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La rotativa Goss Urbanite de LA PRENSA fue traída al país en 1954. Óscar Navarrete/ LA PRENSA

La rotativa de LA PRENSA: el monstruo azulado que imprime la historia

La rotativa del diario LA PRENSA tiene su propia historia. Es un enorme monstruo azulado de unos 50 metros que ha sobrevivido terremotos, bombardeos, incendios, sabotajes. Ahora, busca sobrevivir una confiscación.

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“La historia de Nicaragua es la historia de LA PRENSA”, decía el exdirector del periódico Jaime Chamorro Cardenal, fallecido en 2021. Y los últimos 50 años de esa historia se han impreso en la rotativa Goss Urbanite, el gran monstruo azulado que reposa en un enorme almacén en el interior del edificio de Carretera Norte confiscado por la dictadura de Daniel Ortega.

Con ella se han impreso los titulares más emblemáticos de los últimos cincuenta años, ha visto la luz y las sombras junto al periódico y ha sobrevivido a cierres temporales, algunos “indefinidos”, terremotos, bombardeos y sabotajes. Ha sido la gran cómplice de la “República de Papel” y también lloró el asesinato de su director Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en 1978.

La revista Domingo y el periódico Hoy también se imprimían en la rotativa Goss Urbanite. Óscar Navarrete/LA PRENSA

En esta semana, LA PRENSA informó de manera extraoficial que el régimen Ortega Murillo recontrató al personal especializado en el manejo de la rotativa y otras máquinas que había en la imprenta comercial.Además, la dictadura adquirió insumos para el funcionamiento de estos equipos.

El régimen no tuvo más opción que contratar a los mismos trabajadores que todas las noches imprimían LA PRENSA desde hace varios años, ya que en el país no hay muchas personas con conocimientos para manejar una rotativa como esa y el resto de equipos.

En Nicaragua solo existían dos rotativas, la del extinto El Nuevo Diario y esta que se le confiscó al Grupo Editorial LA PRENSA, la cual tiene capacidad para imprimir grandes cantidades de páginas en poco tiempo.

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La Goss Urbanite de LA PRENSA tiene 18 módulos de rodos y piñones. Mide unos 50 metros de largo y tres de alto. No puede usarse en cualquier lugar, pues hay que ponerla sobre un piso especial reforzado con concreto y acero. De lo contrario, la maquina puede desbalancearse y romperse. Solamente la base del piso puede costar unos 70,000 dólares.

Cuando se imprimía, el monstruo rugía con tanta intensidad que los técnicos debían usar audífonos especiales para proteger sus oídos.

Actualmente, todo el inmueble del periódico con la maquinaria que le fue confiscada a LA PRENSA, está valorado en 20 millones de dólares. Solamente la rotativa cuesta 1,200,000 dólares, mientras que la imprenta plana que se utilizaba para sacar revistas, libros y otros tipos de materiales, cuesta otros dos millones de dólares.

La rotativa mide unos 50 metros de largo y tres de alto. Óscar Navarrete/ LA PRENSA.

Antes de la rotativa

Antes de que Pedro Joaquín Chamorro Zelaya comprara LA PRENSA, esta fue fundada por Pedro y Enrique Belli, junto a Gabry Rivas en 1926. Luego vendieron sus acciones y en 1932 fueron adquiridas en su totalidad por Chamorro Zelaya.

La primera edición salió a luz el martes 2 de marzo de 1926 con el titular: “Aspectos de la jira presidencial”, e informaba sobre la visita de Emiliano Chamorro y su esposa a la ciudad de Granada.

Para el domingo 29 de marzo de 1931, Chamorro Zelaya era el dueño del 50 por ciento de las acciones. Ese día, LA PRENSA se despidió de sus lectores porque no se publicaría en Semana Santa, pero prometió que volvería el Lunes de Pascua. No fue así. Dos días después, un terremoto de 6.0 grados dejó las instalaciones en escombros y solo volvió a aparecer hasta tres meses después.

Doña Anita Chamorro de Holmann, hija de Chamorro Zelaya, recuerda que muchas de las máquinas recién compradas se salvaron porque les cayó una enorme pared con una imagen de la Virgen Concepción de María que, en lugar de destruirlas, las protegió.

“Los gringos que estaban en ese momento en Nicaragua hicieron un incendio (en los escombros) y las llamas pasaron encima de todas esas máquinas nuevas acabadas de comprar”, relata doña Anita.

Las máquinas se pudieron usar nuevamente incluso hasta la década del cuarenta, y doña Anita dice que, en agradecimiento, años más tarde su familia impulsó el rezo de la novena de la Virgen cada siete de diciembre en LA PRENSA.

Pedro Joaquín Chamorro Zelaya junto a su esposa Margarita Cardenal y su hijo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Este último asumió la dirección de LA PRENSA tras el fallecimiento de su padre. ARCHIVO

Para el 50 aniversario del periódico, el director y mártir de las libertades públicas Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, también hijo de Chamorro Zelaya, recordó que en el terremoto de 1931 se perdieron los primeros linotipos importados del país, “los cuales pudo reponer hasta el año de 1946, es decir 15 años después de ocurrida la catástrofe. Esa vez la destrucción fue tanta que el periódico pasó más de un año sin salir a luz pública”.

El estudioso de política nicaragüense, Emilio Álvarez Montalván, recuerda en un artículo llamado “Historia de LA PRENSA S,A”, que el diario quedaba en la calle El Triunfo, en la vieja Managua. Era una construcción de taquezal, donde funcionaba la redacción que medía unos 5×5 metros.

En aquel entonces, se imprimían 3,000 ejemplares de LA PRENSA que circulaban cada tarde con fecha del día siguiente. El periódico costaba tres centavos de córdoba y era solamente tres hojas: una bisagra y una hoja en medio.

Los redactores escribían con lápiz y papel, sentados alrededor de una mesa rústica. “La única excepción era Octavio García Quintero, el decano, quien tecleaba con dos dedos su trajinada Underwood (máquina de escribir)”, detalla Álvarez Montalván y recuerda que en el periódico había unos cinco reporteros que llevaban sus notas a Chamorro Zelaya para que les diera el visto bueno.

Después, las notas pasaban a imprimirse en una máquina Heilderberg. “Los textos se levantaban, colocando los tipos de imprenta vaciados en plomo al revés, para luego sacar “las pruebas” con un rodillo entintado que debían revisar los correctores.  Después de impreso el diario, era desarmada la plancha y redistribuidas las letras en los chibaletes correspondientes. El tamaño del texto se medía por las galeras que llenaba”, explica Álvarez en su artículo.

La antigua imprenta de LA PRENSA durante sus primeros años. ARCHIVO

La Goss Urbanite

El veterano periodista Agustín Fuentes Sequeira dijo en agosto de 2022 a la revista Domingo que él llegó a la sala de redacción del diario en 1948, cuando el periódico se hacía en “una casita de un piso”, y para entonces, las notas seguían escribiéndose con lápiz y papel, que luego las pasaban a un corrector que tecleaba a dos dedos en una máquina de escribir.

La actual rotativa Goss Urbanite se compró usada en el extranjero y llegó a LA PRENSA en 1954, según escribió Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en su artículo para conmemorar el 50 aniversario del periódico.

“Los procesos de impresión de LA PRENSA han ido desde la prensa plana que fue sustituida en 1949 por una duplex rotoplana, la que a su vez dejó su sitio en 1954 a una rotativa Goss y luego en 1961 a otra más grande, HCE, para pasar a partir del terremoto de 1972 al actual sistema offset”, contó Chamorro Cardenal, quien decía que el periódico tenía las mejores máquinas que se había instalado en Centroamérica para aquel entonces.

Álvaro Rivera fue el jefe de imprenta en LA PRENSA por más de 30 años y en mayo de 2019 dijo a Infobae que la rotativa “comenzó con cuatro módulos y le hemos agregado módulos y la perfeccionamos”, hasta contar con los 18 que tiene en la actualidad.

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Antes de Daniel Ortega, probablemente los años setenta fue la década más dura para LA PRENSA y la rotativa fue testigo de ello. Los años anteriores ya habían estado marcados por censuras, cierres, desastres naturales, represión y cárcel para su personal y su director Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Primero fue el terremoto del 23 de diciembre de 1972, que hizo que todo el edificio del diario se viniera abajo. Agustín Fuentes recordó que una parte de la rotativa logró salvarse del terremoto, pero el periódico no pudo salir sino hasta 69 días después, el primero de marzo de 1973, desde una nueva ubicación, en el kilómetro cuatro y medio de la Carretera Norte, en donde permanecía hasta antes que el régimen de Ortega se robara el edificio en 2021.

Esta es una imagen del edificio del periódico antes del terremoto de 1972, en el antiguo centro urbano de Managua. En el centro y de gorra, el periodista Agustín Fuentes en aquellos años. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN/ ÓSCAR NAVARRETE

Cuando Anastasio Somoza Debayle se dio cuenta que LA PRENSA, al igual que Managua, resurgía entre los escombros, dijo: “No es más que un pedazo de papel”, según cuenta Jaime Chamorro Cardenal en su libro “Entre dos dictaduras”.

En los siguientes años, Somoza Debayle ordenó más cierres temporales, cárcel, multas y juicios contra los dueños, editores y periodistas. Pero lo peor llegaría el 10 de enero de 1978, cuando Pedro Joaquín Chamorro Cardenal murió asesinado por sicarios cuando se dirigía al periódico.Todo el personal lloró su muerte y en la rotativa se imprimió el histórico titular de la noticia: “¡Mandaron a asesinarlo!”

Ninguno de los dos terremotos había sido tan devastador para el periódico como el bombardeo que hizo la Guardia Nacional de Anastasio Somoza Debayle a las instalaciones de LA PRENSA el 11 de junio de 1979.

La rotativa que había sobrevivido al terremoto de 1972 quedó reducida a escombros durante el bombardeo de 1979. ARCHIVO

En ese momento la zona estaba tomada por guerrilleros del Frente Sandinista que combatían a la Guardia en los barrios orientales de la capital. LA PRENSA “fue atacada a tiros, cañoneada y bombardeada por los aviones de la Fuerza Aérea de Nicaragua (FAN), arrojando seis roquets sobre el edificio, en cuyo interior había once personas”, detalla el reportaje Junio en la historia de LA PRENSA.

“A continuación una tanqueta de la Guardia Nacional disparó a las instalaciones del Diario de los Nicaragüenses para rematar la obra criminal y destructora”, continúa el texto. “Luego un par de soldados entró a prender fuego y aún a mediodía del 12 de junio las llamas seguían creciendo en el archivo. Medio siglo de la historia del país quedó convertido en cenizas. La rotativa Goss Urbanite, salvada del terremoto de 1972, quedó casi inservible”.

Esta vez el periódico desapareció durante 68 días y volvió a circular el 16 de agosto de 1979, tras la huida de Somoza Debayle y el triunfo de la Revolución Sandinista. “Los enterrados fueron ellos”, tituló LA PRENSA. Como la rotativa había quedado destruida, esa edición tuvo que ser impresa en los viejos talleres de El Centroamericano, en León, que era un viejo diario que ya no circulaba en el país.

En los ochenta, la rotativa pudo ser puesta a trabajar nuevamente, pero también se vio apagada en varias ocasiones por la censura impuesta por el régimen sandinista de la época.

Así quedaron las instalaciones de LA PRENSA después del bombardeo que ordenó Somoza. ARCHIVO

Sabotaje y confiscación

En los primeros años del regreso de Daniel Ortega al poder, la rotativa sufrió un sabotaje, según denunció el periódico el 19 de noviembre de 2009. Los daños fueron provocados en cinco piñones, y probablemente inició con un golpe a uno de ellos, explicó el jefe de la imprenta en aquel entonces, Álvaro Rivera.

La función de los piñones es generar movimiento a la rotativa y son una parte importante en el proceso de impresión. “Una tuerca de un piñón se puede llevar la barra de transmisión y, si se daña, pues no hay periódico”, explicó Rivera.

Para aquellos días, el gobierno de Ortega mantenía un discurso agresivo contra los medios de comunicación independientes, mientras en las calles los grupos de choque hacían de las suyas contra periodistas y miembros de organizaciones civiles.

El sabotaje a la rotativa fue descubierto desde muy temprano. Uno de los técnicos dijo que encontraron la puerta de acceso forzada y a las ocho y media de la mañana que iniciaron con el proceso de limpieza de la máquina, un ruido delató que algo no andaba bien.

“Era un golpe. Decidimos detener la marcha de la máquina para revisarla. Notamos que los engranajes de la misma, en la caja de transmisión, estaban quebrados. Posteriormente al retirar los engranajes dañados, en el depósito del aceite, se encontraron tres objetos no pertenecientes al sistema”, precisó el técnico.

LA PRENSA no descartó que detrás de este sabotaje hubiera “intenciones políticas”. Por fortuna, los técnicos pudieron reparar a tiempo la máquina y sin atrasar la publicación del periódico. En sus mejores tiempos, la máquina imprimía por seis horas seguidas y el resto del día pasaba en mantenimiento, pero desde que la dictadura de Ortega empezó a retener el papel periódico en septiembre de 2018, solamente trabajaba por dos horas al día.

El jefe de redacción de LA PRENSA, Eduardo Enríquez, y el difunto director Jaime Chamorro Cardenal recibiendo el cargamento de papel que la dictadura finalmente liberó en febrero de 2020. Óscar Navarrete/ LA PRENSA.

El 18 de enero de 2019, LA PRENSA publicó su portada en blanco con solo una leyenda al pie: “¿Se ha imaginado vivir sin información?”, mientras el editorial denunciaba el secuestro de 92 toneladas de papel, tinta, planchas, goma, revelador y repuestos para la rotativa que la dictadura de Ortega mantenía retenidos en aduana.

Después de 75 semanas, el 7 de febrero de 2020, el régimen finalmente liberó los insumos secuestrados. El director del periódico en ese momento, Jaime Chamorro Cardenal, dijo un mes después durante la celebración del 94 aniversario: “Este diario va a llegar a los 100 años”.

Meses más tarde, el régimen volvió a retener el papel hasta que ya no quedó una sola bobina. LA PRENSA anunció su última edición impresa el jueves 12 de agosto de 2021. En respuesta, la dictadura ordenó el asalto y toma del edificio, además del encarcelamiento del gerente general Juan Lorenzo Holmann.

Los periodistas del diario fueron obligados trabajar en la clandestinidad por casi un año, hasta que, en julio de 2022, toda la redacción se vio obligada a salir del país por la persecución de la dictadura.

Desde aquel 12 de agosto de 2021, el monstruo azulado permanece dormido, pero a sabiendas de que tiene un compromiso con la historia de Nicaragua. Aunque la dictadura lo ponga a funcionar, no desvirtuará su lealtad. El monstruo azulado se sabe encargado de imprimir en unos años esa versión del centenario del diario LA PRENSA.

COMENTARIOS

  1. Hace 3 semanas

    excelente y si el monstruo AZULvolvera a inmprimir porque la verdad no se calla jamas

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