El cardenal en la picota

La expresión “poner en la picota” se dice habitualmente cuando se recrimina públicamente a una persona —con razón o sin ella— por algo que hizo o dijo públicamente. A veces incluso se pone en la picota a alguien porque no hace ni dice lo que quieren sus críticos.

Tal es la situación en la que han puesto al cardenal Leopoldo Brenes algunos medios de comunicación y opinantes políticos opositores en el exilio, por su actitud frente a la situación de monseñor Rolando Álvarez que está injustamente encarcelado y ha sido condenado a más de 26 años de prisión.

Para algunos católicos la actitud del cardenal es de justa y necesaria prudencia, para no dar motivo a mayores desgracias y sufrimientos de la Iglesia. Sin embargo, para sus detractores él  debería protestar enérgicamente contra los ultrajes que se cometen contra la Iglesia y monseñor Álvarez.

Independientemente de quiénes tengan o no la razón, nosotros creemos que para defender a la Iglesia y al obispo cautivo y martirizado no es necesario atacar al cardenal Brenes ni a los otros obispos. Ellos también son víctimas de las agresiones contra la Iglesia aunque no sea en la magnitud extrema que las sufre en sus propias carne y alma monseñor Álvarez; y la que padecen también los sacerdotes que están presos y los que se han debido exiliar.

LA PRENSA no es un periódico confesional; no es vocero de la Iglesia católica ni depende de ella, pero siempre la ha defendido como lo dispuso don Pedro Joaquín Chamorro Zelaya en 1932, cuando se convirtió en el único accionista y propietario de este Diario. Y como lo reafirmó su hijo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien en un editorial publicado el 6 de febrero de 1969 escribió que este periódico es “dirigido por personas que jamás han ocultado su condición de católicos militantes…”

Eso no significó, nunca, que LA PRENSA renunciara a su derecho y obligación como periódico independiente y libre de criticar a la Iglesia católica, lo mismo que a cualquier poder oficial o fáctico cuando de acuerdo con sus propios principios y valores ha creído necesario hacerlo.

Lo que no hacemos es faltar al respeto que merecen la Iglesia y sus representantes, ni poner en un mismo lugar al amigo con el enemigo o adversario, a la víctima con el victimario.

La Conferencia Episcopal de la Iglesia católica tiene derecho a determinar la estrategia y los procedimientos que debe aplicar, siempre y particularmente en la delicada situación que afronta actualmente. La Iglesia no es un partido político ni una organización de la sociedad civil y por tanto no puede ni debe reaccionar públicamente y actuar como estos tienen obligación de hacerlo, de acuerdo con sus objetivos y los intereses que representan.

Nosotros defendemos a monseñor Rolando Álvarez, exaltamos su sacrificio emocionante e inspirador y demandamos su excarcelación y su libertad, sin que para eso tengamos a atacar al cardenal Brenes, ni a la Conferencia Episcopal o cualquiera de sus miembros.

No avalamos todo lo que dicen y hacen los obispos en ejercicio de su derecho y la práctica de su autonomía jerárquica e institucional. Ellos son humanos y como tales pueden cometer errores o equivocaciones, y seguramente los cometen. Pero cuando estimamos necesario criticarlos lo hacemos con el respeto que merecen personas consagradas por la Iglesia católica, a la que pertenecemos y pertenece la mayoría de los creyentes nicaragüenses. Como muy bien dice la frase proverbial española: “Lo cortés no quita lo valiente”.

COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

    lo siento ,pero es un editorial muy desasertado la iglesia escojio el camino de cristo y cristo no fue cobarde lo dejo ahi

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