La dictadura de Daniel Ortega prohibió la tradicional procesión de la Virgen de Cuapa, que se realiza en la víspera del 8 de mayo desde su aparición en esa fecha en el municipio de Cuapa, departamento de Chontales.
El rector del Santuario Diocesano Virgen María de Cuapa, Almer Moncada, publicó un «aviso importante» dirigido a los peregrinos y feligreses, para informar la suspensión de las actividades religiosas con motivo de la conmemoración del 43 aniversario de las apariciones de la Virgen.
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El aviso informa que el 7 de mayo que se realizaría la vigilia y la procesión «quedan suspendidas por motivos ajenos a nuestra voluntad», lo que ya es un mensaje habitual de los sacerdotes, cuando Ortega manda a prohibir las actividades religiosas.

El mensaje de paz de la Virgen de Cuapa
La Virgen de Cuapa se apareció el 8 de mayo de 1980 al campesino Bernardo Martínez (quien luego se convirtió en sacerdote) para traer un mensaje de paz en medio del conflicto armado entre el régimen sandinista que había llegado al poder y los miembros de la Resistencia Nicaragüense, conocidos como Contra.
“Hagan la paz. No solo la pidan, ¡háganla!”, fue el mensaje más significativo de la Virgen de Cuapa en esos tiempos de guerra.

También pidió rezar el Rosario todos los días, en familia y a una hora tranquila, meditando los Misterios con las Sagradas Escrituras. Pidió fe, paciencia, fuerza para llevar la Cruz y renovación de la devoción de los primeros sábados.
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«Hagan la paz entre ustedes, no se contenten con pedirla. Si ustedes no la hacen, no habrá paz. Hablen entre ustedes, entiéndanse y nunca vayan a la violencia. Nicaragua ha sufrido mucho y seguirá sufriendo mucho si ustedes no cambian. No se aflijan. Yo estoy con ustedes, aunque no me vean. Una madre no olvida nunca a sus hijos. Invóquenme con estas palabras: Santísima Virgen, vos sois mi Madre, la Madre de todos nosotros los pecadores», expresaba el mensaje.
Ortega en guerra con la Iglesia católica
En los últimos años, la dictadura de Ortega y su esposa Rosario Murillo ha radicalizado sus ataques contra la Iglesia católica, encarcelando sacerdotes y prohibiendo todas las actividades religiosas afuera de los templos. En Semana Santa, la Policía persiguió a los participantes de las procesiones. Encerró a más de 10 personas, entre ellas, feligreses que quisieron participar en la dramatización de la Pasión de Cristo y otros eventos alusivos a la Cuaresma.
Además, Ortega condenó a 26 años de prisión al obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, y lo despojó de su nacionalidad, bajo acusación de «traición a la patria», «menoscabo a la integridad nacional», «propagación de noticias falsas» y «desobediencia o desacato a la autoridad”. Monseñor Álvarez es uno de los sacerdotes más críticos de la dictadura y había resistido los ataques de Ortega dentro del país hasta que fue encarcelado en agosto de 2022.
La guerra de Ortega contra la Iglesia católica lo llevó a suspender las relaciones diplomáticas con el Vaticano, tras una crítica del papa Francisco por la detención de sacerdotes en Nicaragua.