Fue como un milagro que el niño de 20 meses de nacido se salvara de morir tras el fuerte impacto que una camioneta le propinó a la moto en la que viajaba en medio de sus padres y que salió catapultada.
La mamá, que viajaba en la parte trasera, murió inmediatamente. El papá quedó vivo, pero falleció poco más de una hora después en el hospital Gaspar García Laviana de Rivas, donde el niño recibió los primeros auxilios, para después ser llevado a Managua.
El hombre que causó la desgracia se fue de la escena del desastre, abandonando a las víctimas sin auxiliarlas.
La tragedia ocurrió cerca de las 9:00 de la noche del pasado 21 de marzo de 2023, en el kilómetro 102.5 de la Carretera Panamericana, cuando las víctimas viajaban de Belén a Potosí en una moto color naranja que fue arrollada por una camioneta roja conducida por Daniel Arturo Rosales Frixione, de 38 años de edad, hijo del ya fallecido magistrado orteguista Francisco Rosales Argüello.
Las víctimas mortales, Pedro Joaquín Cubillo Quiroz, de 30 y su esposa Eilish Milagro Mora Torres, de 23, eran un músico y una estudiante universitaria que empezaban a formar su hogar y ya tenían su primer retoño.
El conductor de la camioneta se trata de un hombre que, cobijado por el poder que ostentaba su padre como magistrado judicial, se ha visto involucrado en disputas en bares, agresiones, accidentes de tránsito bajo los efectos de alcohol o drogas, y nunca había caído preso.
Esta vez, ya sin su padre fallecido hace dos años, Daniel Arturo está preso y dentro de un proceso judicial.
Las víctimas
El día que murió, Pedro Joaquín Cubillo Quiroz tenía día libre en su trabajo, en una zona franca ubicada en el kilómetro 109.5 de la Carretera Panamericana, en Rivas. Pero, se levantó antes de las 5:00 de la mañana y se puso a lavar ropa en la lavadora porque su esposa, Eilish Milagro Mora Torres había amanecido con tos y otras dolencias.
Cubillo Quiroz, quien tenía a su familia en la casa de sus padres, hizo café y le ofreció al resto a medida que estos se levantaban, comentando que ese día quería ver la final del Super Clásico Mundial de Béisbol entre los equipos de Estados Unidos y Japón.
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Más tarde, esa misma mañana, Cubillo Quiroz vio como su papá paseaba en moto a su niño de 20 meses de nacido por las calles de Apompuá, en Potosí, Rivas, donde reside la familia.
El joven no pensaba salir de la casa ese día, pero, por la tarde, los planes cambiaron, porque su esposa se sintió mejor de salud y le pidió que fueran a Belén, en la moto, para que allá vieran el juego de béisbol con su primo Yeison Abiud Torres y la esposa de este último.
Cubillo accedió porque era muy amigo de Yeison Abiud Torres, pues trabajaban en la misma zona franca y también ya tenían 12 años tocando en un grupo musical al que le pusieron Los Perchas. De hecho, a través de su amigo fue que Cubillo Quiroz conoció a su esposa.

Mora Torres era costarricense, pero, hace seis años, cuando tenía 18 años de edad, dejó de vivir en su país y se trasladó a vivir a Nicaragua, en Belén, Rivas, donde su abuela materna, en la misma casa en que también vive Yeison Abiud Torres, quien la presentó con Cubillo Quiroz y se hicieron novios.
Poco después, se casaron y tuvieron un hijo que hoy tiene 23 meses de edad. Además, mientras él trabajaba, la muchacha iba a la universidad.
Quienes conocieron a Cubillo Quiroz lo describen como un joven amable, trabajador, popular y servicial. Cuando no trabajaba en la zona franca, salía a cantar con el grupo cualquier música que el público pidiera: merengue, salsa, boleros. Todo. Cantaba hasta en las iglesia y lo hacía muy bien, dicen fuentes consultadas por la Revista DOMINGO.
El día de la tragedia, el matrimonio se fue con el niño a Belén, a la casa de Yeison Abiud Torrres, que está detrás de la delegación policial de ese poblado. Ahí cenaron y vieron el juego. Poco antes de las 9:00 de la noche, partieron de regreso a Apompuá, pero antes pasaron por una gasolinera que está a la salida del pueblo y luego se enrumbaron a Potosí.
Momentos después, Yeison Abiud Torres recibió una llamada en la que le decían que sus parientes habían tenido un accidente y llegó a la escena de la tragedia 12 minutos después, encontrando a su prima muerta y al esposo y al niño se los habían llevado al hospital Gaspar García Laviana de Rivas.
Daniel Rosales Frixione
Ese mismo día, Daniel Arturo Rosales Frixione consumió cocaína y marihuana, según comprobaron después exámenes de sangre realizados por la Policía. Al caer la noche, partió de Managua junto a su amigo y chófer Melvis Meléndez y se dirigieron a una fiesta de cumpleaños en San Juan del Sur.
Desde que era joven, Daniel Arturo tenía problemas con las drogas, especialmente después de la muerte de su madre, en agosto de 2003, la ex subcontralora Claudia Frixione, quien falleció de cáncer en la garganta, dejando viudo al entonces magistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), Francisco Rosales Argüello y huérfanos de madre a los tres hijos que procrearon: David Salomón, Daniel Arturo y Leonardo José.
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En ese entonces, Daniel Arturo solo era un joven de 19 años de edad.
Tras enviudar, el magistrado Rosales Argüello no les prestó mucha atención a sus tres hijos, explica una fuente que fue allegada a la familia, especialmente después de que el judicial se volvió a casar, esta vez con una hermana del diputado orteguista Edwin Castro, de nombre Ruth Castro.
“Esos muchachos quedaron a la deriva”, expresa la fuente.

Los tres hermanos Rosales Frixione comenzaron a crearle problemas al padre, ya que constantemente se veían en pleitos en bares, donde lesionaban a otros jóvenes para luego buscar la protección del padre que les garantizaba impunidad.
En febrero de 2006, Daniel y su hermano Leonardo Rosales Frixione agredieron en la salida del bar Hipa Hipa, en Carretera a Masaya, a los jóvenes Guillermo Benavente y a su amigo Rodrigo Aguirre Pereira.
El entonces magistrado Francisco Rosales justificó a su hijo diciendo que todo había sido un “pleito de chavalos” y que no tenía nada que decir. La Policía argumentó que un amigo de los Rosales Frixione también había sido golpeado y que se trataba de un caso de lesiones mutuas. El caso no pasó a los juzgados.
La única ocasión en la que Daniel Rosales Frixione sí tuvo que acudir a los juzgados fue en el año 2008, en el juzgado Octavo Local de lo Penal de Managua, pero fue para una mediación, y así no ser acusado de lesiones graves.
En esa ocasión, luego de estar ingresado en un centro de rehabilitación para adictos en Costa Rica, regresó a Nicaragua y agredió y le rompió la boca al joven Manuel Alejandro Díaz Medrano, hijo del ahora excarcelado político Mauricio Díaz.
El joven Díaz Medrano fue llevado de emergencia al hospital Vivian Pellas, denunció el padre en esa ocasión.
“Este delincuente (David Rosales Frixione) ha enviado al hospital al menos a una docena de personas que por diversas razones han guardado silencio. ¡No es mi caso!”, dijo el denunciante en esa ocasión.
Para tratar de ayudarlo, y como Daniel Arturo estudió derecho, el magistrado lo puso a trabajar dentro del poder judicial, como secretario del juzgado Cuarto de Distrito Civil de Managua. Sin embargo, Daniel Arturo y su hermano David Salomón, quien laboraba en el Registro Público y la Propiedad y Mercantil, hacían desastres en ese poder del Estado. Se les señalaba por actos de corrupción, según archivos de LA PRENSA.
En 2010, ebrios, destrozaron un carro que le había sido incautado en el año 2004 a Ricardo José Argeñal Rugama, el “Chino San John”, procesado por narcotráfico. La chatarra apareció en el fondo de la sede de la CSJ con la parte frontal desbaratada.
Mientras estuvo vivo su padre, Daniel Arturo no pisó una cárcel. El magistrado Rosales falleció por el Covid-19 en mayo de 2021 y, dos años después, Daniel Arturo está encarcelado por primera vez. Está acusado de homicidio doloso porque, a pesar de que mató a dos personas en un accidente de tránsito, lo imputan como si se tratara de un crimen porque no prestó auxilio a las víctimas y huyó dejándolas abandonadas en el lugar de la tragedia.
La tragedia
Iban a ser las 9:00 de la noche cuando, en la gasolinera de Belén, Pedro Joaquín Cubillo Quiroz terminó de llenar de combustible la moto en la que viajaba con su esposa y su hijo y se enrumbó hacía Potosí.
A esa misma hora, Daniel Arturo Rosales Frixione manejaba su camioneta en la misma carretera y en la misma dirección, detrás de la moto de Cubillo Quiroz. Melvis Meléndez iba de copiloto, pero dormido.
En el kilómetro 102.5 de la Carretera Panamericana casi no hay visibilidad de noche porque la zona carece de alumbrado público y tampoco hay casas cercanas. Pero, ese día, había retenes porque la vía estaba en mantenimiento y le había echado piedrín y asfalto.
A pesar de los retenes y de que la velocidad máxima permitida en esa zona es de 80 kilómetros por hora, Daniel Arturo conducía a una velocidad de 123 kilómetros por hora, según dedujeron luego los peritos policiales sobre la base de las señas dejadas por el frenado y otros parámetros.
Daniel Arturo quiso aventajar, pero venía otro vehículo enfrente con las luces altas, determinó la Policía, y se metió de nuevo en su vía, impactando con la parte derecha delantera de la camioneta a la parte trasera de la moto que conducía Cubillo Quiroz.
La camioneta le pegó a la moto, pero también al cuerpo de Eilish Milagro Mora Torres, quien delante de ella traía a su bebé de 20 meses de nacido, ambos detrás de Cubillo Quiroz.
Mora Torres cayó boca abajo sobre la carretera. De la cabeza le manaba abundante sangre y murió casi inmediatamente. Tenía fracturas en el lado izquierdo del cuerpo.

Cubillo Quiroz y el niño quedaron vivos y una ambulancia se los llevó al hospital Gaspar García Laviana. El hombre tenía golpes en la boca, en la frente y fracturas en el pie derecho, en la tibia y el peroné del mismo lado. Además, presentaba otros golpes en la cabeza.
El niño sufrió una herida de 14 centímetros en la base del cráneo y una fractura en el brazo derecho, el cual podría quedarle deformado. Además, tiene una fractura en la pierna izquierda.
Cubillo Quiroz murió poco después, en el hospital, a las 10:40 de la noche.
La camioneta de Daniel Arturo tenía quebradas las bujías de la parte derecha delantera, mientras que a la moto de Cubillo Quiroz se le dañaron completamente el manubrio, el tanque de combustible y el pescante, el asiento se desprendió y se le quebró el foco.
Tras recibir una llamada a su celular, Yeison Abiud Torres llegó como 12 minutos después de ocurrido el accidente a la escena de la tragedia. Vio a su prima muerta, pero ya se habían llevado al hospital al esposo y al hijo.
Los curiosos que estaban en el lugar le entregaron los tres cascos de las víctimas y los zapatos de Cubillo Quiroz. El de su prima estaba totalmente desbaratado. Los otros dos cascos solo presentaban chollones. Según la Policía, al atender el accidente no hallaron cascos de seguridad de las víctimas, pero Yeison Abiud Torres asegura que él les quiso entregar los cascos a los policías, pero no le hicieron caso.
A Yeison Abiud Torres los policías le entregaron el cadáver de su prima para que lo fueran a velar.

Huida y captura
Tras impactar a la moto, Daniel Arturo detuvo la camioneta, se bajó, vio la moto y a las tres víctimas, agarró su celular, hizo una llamada y se fue por la carretera caminando y hablando, en dirección hacia Rivas y no volvió a aparecer en la escena del accidente.
Daniel Arturo abandonó de esa forma a las víctimas y no les brindó auxilio, dijo la Fiscalía cuando lo acusó después en un juzgado de Rivas, no como si había causado dos muertes de manera accidental, sino de forma criminal. El único que quedó en el lugar fue su acompañante, Melvis Meléndez, a quien la Policía interrogó, pero respondió que no sabía porque venía dormido.
Fue Meléndez quien le dijo a la Policía dónde podían encontrar a Daniel Arturo, quien intentaba una vez más, como en los tiempos en que vivía su padre, escapar de la justicia. A las 7:40 de la mañana del día siguiente, en la casa de un canadiense en el barrio María Auxiliadora de San Juan del Sur, fue capturado Daniel Arturo.
En un bolso negro, la Policía le encontró dinero y una pistola con siete cartuchos calibre 25, así como el celular Iphone.
El niño
El niño de Pedro Joaquín Cubillo Quiroz y Eilish Milagro Mora Torres ya no está hospitalizado. Ahora tiene 23 meses de edad y está bajo el cuido de su familia paterna.
Al menos tres veces en la semana lo llevan al hospital La Mascota en Managua, para que reciba atención médica y también terapéutica. Tiene muchas probabilidades de que sufra deformidad física en el futuro, especialmente en el brazo derecho.
El accidente parece estar grabado en su memoria, porque en ocasiones menciona a sus padres: “Papa, mama”, para luego imitar el ruido de una moto con la boca y posteriormente se lleva las manos a la cabeza, como recordando la tragedia. El niño se agita más cuando ve una foto de sus padres, porque los llama y le da manotazos a la imagen, como diciendo: “¿Dónde están? ¿Por qué no han venido?”.
Actualmente, el niño está en poder de los abuelos paternos, pero es probable que se inicie un proceso judicial por su tutela, porque la abuela materna también lo quiere. Desde que nació, ha vivido en la casa de los abuelos paternos.
Juicio
Esta historia aún no tiene un punto final. Daniel Arturo Rosales Frixione todavía está siendo juzgado en Rivas, por los delitos de homicidio, lesiones gravísimas, exposición y abandono de personas.
Su amigo y chófer desde hace seis años, Melvis Meléndez, quiere ayudarlo, pues cuando testificó en el juicio cambió la versión que dio ante los policías y ahora dice que Daniel Arturo nunca huyó, sino que se quedó en la escena del accidente y le entregó sus documentos a los agentes de tránsito que atendieron la emergencia. No sabe por qué la Policía no lo detuvo esa noche.

Además, alega que no venía dormido y que su amigo y patrón nunca aventajó, sino que de frente venía una camioneta con las luces altas y de repente sintieron el impacto, detuvieron la camioneta, se bajaron y vieron la moto y a las víctimas.
Aunque le pusieron de frente la declaración inicial con su firma, Meléndez la reconoció, pero argumentó que firmó lo que los policías escribieron porque “ya quería salir de ahí (delegación policial)”.
Todo se va a dilucidar el próximo 27 de junio, cuando se espera que termine el juicio contra Daniel Arturo. Lo único seguro es que esta vez el magistrado Francisco Rosales no estará ahí para ayudarlo.