En la mitología griega hay mitos horribles, sobre madres y padres despiadados que asesinan a sus hijos, monstruos aterradores que devoran a las personas, brujas que transforman en bestias a los seres humanos, etc. Más que mitos de dioses son mitos odiosos.
Pero también hay mitos bonitos, historias agradables que reflejan la hermosura humana —femenina y masculina—, las cualidades heroicas y las virtudes bondadosas de las personas, la belleza de la naturaleza y todo lo bueno que hay en la vida.
Tiene que ser así, porque en la mitología se manifiestan el bien y el mal, la lucha entre ellos en la cual uno u otro se imponen a veces, pero el combate nunca termina. Igual que en la vida real.
Pues bien, entre los mitos bonitos me parece bueno destacar el de Antheia, de quien se dice que era hija de Zeus y Eurínome. Esta a su vez era hija del dios Océano y fue la tercera esposa del dios supremo del Olimpo.
El nombre de Antheia significaba flor y era una de las diosas de la vegetación y del renacimiento primaveral de la naturaleza. Por eso se le rendía culto también como divinidad del amor humano, del matrimonio y de la familia.
Los símbolos de Antheia eran los elementos de color dorado, como la miel. Tenía sus principales centros de culto en Argos y Creta. Se conoce que hasta ahora, al llegar la primavera los helenistas —como se les llama a quienes todavía creen en los antiguos mitos griegos—, siguen haciéndole a esta diosa ofrendas en los lugares antes mencionados.
A la festividad de Antheia que se celebra desde el siglo VIII antes de Cristo, se le llamaba Arretophoria y tenía lugar entre junio y julio de cada año.
Patricia Telesco, escritora estadounidense autora de más de 60 libros sobre paganismo, cuenta en la revista en línea Ancient Light que cada año se escogía a dos doncellas, “a las que se les daba una dieta especial cargada de miel y se les vestía con túnicas doradas, para asumir un encargo especial”.
Las doncellas llevaban una caja a un templo de Antheia y la guardaban en un lugar secreto. Mientras la caja permanecía sin abrir Antheia energizaba su contenido y bendecía a las personas que llegaban al templo y la adoraban.
Se cuenta que también en Atenas había una celebración llamada Arrephoria (foria, como se sabe, según el caso indica alegría, como en euforia, o tristeza, como en disforia).
En las Arrephorias dos doncellas que eran las hijas rituales del Arconte Basileus (rey sacerdote) de Atenea, vivían durante el año anterior a la festividad en el templo de la diosa. Allí, entre otras dedicaciones sagradas tejían una nueva túnica para Atenea, que cuando llegaba el tiempo de la festividad la llevaban en una procesión solemne para ofrecérsela.
Pero Antheia era una diosa secundaria de la primavera y todo lo bueno y hermoso que ella significa. La diosa principal, era Perséfone, hija de Zeus con Deméter, su hermana mayor.
Perséfone fue raptada por Hades, el dios y rey del inframundo quien la hizo su esposa. Cuando Perséfone fue raptada Deméter se llenó de cólera, pero también de tristeza e hizo que los campos permanecieran secos y estériles hasta que le devolvieran a su hija.
En esa situación Zeus temió que la vida se extinguiera en el mundo y presionó a Hades para que permitiera el reencuentro de Perséfone con su madre. Hades aceptó, pero con la condición de que Perséfone volviera solo una vez en el año, en el período que desde entonces es cuando llega y florece la primavera.