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El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, confirmó este domingo 21 de junio, la muerte de Ramiro Valdés Menéndez, fundador del Ministerio del Interior (MININT), figura clave de la Revolución Cubana y considerado uno de los principales verdugos del castrismo falleció a los 94 años.
Martí Noticias recuerda, en un reportaje que el 11 de julio de 2021, ocurrió quizás la única de las cerca de 60 protestas populares que estremecieron a Cuba en esos días, en la que los gritos de “libertad” se confundieron con otros de “asesino”. Tal vez confió en que su intimidante reputación ganada a sangre y fuego desde 1959 le ayudaría a imponer el orden. Pero, ese día, el comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez fue puesto en fuga junto con su escolta por la furia del pueblo de Palma Soriano, que reconoció detrás de la obligada mascarilla de los años del covid-19 al más notorio verdugo del castrismo.
Nacido en Artemisa en 1932, hijo de un jornalero y una ama de casa, Valdés se unió a los 21 años al grupo de Fidel Castro. En febrero de 2026, a los 93 años, encarnaba como uno de los pocos “históricos” sobrevivientes de la longevidad del castrismo, reseña Martí Noticias en este reportaje.
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Estuvo presente en cada uno de los hitos de la insurrección del Movimiento 26 de Julio contra el gobierno de facto de Fulgencio Batista: el asalto al cuartel Moncada, la prisión en Isla de Pinos, el exilio en México, el desembarco del yate Granma y la guerrilla en las montañas de Oriente.

Formó el aparato represivo
Pero su momento “estelar” llegaría después del triunfo de los rebeldes en enero de 1959, cuando ya se había ganado en la invasión de oriente a occidente la confianza del Che Guevara por su desempeño en la Columna “Ciro Redondo”, a la que se asignó, para confundir al enemigo, el número 8.
El escritor y periodista peruano Álvaro Vargas Llosa, en su ensayo de 2005 “La máquina de matar”, describió como se entronizó Ramiro Valdés en el aparato represivo castrista desde su mismo surgimiento:
“La obsesión del Che por el control colectivista lo llevó a colaborar en la formación del aparato de seguridad creado para subyugar a seis millones y medio de cubanos. A principios de 1959, se celebraron una serie de reuniones secretas en (la playa de) Tarará, cerca de La Habana, en la mansión donde el Che se retiró temporalmente para recuperarse de una enfermedad. Allí fue donde los principales líderes, incluido Castro, diseñaron el Estado policial cubano. Ramiro Valdés, subordinado del Che durante la guerrilla, fue puesto a cargo del G-2, un organismo inspirado en la Cheká (soviética)”.
Ahí comenzó una historia personal que se ha comparado a la del tenebroso Fouché de la revolución francesa por su dedicación al espionaje y su renuencia al protagonismo; a la de Lavrenti Beria, el jefe de la NKVD, por su sadismo y por crear los campos de concentración del Gulag soviético; y en especial a la de Félix Dzherzhinski, el fundador de la Cheká y arquitecto del Terror Rojo contra los enemigos de clase. Se cree que la característica perilla o “chivo” que siempre usó Valdés respondía a su admiración por Dzherzhinski.
Entrenado en inteligencia militar
En 1960, Ramiro Valdés viajó a Checoslovaquia con una delegación encabezada por Raúl Castro. Recibió entrenamiento en inteligencia militar conforme a los modelos soviéticos y de la Stasi de Alemania Oriental. En 1961 los designaron como titular del Ministerio del Interior (MININT), cargo que ocupó hasta 1968 y luego desde 1979 a 1985.
En su primer período a cargo del MININT, organizó y consolidó la inteligencia en la Dirección General de Inteligencia, y la contrainteligencia en el G-2, luego Departamento de Seguridad del Estado. Durante su gestión, el Ministerio del Interior también desempeñó un papel decisivo en la neutralización de los alzados del Escambray, grupos armados que se opusieron al nuevo régimen en los primeros años de la década de 1960. El enfrentamiento a esas guerrillas incluyó operaciones de exterminio y detenciones y destierro de presuntos colaboradores.
El investigador Pedro Corzo afirma que la Seguridad del Estado que dirigió Valdés tenía “licencia para arrestar y matar, condenar sin juicios y fusilar sin pruebas”, y puso como ejemplo la masacre conocida como la de La Ceiba en el Escambray, donde ejecutaron a 19 hombres con una ametralladora calibre 30.
Bajo la dirección de Valdés se estructuraron los Comités de Defensa de la Revolución, organizaciones a nivel de cuadra para la vigilancia y delación a la policía política de presuntos opositores y críticos. También se desarrolló un criminal sistema penitenciario para los presos políticos.
La represión en los sesenta
Diversas organizaciones de derechos humanos han señalado que durante los años 60 se produjeron detenciones masivas, juicios sumarios y el encarcelamiento de opositores, sacerdotes y ciudadanos acusados de actividades contrarrevolucionarias.
El colega Corzo, que sufrió personalmente el presidio político en las circulares de la prisión de Isla de Pinos, recuerda que las condiciones carcelarias bajo la dirección de Valdés no solo eran difíciles, sino que para el caso de que se produjera alguna circunstancia que pusiera en peligro al régimen, colocaron miles de libras de TNT en los túneles de las cuatro circulares y el comedor, con la orden de hacer detonar los explosivos si se producía una sublevación o un ataque del exterior. “Durante más de veinte meses, 5,000 presos políticos durmieron sobre un virtual colchón de explosivos”, aseguró.
Agrega Corzo que con Valdés al frente del MININT, se introdujeron en los interrogatorios torturas muy sofisticadas como la aplicación del pentotal sódico (conocido como el suero de la verdad), cambios de temperaturas, aislamiento prolongado y métodos sicológicos muy agresivos para desestabilizar al preso, entre ellos el electroshock, pero también se continuaron aplicando golpizas brutales.
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Pese a sus diferencias con Raúl Castro, Ramiro Valdés colaboró con el Ministerio de las Fuerzas Armadas para establecer las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), que incluían campos de trabajos forzados con jornadas laborales extenuantes, maltratos físicos y psicológicos, y aislamiento total. A esas unidades enviaban a homosexuales, artistas, opositores y religiosos. El MININT se encargaba de investigar y ubicar a los CR o contrarrevolucionarios. Posteriormente, las Fuerzas Armadas llamaban al individuo a servicio y lo enviaban a las UMAP.
Dos veces al frente del MININT
Tratando de cambiar la imagen del Ministerio del Interior, en 1968 Fidel Castro reemplazó a Valdés con el médico Sergio del Valle, pero le devolvió el cargo en 1979, descontento por supuestas debilidades en el trabajo de la Seguridad del Estado.
En esta segunda jefatura del MININT, el enfoque de Valdés se centró en la vigilancia masiva a través de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la infiltración en grupos opositores incipientes y la represión selectiva contra disidentes, intelectuales críticos y sectores marginados.

Fue, asimismo, el período en que debutaron en Cuba, durante el éxodo del Mariel, los llamados actos de reafirmación revolucionaria o actos de repudio, una versión castrista de las turbas de los Camisas Negras de Mussolini y los Guardias Rojos de la Revolución Cultural china, organizada por la policía política y consistente en convocar a partidarios del régimen para que insultaran, golpeara y humillaran públicamente a quienes habían decidido, por invitación de Fidel Castro, irse del país.
Otros hitos de la represión bajo su segundo mandato en el MININT fueron los encarcelamientos arbitrarios bajo la Ley de Peligrosidad Social Predelictiva y la persecución de expresiones juveniles como el rock, considerado «ideología imperialista».
Controlaba las telecomunicaciones del régimen
En 1985 lo separaron del cargo de ministro del Interior y lo sustituyó José Abrahantes. En ese mismo año, por orden de Castro, pasó a dirigir el Proyecto TE (Técnicos Especializados) del MININT, dedicado a la creación y producción de software y el ensamblaje de computadoras cubanas (LTEL).
Tiempo después, asumió la dirección de la empresa nacional de electrónica y, en 1991, a partir de ese proyecto, se creó COPEXTEL, entidad que bajo su administración, se convirtió en el monopolio de las telecomunicaciones del régimen castrista.
Posteriormente dirigió el Grupo Industrial de la Electrónica de Cuba, adscrito al Ministerio de la Industria Sideromecánica (SIME). En el siglo XXI, este grupo pasó a depender del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones, cartera que en 2008 quedó bajo la administración de Ramiro Valdés.
Su regreso en 2006
Después de una temporada de menor protagonismo político, Valdés regresó a la primera línea en 2006, cuando Raúl Castro asumió el poder debido a la enfermedad de su hermano Fidel. Lo nombraron vicepresidente del Consejo de Ministros y le encomendaron supervisar la modernización de las telecomunicaciones en Cuba.
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Por esos años, en oposición a la democratización de las comunicaciones que ha supuesto el internet, declaró en una feria de informática: “El potro salvaje de las nuevas tecnologías puede y debe ser dominado, y las infocomunicaciones, puestas en función de la paz y el desarrollo”.
Bajo su liderazgo como ministro de Comunicaciones, el régimen adoptó nuevas tácticas de vigilancia digital, utilizando tecnología china para monitorear las comunicaciones y censurar el acceso a internet. Valdés fue el responsable directo de implementar el control sobre las redes sociales y las plataformas digitales, convirtiéndolas en herramientas para identificar y reprimir a activistas y disidentes.
En Venezuela
En 2010, viajó a Venezuela invitado por Hugo Chávez, supuestamente para abordar la crisis eléctrica que ya existía en ese país, pero para entonces ya La Habana y Caracas habían firmado acuerdos militares que le permitían a Cuba intervenir en los cuerpos represivos de Venezuela, por lo que se ha especulado que su labor allí tuvo más que ver con la gestación del Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (CESPPA).
Este centro se concibió como un organismo unificador de la información procedente de las agencias de inteligencia bolivarianas. Sin embargo, su función principal ha sido monitorear redes sociales, opinión pública y flujos informativos digitales, sin supervisión judicial explícita.
Ese mismo año, el académico afrocubano Carlos Moore, quien conoció a Ramiro Valdés en 1962, ofreció la siguiente observación sobre él: “Ramiro Valdés era una persona inflexible, totalitaria y brutal. Era el hombre más temido de Cuba. Las políticas represivas del régimen fueron diseñadas por él. Valdés infundió miedo en los cubanos (incluso en los revolucionarios). Hoy, aparentemente sigue siendo la misma persona dogmática, sectaria y brutal que fue en la cúspide de su poder”.
«Uno menos»
No hace mucho, el comandante Ramiro Valdés sorprendía de cuando en cuando a los residentes de Jaimanitas, localidad playera al oeste de La Habana donde residía, saliendo a trotar para mantener la forma física a su avanzada edad. Pero el tiempo y la genética son implacables.
Pese a que los medios oficiales no hablan de estos temas, los cubanos sí estaban al tanto de sus serios problemas de salud -en la era del “potro salvaje” de la Internet todo se sabe- y ahora por fin llegó la santa hora de los homenajes póstumos.
Imagino hoy a muchos que, como yo, fueron a parar a alguna ergástula del Gulag cubano que Valdés fundó, por obra y gracia de la Seguridad del Estado que también creó, comentando para sí: “Uno menos”.