Una visión sinodal de la democracia

El Mensaje de Adviento 2022 de la Conferencia Episcopal de Nicaragua no ayudó a aclarar la posición de la Iglesia Católica Nicaragüense (ICN) frente a la crisis que vive el país. Sin embargo, ofreció una pista interpretativa para vislumbrar el papel que esta institución podría jugar en la construcción de la paz con justicia y libertad que todos deseamos.

En el párrafo 4 de su mensaje, la Conferencia Episcopal dice que la ICN vive en la actualidad un “proceso sinodal”. Sínodo significa “reunión” o “asamblea”. De ella se deriva la palabra sinodalidad que, definida como “caminar juntos”, caracteriza el llamado del papa Francisco a que la Iglesia católica “del tercer milenio” actúe como un cuerpo integrado y con una dirección normativa más claramente definida. Para ello, Francisco ha echado a andar lo que para muchos es el “mayor proceso de consulta democrática en la historia de la Iglesia católica”.

 Este proceso comenzó con reuniones locales o “diocesanas”. Continuó con deliberaciones regionales y, en el año 2023, concluirá con un “Sínodo de Obispos” a nivel mundial. Los resultados de la consulta regional latinoamericana se publicaron en un documento del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) titulado, Hacia una Iglesia sinodal en salida a las periferias (Celam, 2022). Este documento, producido bajo la supervisión de una comisión en la que participó el cardenal Leopoldo Brenes, fue dado a conocer el 31 de octubre del corriente año, poco antes de la publicación del Mensaje de Adviento de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, el 16 de noviembre del año en curso.

 La sinodalidad y sus implicaciones

Para que la sinodalidad sea algo más que un vistoso nombre para rellenar los comunicados oficiales de la ICN, los obispos de nuestro país deberán poner en práctica las recomendaciones que se recogen en el documento del Celam. Estas los comprometen a impulsar una prédica y una práctica religiosa orientada a combatir todo lo que en nuestro país contradice el mensaje de amor y justicia que predicó el Nazareno, sin buscar ni esperar aplausos, sin histrionismo ni estridencias y sin politizar la fe.

 Más concretamente, la sinodalidad en Nicaragua —y resto de América Latina— deberá traducirse en la implementación de un nuevo “modelo institucional” para la Iglesia católica que facilite el avance de una “evangelización integral” (Celam, 2022, 89; 103). El nuevo “modelo” deberá servir para “superar el clericalismo”, es decir, la tendencia de obispos y sacerdotes a interpretar “el ministerio recibido como un poder que hay que ejercer antes que como un servicio gratuito y generoso que ofrecer” (Ibid., 43; 94). En otras palabras, implicará poner fin al elitismo y al paternalismo clerical —abierto y disimulado— que coloca a obispos, sacerdotes y religiosas por encima de sus feligreses y no a la par de ellos, como lo demanda la sinodalidad.

La arrogancia clerical ha facilitado, entre otras cosas, “los abusos sexuales, económicos, espirituales, de conciencia y de poder, de los que han sido responsables distintos miembros de la Iglesia” (Francisco, citado en Ibid., 49). Por otra parte, la “evangelización integral” que propone el documento del Celam, deberá ser capaz de abrazar la tensión aporética —no sintetizable—, entre “lo trascendente y lo inmanente, la fe y la realidad social en la evangelización” (Ibid., 94. Ver también: Aporías de la Fe, LA PRENSA, 20/10/22).

Así pues, esta evangelización deberá evitar hacer de la Iglesia católica una organización política o de servicio social enfocada exclusiva o principalmente en la “liberación terrenal”; o bien, la promotora de un cristianismo espiritualista que ignora “al Pueblo de Dios que sufre y de la tierra que también está sufriendo” (Ibid., 94).

Por una democracia sinodal

Finalmente, desde una perspectiva sociopolítica, la “evangelización integral” del “tercer milenio obliga a los obispos nicaragüenses —y latinoamericanos— a promover una visión sinodal de la democracia como un marco de referencia normativo —no partidario ni sectario— para la moralización de la práctica política en Nicaragua y resto de la región. Esta visión incluye los siguientes elementos:

• Un consenso social que, en armonía con la sinodalidad, ponga fin a la polarización y nos permita “caminar juntos”, a pesar de nuestras diferencias.

• Una economía “fraterna y ecológica” que, cuidando de la “casa común”, supere la “inequidad social” que en nuestro país fomenta la violencia política y promueve los flujos migratorios que de ella se derivan. Esta visión económica debe verse como una alternativa a los modelos que “privilegian el mercado sobre las personas y las familias” (Ibid., 30-32).

 • Una visión del desarrollo con “opción preferencial por los pobres”, en la que esta opción se interprete a partir de la teología del pueblo, la vertiente no marxista de la teología de la liberación que ha servido de guía a Francisco desde su juventud (Ibid., 66).

• Sistemas de participación política que le otorguen a la población la oportunidad de participar en la definición de las prioridades del Estado, como alternativa a los sistemas de democracia “formal” que funcionan como rifas quinquenales del derecho a hacer lo que a las elites ganadoras les da la gana; y a los modelos políticos “neopopulistas (que) se han aprovechado del desprestigio de las instituciones públicas del Estado (y) que navegan en el malestar popular” (Ibid., 32).

• Un marco institucional —social, jurídico y político— para contrarrestar la corrupción que hoy en día “se manifiesta en los grandes negociados que se hacen con los dineros públicos y en la ‘compra de conciencias’ por exponentes del poder político y económico y cada vez más, del narcotráfico” (op.cit.).

No será fácil para la ICN poner en práctica la prédica de Francisco y los lineamientos que ofrece el documento del Celam. Hacerlo, implicará señalar crímenes y desviaciones dentro de la misma Iglesia católica, así como a lo largo y ancho del espectro político nicaragüense, sin perder de vista que el Nazareno aborrecía el pecado sin dejar de amar al pecador; es decir, sin dejar de luchar por su arrepentimiento, con justicia y verdad.

El autor es profesor retirado del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Western en Canadá.

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