A cinco años de la crisis sociopolítica en Nicaragua y dadas las continuas violaciones de derechos humanos cometidas por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, la comunidad internacional tiene un papel de observar, acompañar, auspiciar los esfuerzos para que el país y los nicaragüenses «consigan retomar el camino democrático», expresó este viernes el politólogo Carlos Alvarado, expresidente de Costa Rica (2018-2022).
Alvarado participó este viernes 21 de abril en el foro «El papel de la comunidad internacional a 5 años de la insurrección de abril de 2018», organizado por la Unidad Nacional Azul y Blanco, junto al también politólogo, Manuel Orozco, director del Programa de Migración, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano.
El expresidente costarricense mencionó que «muchas veces cuando en este y otros casos escuchamos el clamor de que haga algo la comunidad internacional, pues tenemos que fijar claramente la expectativa de qué es ese algo».
«Muchas veces ese algo lo más que puede hacer es levantar la voz y aplicar algunos instrumentos, por ejemplo de derechos humanos, o instrumentos democráticos para contribuir a enmendar el camino», agregó.
Nicaragua no ha sido el centro de atención
Alvarado indicó que mientras él estuvo en la Presidencia de Costa Rica (2018-2022), los esfuerzos de levantar la voz y tener la situación de Nicaragua en la agenda internacional eran constantemente y hoy hay una diferencia enorme.
Al respecto señaló que en Estados Unidos, donde actualmente da clases, se habla del tema de Nicaragua en el medio académico, diplomático y periodístico pero basados en la década de los ochenta. «Hay una gran conciencia de lo que pasó en Nicaragua en los ochenta porque casualmente el foco de las Administraciones Carter y Reagan estuvo puesto en Centroamérica y Nicaragua».
«Irónicamente hoy, que se han hecho muchas analogías, creo que válidas en las que se compara el régimen actual de Daniel Ortega, incluso se dice que en sus dimensiones ha llegado a ser peor que Somoza, eso no se traduce en atención internacional», aclaró.

Y recalcó que en 2018 «mientras la comunidad internacional ocupaba en aquel momento mucho de su tiempo en la situación de Venezuela, había que traer la discusión otra vez a lo que pasaba en Nicaragua, primero con las manifestaciones, luego el proceso fallido electoral y luego con la presión de silenciar los medios de comunicaciónmy llevar a la prisión a cientos de miembros de la oposición. Eso que es tan atroz nunca llegó a estar en el centro de la atención internacional, creo que eso ha mermado mucho del impacto que pudo detener la presión».
En cuanto a lo mencionado anteriormente, Alvarado expresó que «deben ser esfuerzos concertados y continuos, esta dimensión de la comunidad internacional no es un esfuerzo que se hace en chispazos de momento, es un esfuerzo continuo que debe hacerse para mantener el tema en la agenda y el dedo en el renglón y sobre todo estar señalando a los países democráticos su responsabilidad de principio por lo que ocurre en Nicaragua».
Las opciones que tiene la comunidad internacional
Sobre qué más puede hacer la comunidad internacional para lograr un cambio en Nicaragua, Manuel Orozco argumentó que el realismo de lo posible permite actuar en dos funciones: La capacidad de respuesta y el menú de opciones que existen para actuar.
Orozco explicó que la capacidad de respuesta de la comunidad internacional está definida, primero «de acuerdo a las prioridades que ocupa el tema o un país en el contexto internacional».
Segundo, «se vincula también de alguna manera con lo que un gobierno o un actor internacional quisiera ver de un país como Nicaragua» y en tercer lugar «el rango de opciones que tienen a mano».
«Y realmente Nicaragua en este momento se encuentra con muchas limitaciones en el contexto global porque hay mucho ruido en la comunidad internacional, de las cosas que están pasando en el mundo, y eso no coloca al país en un lugar primordial», explicó.

En cuanto la segunda opción (menú de opciones) Orozco manifestó «hay una consideración importante, y el reto recae sobre los expertos, los nicaragüenses, el grupo cívico de cómo realmente darle a entender al mundo que el tipo de régimen existe en Nicaragua, es un régimen muy parecido a Corea del Norte, al talibán en Afganistán o a Siria, por lo tanto la respuesta proporcional requiere de medidas convencionales y no convencionales a las que se han utilizado».
«En este momento el trabajo de uno es educar, informar, formar la comunidad internacional, los que toman decisiones, de que hay un rango de opciones, bastante, mucho más amplio que va más allá de una sanción, una declaración de condena, pero que requiere también de realizar movimiento, movilizaciones políticas como el congelamiento de fondos internacionales, de préstamos de parte de organismos multilaterales, como se requiere de interpelar a Nicaragua dentro de contexto del Cafta (Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y los Estados Unidos). Así como también llevar a Daniel Ortega a la Corte Internacional de Justicia sobre el uso de la tortura», agregó el analista del Diálogo Interamericano.
Además de «presionar unilateralmente a Nicaragua en el contexto de la Carta Democrática, así como realizar otra serie de presiones no convencionales, como la que tiene que ver con la lucha contra la desinformación y la censura que el régimen realiza de una forma diferente, no solamente con los medios convencionales, así como también interrumpir los métodos de recursos financiero del Estado entre otras cosas. Hay mucho que la comunidad internacional puede hacer», reiteró Orozco.