El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo se ha caracterizado por la violencia y crueldad contra las mujeres. Este 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, seis expresas políticas comparten con LA PRENSA sus vidas y cómo han ganado terreno en el activismo social, en labores de servicio y en la vida política.
Las ex presas política cuentan que de niñas jugaban en las calles de diferentes departamentos de Nicaragua. Las que son madres desean construir una mejor Nicaragua para sus hijos y todas coinciden en construir una nueva Nicaragua justa y democrática.
La exguerrillera Dora María Téllez cuenta que antes de la revolución las universidades eran mayoritariamente de hombres y luego las mujeres fueron ganando un espacio. En el caso de la lucha armada comenta que también debieron ganar terreno.
«Siempre tenés desventaja y obviamente las guerras desatan fenómenos machistas y siempre hay desventajas de las mujeres en las participación en general, en la política y en la revolución también. En el derrocamiento de la dictadura se volvió masiva la participación de las mujeres, pero al terminar la lucha contra la dictadura y que comienza el periodo de la Revolución Sandinista este nivel de participación de mujeres se retrajo», afirmó Téllez.
Téllez, ex presa política, estuvo en el pabellón de hombres en la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), mejor conocida como el nuevo Chipote, aislada por más de 600 días como presa política del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Al preguntarle cuál de los dos es el que promueve este trato a las mujeres comentó: «Son los dos, ellos tienen una política común pueden tener diferencias, diferencias hay en todos lados, pero tienen una política común de represión, de odio a las mujeres empoderadas, con liderazgo político y obviamente odian a Unamos».
Téllez hace referencia a su caso y al de otras ex presas políticas entre ellas Suyen Barahona, presidenta del partido Unión Democrática Renovadora (Unamos), Tamara Dávila y Ana Margarita Vijil, las cuatro en aislamiento durante su detención.
Dávila considera que la represión contra las mujeres de parte del régimen se debe a la «enorme misoginia que tiene Daniel Ortega y la Rosario Murillo graficado en el aislamiento en el que nos mantuvieron en el Chipote. Hay un enorme odio hacia las mujeres en general y nosotras cuatro fuimos la foto que ellos querían tener y que reflejara ese odio», expresó.
Una lucha que sigue
La conocida opositora del régimen Violeta Granera, considera que las mujeres siguen teniendo un rol fundamental en el establecimiento de la democracia en Nicaragua.
«Y es por un asunto de género. Creo que en general y con menos esfuerzo, somos más capaces de establecer puentes y lograr revertir un poco la cultura autoritaria. Es cierto que a veces el machismo se viste de mujer. Pero nuestra naturaleza es más proclive a buscar unidad y consenso. Diálogo. Es lo que hacemos en el hogar…y es lo que necesitamos imperiosamente. Primero para sanar heridas, para sobrevivir como sociedad. Y luego para ensanchar el camino de un cambio más profundo y sostenible. Yo se que se logrará. Es cuestión de paciencia, consistencia, coherencia y generosidad. Y de mucha fe en Dios y en su voluntad de ayudarnos a avanzar. Yo no tengo dudas en un cambio positivo. Lo que me preocuparía es seguir con el Síndrome de Penelope, esa manía nuestra histórica de tejer y destejer permanentemente. Lo bueno debe permanecer y lo malo hay que cambiarlo. Así pienso yo. Y también entender que este es un desafío que trasciende a las generaciones actuales. Las jóvenes tienen un largo pero hermoso camino por delante. Las mayores, como yo, mantener la escucha Inter generacional y aconsejar cuando seamos requeridas. Todas unidas lo vamos a lograr», afirmó Granera.
Entre las jóvenes ex presas políticas se encuentra Mildred Rayo quien afirma que la lucha seguirá y “nos espera un proceso largo y duro”, pero no pierde las esperanzas porque “algún día vamos a regresar a nuestra Nicaragüita”, dice.
LA PRENSA entrevistó a seis de las ex presas políticas que se encontraban entre las 222 personas que el régimen deportó a Estados Unidos y despojó de su nacionalidad.
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