip 11633, su carné de Policía, la pistola asignada y su uniforme

Cuando trató de salir del país, fue detenido por sus excompañeros, e irónicamente, fue acusado de narcotráfico por el régimen de Daniel Ortega. Estuvo preso desde el 10 de junio de 2019, hasta el pasado 9 de febrero de 2023, cuando lo subieron a un avión junto a otros 221 presos políticos y lo desterraron hacia Estados Unidos.

Edwin Hernández denunció que en la Policía lo obligaban a hacer cosas con las que él no estaba de acuerdo. LA PRENSA

Un sueño de niño

Desde que era un niño, Edwin sabía que quería ser Policía. “Miraba las películas en la televisión y fui creciendo y me fue gustando como ayudaban a la población”, cuenta desde su destierro.

En la primaria, Edwin fue parte de las brigadas estudiantiles de tránsito y en la secundaria se convirtió en líder de esa brigada del colegio John F. Kennedy, en León, de donde es originario. Como líder, él se encarga de instruir a los estudiantes nuevos que iban entrando a la brigada.

Cuando estaba en quinto año de secundaria, el comisionado Erwin Romero, que en aquel entonces era el jefe de tránsito de León, visitó a los jóvenes de la brigada y les preguntó quién quería ser policía. Edwin levantó su mano sin dudar y Romero lo ayudó a entrar a la academia policial cuando terminó el bachillerato.

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En 2006, Edwin empezó con entrenamiento en la academia y, al mismo tiempo, empezó a estudiar la carrera de Psicología en la Universidad Internacional para la Integración de América Latina (UNIVAL, León), de la cual se graduó en 2011. Posteriormente estudió un posgrado en resolución de conflictos de género.

Mientras terminaba la universidad, Edwin estaba viviendo su sueño de ser policía. Fue enviado por seis años a la delegación policial de Salinas Grandes y posteriormente, fue reasignado en Achuapa.

Por sus estudios en psicología, Edwin también trabajaba con la Dirección de Resolución Alterna de Conflictos (DIRAC), de la Corte Suprema de Justicia, y ayudaba a víctimas de violencia doméstica y a jóvenes con problemas de alcoholismo y drogadicción.

Para 2017, Edwin fue enviado al Departamento de Antinarcóticos en León. Para entonces, ya era teniente, le faltaba un año para ascender a capitán, pero el siguiente año estallarían las protestas de abril de 2018 y la institución para la que trabajaba se convirtió en el principal brazo represor contra los manifestantes.

edwin hernández
Edwin Hernández Figueroa era teniente y fue detenido el 10 de junio de 2019. LA PRENSA/CORTESÍA

Deserción

En los primeros días de las protestas, Edwin fue enviado como refuerzo policial a los municipios de El Sauce, Achuapa, El Jicaral y Santa Rosa del Peñón. En estos lugares hubo protestas, pero no hubo enfrentamientos fuertes con la Policía, cuenta Edwin.

A mediados de mayo de 2018, cuando la cifra de muertos por la represión alcanzaba cerca de las 100 personas fallecidas, Edwin decidió solicitar su baja. Consideraba que la Policía estaba manchada de sangre y que el lema de “Honor, Seguridad y Servicio”, había sido ensuciado. Sin embargo, su baja fue rechazada por el entonces jefe policial de León, el comisionado general Fidel Domínguez.

Algunos de sus superiores le preguntaron que porqué solicitaba su baja.

–Es que quiero estar con mi familia. Ellos me necesitan – se excusó

–Tu familia está bien. No te preocupes por ellos

Después que le negaron la baja, Edwin trató de mantener un perfil bajo para no recibir represalias. Siguió haciendo su trabajo con normalidad y evitaba hablar sobre política. Un día de 2019, Edwin habló con un cura y le dijo que no se sentía bien en la Policía. El religioso le recomendó hacer lo que él pensara que fuera lo correcto, así que tomó la decisión de desertar.

El 6 de junio de 2019, Edwin grabó el video que se hizo viral y en el cual dejaba las filas de la Policía. “Yo, conociendo como son las estrategias de la Policía, me anticipé a los hechos y grabé ese video para dejar evidencia clara de por qué estaba desertando de verdad”, explica.

Cuatro días después, Edwin trató de salir del país junto a un tío, pero cuando llegaron a la frontera con Honduras, los agentes de Migración lo retuvieron y llamaron a la Policía. Frente a las demás personas que hacían fila para pasar el control migratorio, Edwin fue encañonado y obligado arrodillarse. Lo esposaron y se lo llevaron detenido.

Fue trasladado desde El Guasaule hacia Chinandega en donde lo llegaron a traer de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ) y lo llevaron para El Chipote en Managua. Sus excompañeros policías le decían frases como: “quién sabe que va a ser de vos”, “no quisiera estar en tus zapatos”.

Edwin Hernández durante su juicio en el cual fue acusado de narcotráfico. ARCHIVO

Al día siguiente, fue trasladado otra vez para El Guasaule y estaban a unos 200 metros de la frontera con Honduras en una zona montosa. Al llegar, uno de los agentes le aflojó las bridas, de manera que él podía quitárselas por su cuenta, pero otro agente le advirtió: “No hagás nada”.

A Edwin lo llevaron cerca de un muro en donde le pusieron dos kilogramos de cocaína y un bolso negro. Le tomaron fotografías y estuvieron ahí una media hora. “Un oficial de apellido Velásquez se paseaba solo a la par mía, porque los demás estaban retirados, con dos pistolas. Una le sobresalía y prácticamente estaba fácil de arrebatarla”, comenta Edwin, quien cree que los policías querían que él tomara esa arma o que saliera corriendo para cruzar la frontera. “Lo que querían era matarme. Al yo salir corriendo, ellos iban a disparar”.

En la Policía lo tacharon de “traidor”. Le dieron baja deshonrosa, le quitaron sus grados policiales y todas sus prestaciones sociales. “Muchos me llamaron traidor a la patria, pero no saben que lo que yo hice fue por amor a mi patria, a mi país y a mi gente. Por lo que yo entré a la Policía, que es Honor, Seguridad y Servicio”, dice.

Sus días en La Modelo

Tres días después de que lo llevaron a El Guasaule para hacerle fotos con la droga, Edwin fue llevado a juicio. Era un agente antinarcóticos acusado de narcotráfico, y una vez declarado culpable, lo llevaron al Sistema Penitenciario “Jorge Navarro”, mejor conocido como La Modelo.

Lo metieron en una celda con 25 reos comunes. Uno de los guardias que lo llevó le dijo a los otros presos: “Este es un expolicía. Ahí se los dejo”. Inmediatamente, los presos comenzaron a robarle sus cosas y a golpearlo. “Los delincuentes no quieren a los policías. Yo estaba con asesinos, ladrones, violadores, de todo”, cuenta Edwin.

Cada cierto tiempo, los guardias cambiaban a los reos de su celda para que él no estableciera confianza con ellos, y cada vez que llegaban nuevos presos, era una nueva ronda de golpes para Edwin. De tantas golpizas perdió dos piezas dentales.

En la celda, estaba marginado por los presos comunes que lo mandaban a sentarse a comer cerca del hoyo donde defecaban. Él procuraba alimentarse de lo que su familia le llevaba, pero los guardias del penal lo obligaban a comer de lo que ellos le daban. En algunas ocasiones, cuenta Edwin, la comida llevaba gusanos.

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En otra ocasión, a Edwin lo apuñalaron. Ese día, los reos habían recibido visitas y varios empezaron a fumar piedra de crack y a beber chicha, que es una bebida alcohólica artesanal que hacen los presos en la cárcel a base de levadura, arroz y frutas y que la ponen a fermentar.

Cuando a los reos comunes se les acabó la piedra y la chicha, empezaron a robar las cosas que a Edwin recién le habían llevado. Él empezó a defenderse, pero otro reo por detrás lo apuñaló con un objeto cortopunzante.

Luego llegaron los guardias, detuvieron el pleito y llevaron a Edwin a la enfermería. Por suerte la herida fue de dos centímetros de profundidad y no tocó órganos vitales.

Por otro lado, cada vez que sus familiares lo visitaban, eran sometidos a tratos denigrantes. Según Edwin, había guardias mujeres que eran lesbianas y manoseaban a su esposa, a su hermana y a su madre de 61 años. “A mi mamá la hicieron que se desvistiera todita, sin ropa, y ella en llanto, con la presión alta, y yo con una rabia de ver a mi madre así y no poder hacer nada”, cuenta.

Desterrado

Edwin estuvo tres años y ocho meses detenido en La Modelo. La última vez que vio a sus padres fue un día antes que lo desterraran, el 8 de febrero de 2023. Esa fecha, es el cumpleaños de dos de sus hijos, que nacieron el mismo día, pero en diferentes años.

Cerca de la media noche, un funcionario del penal llegó a su celda y lo llamó por sus apellidos.

–Agarrá tus cosas que vas para otro lado.

–¿Para dónde? – preguntó Edwin.

–Que vas para otro lado y punto.

El funcionario lo llevó a un galerón en La Modelo, en donde estaban otros reos políticos. Desde ahí empezó a suponer que serían liberados. En la madrugada, todos los presos que se encontraban ahí fueron llevados a la Fuerza Aérea en donde los esperaba el avión que los llevaría a Estados Unidos.

Edwin recuerda que firmó un papel en donde aceptaba irse del país y una funcionaria norteamericana le dijo: “Estados Unidos le da la bienvenida a la libertad”.

“Yo me sentí aliviado al saber que nos sacaban de esa cárcel”, dice Edwin. Desde entonces, se encuentra en Estados Unidos tratando de continuar con su vida y reencontrarse con su familia.

Edwin Hernández no ha podido ver a sus tres hijos desde que fue encarcelado en 2019. CORTESÍA

Cuando fue detenido, su hijo menor tenía 17 meses de nacido, y ahora el niño está por cumplir cinco años. “Me he perdido mucho de mi niño”, comenta Edwin.

De momento, ha podido conseguir trabajo en una empresa y se encuentra junto a dos hermanos más que salieron al exilio antes que él fuera desterrado. Su hermano mayor se llama Carlos Alberto Hernández y trabajó en la Dirección de Auxilio Judicial. A él le aceptaron su baja en 2018 y se fue a trabajar a Panamá, pero cuando se dio cuenta que Edwin había sido detenido, regresó a Nicaragua y pronto la Policía empezó a buscarlo a él también, de manera que se fue a Estados Unidos.

Su esposa continúa en Nicaragua. Es maestra y cuando Edwin fue detenido la amenazaron con despedirla si continuaba visitándolo en la prisión. Ella no dejó de ir a ver a su esposo y por ello perdió su empleo. Edwin se siente muy agradecido por todo el respaldo que le dio su familia mientras estuvo en prisión.

También dice estar muy afectado psicológicamente, y a pesar de que él es psicólogo, siente que necesita ayuda de otro profesional. También quiere regresar a Nicaragua pronto y sueña con que, una vez que Daniel Ortega salga del poder y la Policía sea reestructurada, él podrá integrarse nuevamente a las filas policiales.

“Es mi sueño desde pequeño y yo siento que nací para eso. Nací para ser policía y servirle dignamente a la población”, comenta.

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