Como un violento torrente de agua que intentaron parar sin éxito, asimismo los opositores nicaragüenses que fueron encerrados por expresar su opinión salieron de la cárcel con la fuerza de los mares, inundando las redes sociales, que para algunos es la tribuna para seguir denunciando a la dictadura de Daniel Ortega, pero ahora desde el destierro al que fueron obligados.
El periodista Miguel Mendoza estuvo preso 597 días por su activismo en las redes sociales, pero si la dictadura creyó que por privarlo de libertad no iba a volver a expresar su opinión, se equivocó totalmente. Mendoza regresó a las redes con más fuerza que nunca y también con más seguidores y nuevos proyectos.

Mendoza fue condenado a 9 años de prisión por «conspiración para cometer menoscabo a la integridad nacional y difundir noticias falsas», bajo la Ley Especial de Ciberdelito, conocida como Ley Mordaza porque criminaliza las publicaciones en las redes sociales y los medios de comunicación como delitos contra la “seguridad del Estado”, con penas que oscilan desde uno hasta diez años de cárcel.
El periodista reveló que durante estuvo en prisión los policías lo cuestionaban sobre sus publicaciones en Twitter, que desde 2018 han sido denuncias y críticas a la represión armada contra las protestas civiles.
El poder de las redes
En el mundo, la primera gran demostración del poder de las redes sociales y el internet se dio en los países de Medio Oriente, entre 2010 y 2012, en lo que se conoció como la Primavera Árabe. Fueron una serie de protestas contra los regímenes autoritarios de esos países, convocadas a través de espacios virtuales, y que incluso lograron botar a los dictadores.
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En el caso de Nicaragua, la primera experiencia fue en 2017, con la ola de solidaridad convocada en las redes sociales con la etiqueta #OcupaINSS, que llevó a decenas de jóvenes a hacer un gran plantón frente al edificio del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), en Managua, para apoyar a los ancianos que demandaban pensión reducida. Esta manifestación fue aplastada con violencia y robos ordenados por el régimen de Ortega.
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Mendoza manifestó que las redes se han convertido en una de las armas más valiosas para los periodistas, medios de comunicación y para todo aquel que denuncia injusticias.
«Para todo el periodismo nicaragüense las redes se convirtieron en la plataforma donde difundir noticias, donde señalar, donde cuestionar, donde reclamar justicia y donde se le desnudó al Gobierno, pues entonces el Gobierno fue encima de todos los medios y periodistas que hemos usado esta plataforma», valoró el periodista.
La red social lo hace libre
Ahora que está libre y pudo volver a usar las redes, el periodista siente que su vida es normal de nuevo, tras la «pausa» que tuvo en la cárcel.
«(Las redes sociales) me sirven para recuperar la normalidad de mi vida, me sirve para expresarme y sentirme libre otra vez, porque cuando uno piensa, cuando uno critica, cuando uno señala, se siente libre. Eso es lo que estoy haciendo después de mi encierro. Imaginate que estuve casi 21 meses sin tener esa libertad de expresarme, ahora sí lo puedo lograr a través de estas redes, que para nosotros significan mucho, es la plataforma la única que nos ha quedado para ocuparla como nuestra trinchera, desde ahí difundir todas las informaciones o nuestra opinión», explicó Mendoza.
Mendoza es parte del grupo de 222 nicaragüenses que estaban presos en Nicaragua por oponerse a la dictadura orteguista y el pasado 9 de febrero fueron enviados a Estados Unidos sin nacionalidad, lo que para los críticos es un destierro político.
Juan Sebastián y su «espíritu de periodista»
El político opositor Juan Sebastián Chamorro es otro de los ex presos políticos que disfruta de su nueva libertad, no ha parado de tuitear y contestar preguntas de sus seguidores. Chamorro confiesa que tiene «espíritu de periodista», por eso le gusta informar y más ahora que muchas personas preguntan cómo fue su experiencia en la cárcel.
«Si te has fijado mis tuits han sido bastante informativos, hice un mapa de la cárcel, contaba lo que está pasando, porque siento que hay interés de parte de la gente de saber cómo estábamos, que cómo era nuestro día, qué sentíamos, entonces es una forma de compartirlo», dijo Chamorro.

Chamorro mantuvo activas sus redes sociales a pesar de su encierro, lo que siempre fue motivo de preguntas de parte de los policías que lo interrogaban en prisión.
«Yo mantuve con colaboradores mis redes activas durante todo el tiempo y era un tema que me preguntaban mucho los policías: quién la manejaba… yo pues básicamente me hacía el que no sabía nada», relató el líder opositor.
Chamorro fue detenido por ser precandidato a la Presidencia de Nicaragua en 2021. Durante el proceso judicial, una de las evidencias presentadas por la Fiscalía en contra Chamorro fue que era integrante de un grupo de WhatsApp, donde interactuaban varios opositores.
Al igual que Chamorro, el joven opositor Max Jerez también relató que durante su encierro los interrogadores mostraron mucho interés en acceder a sus cuentas de redes sociales, cosa que nunca les permitió.

«Las redes sociales son el único espacio de libertad de expresión y activismo democrático que queda disponible en Nicaragua. En mi experiencia personal me han servido como una herramienta importante para que el pueblo nicaragüense pueda informarse y expresarse de forma objetiva e independiente. Las uso frecuentemente para expresar mi opinión y continuar alzando mi voz por la libertad y los derechos humanos en Nicaragua», dijo Jerez, quien también estuvo más de un año preso por su oposición al régimen orteguista.
Una manera segura de expresarse
La estudiante de periodismo Samantha Jirón, de 23 años, es la opositora más joven que estuvo presa por su activismo político. Para ella, «las redes sociales tienen una relación directa con los derechos fundamentales, principalmente para la libertad de expresión, el acceso a la información verdadera y no manipulada».

Además, Jirón sabe que en una dictadura como la que se vive en Nicaragua, las redes sociales son una manera segura de expresarse sin poner en riesgo la íntegridad física.
«De manera valiosa, me ha permitido denunciar todo lo vivido en el año y 3 meses de cárcel, conectarme con amigos y familia, e informarme», agregó la joven.
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El opositor Alex Hernández, otro joven muy activo en las redes sociales tras su liberación, manifestó que las redes sociales convirtieron a cada ciudadano en un comunicador con el poder de informar las injusticias del régimen orteguista, principalmente durante la represión armada contra las protestas en 2018.
«Yo creo que las redes sociales se convirtieron en un arma en contra del régimen, por cuanto todas las personas lograron documentar muchísimas de las atrocidades que este gobierno estaba realizando contra la sociedad nicaragüense», dijo Hernández.
