Sin novedad en el frente, la absurda brutalidad de la guerra

Ante nuevos y viejos temores de guerras en cualquier parte del mundo, en especial en Europa asolada por dos guerras mundiales, la guerra civil española y la guerra de los Balcanes durante el mismo siglo, como la injustificable e irracional agresión rusa a Ucrania en 2022, que ya lleva en cuenta no un par de días como afirmó el Kremlin, sino casi un año y con pronósticos de un mayor alargamiento, queda demostrado palmariamente que los problemas de cualquier índole entre países no se solucionan solamente con la opción militar. Antes bien, la guerra acarrea enormes desastres y caos, desesperación, demencia, dolor y muertes por decenas de millones de almas (incluyendo mutilados, inválidos y huérfanos), que complican y desquician el statu quo, provocan enormes costos en material bélico e infraestructura, y siembran resquemores que seguramente durarán mucho tiempo antes de que se restablezca la confianza y la seguridad entre las naciones. 

 De ahí que “la guerra es la incapacidad del hombre para vivir en paz, toda vez que para vivir en paz tiene que prepararse para la guerra”.  Que alguien se alza con ganancias, sí.  Son ganancias sucias e inmorales de aquellos políticos de mentalidad militarista, como señores de la guerra, y de los mercaderes de armas y de la muerte, quienes desde sus espléndidos y rutilantes despachos ordenan la ruina e inmolación de la juventud, todavía en una edad pletórica de sueños y esperanzas. 

Dicho esto, paso a comentar la obra maestra de Erich María Remarque: Sin novedad en el frente (Im Westen Nichts Neues), escrita en Alemania en 1929.  Este libro proyecta la dura y feroz experiencia adquirida en combate. Remarque en su libro relata con crudeza los horrores y descalabros de la I Guerra Mundial, describiendo con implacable claridad, manifiesta objetividad y cálida compasión el martirio de cientos de miles de jóvenes adolescentes provocado por esta guerra atroz y sin sentido. Esta imperecedera obra y la del laureado Ernest Hemingway, otro participante en la misma guerra, escrita también en 1929, Adiós a las armas (A Farewell to Arms), constituyen las dos obras de ficción, acusatorias por antibélicas, más importantes referidas a la I Guerra Mundial, según los críticos literarios. 

César Vallejo, poeta peruano, comenta en una reseña publicada en el diario El Comercio, de Lima, en agosto de 1929, que Remarque “no quiere escribir sino conmover” y que le impresiona esa “crónica incomparable como impactante de una guerra de trincheras”. Al menos son tres las consecuencias que acarreó este conflicto bélico:  1. Las mentiras de la propaganda y el engaño de los políticos y militares. 2. La espantosa hecatombe en el teatro de los acontecimientos y 3. Los permanentes y gravísimos efectos de la guerra en la mente juvenil.

Erich María Remarque, alias de Erich Paul Remark, nació en 1898 en Alemania, de origen francés, clase media, católico. En 1933, al comienzo del régimen nazi-fascista, se exilió en Suiza y luego pasó a Estados Unidos donde se nacionalizó en 1947.  A los 16 años, mientras asistía a la escuela, fue reclutado a la fuerza para combatir “por el Kaiser, por Dios y por la Patria”, en la I Guerra Mundial, siendo enviado como soldado al Frente Occidental (Francia y Bélgica). 

Herido cinco veces y distinguido con la Cruz de Hierro, fue desmovilizado en la postrimería de la contienda. Desligado de sus obligaciones castrenses, pasó en base a su propia vivencia a escribir su novela histórica. En su edad adulta estuvo casado con la actriz Ilse Jutta Zambona. Tuvieron varios hijos. Un matrimonio malogrado por tormentoso, con la infidelidad de por medio por ambas partes. Fueron sus amantes: Hedy Lamarr, Dolores del Río y Marlene Dietrich. Y vuelto a casar esta vez con Paulette Goddard. Remarque murió en 1970 y su esposa Paulette en 1990. Juntos están sepultados en Suiza.

En 1933 el régimen nazi del III Reich quemó este libro por millares por ser pacifista y sensible al sufrimiento humano, o sea, por ser contrario a la propaganda hitleriana de Goebbels, atacando y descalificando al autor. Sin Novedad en el Frente fue adaptada al cine en 1930, logrando el Óscar a la mejor película y el Óscar al mejor director. Tanto el libro como la adaptación fílmica fueron prohibidos en Alemania, Austria, Checoeslovaquia, incluso en los Estados Unidos hubo detractores.  

En 1979 se realizó otra versión en Hollywood y en 2022 se realizó una tercera adaptación, dirigida por Edward Berger.  Esta cinta está nominada al Óscar como la mejor película extranjera, la cual está en Netflix desde septiembre pasado. La última versión va más allá del contenido de libro al incluir escenas en un vagón de ferrocarril, relativas a las negociaciones del armisticio, más que nada con sentido político, cerca de la ciudad de Compiègne, y la descabellada orden de los alemanes de reanudar y prolongar los ataques quince minutos antes de la hora límite concedida por los franceses, o sea, las 11:00 a.m. del día 11 de noviembre de 1918. 

Esta narración es el testamento de Paul Bäumer que, con sus compañeros de colegio, se enlistó en el ejército imperial alemán para luchar en la I Guerra Mundial, fundidos de juvenil optimismo y entusiasmo, sin imaginarse la brutalidad de la guerra. “No es así como me lo imaginaba”, dice desolado uno de los jóvenes amigos en el primer día de combate. El mundo del conocimiento, del trabajo, de la cultura y del progreso que ellos conocían, se quebró de pronto en mil pedazos, apenas comenzó el estruendo del primer bombardeo en las trincheras. “Hemos aprendido el oficio de matar, dice Paul, antes de obtener el fruto de nuestros estudios. ¿Qué más puede suceder después de esto? ¿Y qué será de nosotros? ¿De qué nos sirve ahora haber sido destacados matemáticos en la escuela?”    

Al final de estos largos años acuciado por un vívido horror, Paul no duda en hacer un simple juramento: “Luchar contra la doctrina del odio sin sentido que nos lanza a un agujero y nos marca, a ellos y a nosotros, jóvenes de la misma generación que lo único que nos diferencia es el distinto uniforme que nos obliga a luchar unos contra otros. Si solo se pudiera salir vivo de esta guerra —exclama sin emoción para sus adentros—. Yo soy el último que aún está en pie de los siete compañeros de nuestra clase. Tengo apenas 20 años, pero todavía no sé nada de la vida que no sean pesadillas, alucinaciones, desesperación, muerte, miedo, necia superficialidad y un abismo de tristeza, melancolía y nostalgia”. 

 El final del libro es el momento, el último momento de la guerra, en el que por ironías del destino, Paul “de súbito cayó hacia adelante, boca abajo, sobre la tierra, como si durmiera; al voltearlo, se pudo ver que no sufrió mucho.  Su rostro tenía una expresión de calma, casi como de contento de que el final hubiese llegado”. Mientras tanto, ese mismo día, el parte del ejército alemán difundía una sencilla frase: “Sin novedad en el frente occidental”, (Im Westen Nichts Neues). Una cruel ironía.

A diferencia del rechazo y proscripción de este libro en los años del III Reich alemán, la posteridad lo puso en su justo lugar. El mismo Remarque comenta a manera de explicación acerca de su más destacada creación literaria: “Este libro no es ni una acusación ni una confesión, mucho menos una aventura, puesto que la muerte no es una aventura para aquellos que la enfrentaron cara a cara. Simplemente tratará de relatar lo que una generación de hombres que, aun cuando escaparon del estallido de las bombas, fueron aniquilados por la guerra”. El autor es economista.

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