Corporación Libros para Niños. Foto tomada

Sin Libros para Niños. Régimen de Daniel Ortega arrebata a la niñez la literatura que llegaba hasta sus manos

Por 30 años, Libros para Niños lideró la promoción de la lectura en la niñez nicaragüense. Miles de niñas y niños leyeron a gusto gracias a bibliotecas comunitarias, puestos de libros y rutas de lectura. Con su cierre, quedan en orfandad centenares de pequeños lectores, cuentacuentos y escritores infantiles

Érase una vez una organización que llevaba libros allá en aquel pueblo donde no había agua potable, en aquella comarca donde no tenían energía eléctrica y también hasta las escuelitas sin biblioteca. Hubo miles de niñas y niños que conocieron la nieve, aprendieron de astronomía y viajaron más allá de los límites de sus barrios para conocer otros países, otras historias y realidades, para vivir fantasías. Había una vez, la organización llamada Libros para Niños. Había… hasta el 15 de febrero de 2023 que fue cancelada.

30 años de literatura para la niñez nicaragüense acabaron bajo la orden de cierre del régimen de Daniel Ortega. En la edición del miércoles 15 de febrero, el diario oficial La Gaceta de Nicaragua publicó la lista de 25 Organizaciones No Gubernamentales —23 nacionales y dos extranjeras— a las que les cancelaron sus registros. Entre las extranjeras figura la Corporación Libros para Niños, que desde 1993 fomentaba entre la niñez del campo y la ciudad, el amor por los libros y por la lectura.

El Ministerio de Gobernación (Migob) cerró Libros para Niños bajo el argumento de que no reportó sus estados financieros del periodo 2020-2021. También, porque la junta directiva del país y el poder del representante legal están desactualizados desde 2019. Según la Ley 1115, Ley General de Regulación y Control de Organismos sin fines de lucro, el cierre también implica la confiscación de sus bienes.

En vehículos equipados con colchones, o almohadas, canastos y cajas repletas de libros, las rutas de lectura llegaban hasta zonas rurales donde niñas y niños podían leer a gusto y antojo literatura infantil. Foto: Archivo Magazine

Durante 30 años, este proyecto lideró en Centroamérica la promoción de la lectura infantil por medio de espacios, préstamos domiciliares, cuentacuentos y edición de libros. Miles de niñas y niños leyeron a gusto gracias a bibliotecas comunitarias, puestos de libros y rutas de lectura. Decenas de dedicados promotores de la lectura desarrollaron un trabajo pionero llevando la literatura mundial y de gran calidad a manos de la niñez nicaragüense. Los libros eran la cabeza, y los cuentacuentos el corazón de las ferias.

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Libros para Niños además publicó alrededor de 100 títulos originales entre nacionales, regionales y compilaciones o adaptaciones de alta calidad editorial, estética y compromiso: por cada título vendido, un libro igual se integraba a las bibliotecas comunitarias para que otras niñas y niños tuvieran acceso a él.

Permitió que autores nacionales publicaran sus piezas, ilustradas también por talento nacional, y abrió espacios como el Concurso Centroamericano de Literatura Infantil. «Libros para Niños lamenta informar que por razones de causa mayor, se ve obligado a posponer la realización de la cuarta edición del Concurso Centroamericano de Literatura Infantil hasta nuevo aviso.«, reza en el anuncio que salta en el sitio oficial de la organización.

¿Este cuento se ha acabado?

En una cacería implacable, frenética y sin medir el impacto negativo de estos cierres en la sociedad nicaragüense, la dictadura Ortega Murillo sigue cerrando oenegés, como Libros para Niños, cuyo único objetivo era beneficiar a los sectores más vulnerables, acercándolos a literatura nacional e internacional de calidad, fomentando el hábito de la lectura en espacios seguros, amenos y abiertos para la niñez.

LA PRENSA intentó hablar con sus representantes, sin embargo no se obtuvo respuesta. Como ocurre desde 2018 con los representantes de las 3,106 ONG cerradas hasta diciembre pasado, sus directivos o encargados optan por no brindar declaraciones. Algunos temen mayores represalias, otros guardan la esperanza de que si logran cumplir con las nuevas exigencias y reglas de las autoridades, podrían reactivarse en un futuro cercano, o al menos no perderlo absolutamente todo.

Libros para Niños fue fundado por la estadounidense Mary Jo Amani en 1993, y Eduardo Báez Cruz la dirigió desde 1995 hasta mayo de 2010, cuando falleció. En su web Libros para Niños, se describe como una organización nicaragüense sin fines de lucro que promovía la lectura, por la firme convicción de que «leer obras de calidad contribuye a transformar la vida del lector, potencia la imaginación y favorece el espíritu crítico y el crecimiento en libertad.»  

Durante el desarrollo de su labor, la organización priorizaba a «niñas y niños de sectores empobrecidos, para quienes la oportunidad de descubrir la magia de los libros en un cuento infantil de calidad es un lujo inalcanzable y un derecho negado».

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Ahora, ¿Quién les leerá sus libros favoritos? ¿Cómo tendrán acceso a la literatura internacional de calidad? ¿Qué oferta tendrán más allá de los textos escolares del Ministerio de Educación, denunciados por su contenido político?

Pequeños lectores «huérfanos»

Según la organización, su trabajo giraba alrededor de tres grandes objetivos:
1. Formar lectores, creando oportunidades para que niñas y niños vivan experiencias memorables y sostenidas con los libros y la lectura a través de diferentes espacios y momentos.
2. Promover la publicación de libros infantiles de autores nicaragüenses y centroamericanos. Con el objetivo de que niños y niñas se vean reflejados en su propio contexto cultural.
3. Capacitar en metodologías para la promoción de la lectura. Asesorar en la edición y publicación de libros infantiles. Y brindar asistencia técnica para el establecimiento de espacios de Lectura. Además, contaba con una librería especializada en literatura infantil.

En un país donde el ministerio de educación celebra la permanencia, mientras los docentes denuncian que la deserción escolar sobre todo en zonas rurales, la retención de estudiantes de primero hasta sexto grado es un desafío para formar nuevas generaciones; es en los primeros años que el niño desarrolla frustración y deseo de abandonar la escuela porque siente que no puede ni logrará entender los contenidos.

Una pedagoga infantil, quien pide proteger su identidad, explica a LA PRENSA que, «la promoción de la lectura, su acceso y las dinámicas con las que se expone y se interrelacionan los niños con la literatura infantil, tienen un impacto en su ánimo, aprendizaje y desempeño escolar. Los cuentos, fábulas, poesía o textos ilustrados nos dan muchas y más efectivas formas de aprender sobre valores, ciencia, historia… Abre el apetito de aprender de forma voluntaria, dinámica, rápida y vivencial, eso lo hace más afectivo».

Un gestor cultural dedicado a la promoción del hábito de la lectura entre la niñez y adolescencia explica que para beneficiar a miles de niños en todo el país, Libros para Niños trabajaba con las diferentes expresiones de la sociedad civil, vinculadas a la comunidad educativa de forma directa. Entre ellos, niños, niñas, adolescentes, padres y madres de familia, escuelas y otros; también, con aliados estratégicos como instituciones, empresas del sector privado, centros culturales y otros.

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«Era una organización pionera que merecería ser reconocida por las autoridades de Nicaragua a través de apoyo logístico y financiero, no castigada con la cancelación de su personalidad jurídica. Esta situación afectará a los niños más vulnerables del país, ya que les niega la oportunidad de acceder a libros, comprarlos a bajo costo, disfrutar de un cuentacuentos gratuito, o leer en las salas que la organización tenía en diferentes zonas del territorio nacional», lamenta el promotor cultural.

Y agrega que «gracias a Libros para Niños muchos autores, ilustradores, editores y diagramadores nacionales tuvieron la oportunidad de ver publicadas y distribuidas sus obras en impresiones de calidad internacional». Con cada venta de un título original en las librerías, un ejemplar igual era donado a las bibliotecas donde otro niño podría tener acceso a él de forma gratuita. Pero todos quedaron huérfanos; la niñez sin literatura que llegue a sus manos, escritores infantiles sin publicar sus historias, ilustraciones sin ser vistas allá, hasta donde llegaban los camiones de libros cada mes.

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