¿Qué pasa si no atiendo mis emociones? 

Mi adolescencia fue problemática y conflictiva para mis papás, yo estaba en los síntomas más difíciles y notables de la bipolaridad, lamentablemente mis papás no lo comprendían de esa forma, ni yo tampoco. Experimenté muchas emociones que son vistas como “negativas”, y aprendí que eran negativas porque escuché de otras personas a mi alrededor que “las niñas se ven feas enojadas” o que “llorar está mal”. De adolescente sentí mucha ira, rabia, enojo y cuando no sabía qué hacer con tantas emociones, explotaba como un volcán, hacía cosas de las que me arrepentía y luego me sentía culpable. 

Por supuesto que yo no comprendía por qué explotaba de esa manera, me hacía sentir avergonzada con quienes presenciaban mis destellos de ira, tanto que aprendí a guardarme mis emociones y esto, en vez de ayudarme con el manejo emocional, me traía muchísimas explosiones cuando yo no podía más. Lastimé a otros y me lastimé muchísimo a mí. 

Todas las emociones son notables por su intensidad, por cómo se sienten y son así justamente para que podamos percibirlas. Pero, ¿qué pasa cuando las emociones o sentimientos se desbordan? ¿Qué pasa cuando siento que mi enojo o tristeza no se detienen? ¿Qué pasa cuando siento que mis emociones tienen manejo de mí, en vez de ser yo quien lo tenga?  

Todos nos hemos sentido desbordados en una o varias emociones, y de repente un día que estabas sentada trabajando, empezaste a llorar y no supiste por qué y sobre todo cómo parar, o quizás otro día estabas tan enojada y le gritaste a alguien, pegaste algo o a vos mismo, dijiste cosas que no querías decir y ahora te sentís muy arrepentido, a esto le llamamos desbordamiento emocional. Es cuando nuestras emociones van más allá de lo que nosotros podemos gestionar y luego nos sentimos culpables por lo sucedido.  

Algunas razones por las cuales podemos desbordarnos emocionalmente: 

  1. Porque se acumularon muchísimas emociones en el tiempo y terminaste explotando. Cuando tenías ganas de llorar y no lo hiciste, cuando querías gritar y no lo hiciste. El cuerpo viene y te pide a gritos que le prestés atención. 
  1. Sentís que no sos capaz de gestionar tus emociones, así que decidís no hacerlo. Evitás tus emociones, las acumulas y al final terminás explotando. 
  1. Racionalizás mucho tus emociones como forma de protección, porque de alguna manera querés estar “a raya” con tus emociones, entonces decidís no sentirlas para no sentirte débil, las anulás para hacer de cuenta y caso que no existen, te distanciás de ellas para no sufrir ninguna emoción desagradable.  
  1. No te prestás atención en tus días a días, vivís en automático sin darte espacios de silencio para estar con vos misma, para escucharte y preguntarte cómo te estás sintiendo. Te abandonás y no buscás alternativas de autocuido emocional.  
  1. Minimizás tus emociones, cuando empezás a sentir emociones te das la justificación que “no es tan importante” o que no es válido sentir lo que estás sintiendo. 

Muchos crecimos con la creencia de que sentir emociones es debilidad, la realidad es que las emociones nos acompañan a todos los seres humanos, cada emoción viene para comunicarnos que hay algo que necesitamos atender. Puede ser que en tu infancia no tuviste padres que te ayudaran con tu inteligencia emocional; pero, la buena noticia es que todos podemos aprender a gestionar mejor nuestras emociones, todo empieza en que tomés consciencia sobre la importancia de escucharlas y atenderlas. Vos sos importante, merecés cuidarte.  

¿Qué podemos hacer para estar más en contacto con nuestras emociones? 

  1. Escribir cómo me siento todos los días. 
  1. Meditar nos ayuda a estar en contacto con nuestra mente y cuerpo.  
  1. Bailar nos ayudará a sacar emociones en el cuerpo y sentirnos vivos. 
  1. Tomar pausas en el día y hacer unas respiraciones nos trae al aquí y ahora. 
  1. Realizar ejercicio físico nos ayuda a generar bienestar en el cerebro.  

Recordemos que nos gusten o no, las emociones siempre existirán en nuestra vida. Podemos decidir ponerles atención e invitarlas a pasar a nuestra casa o podemos escoger discutir con ellas cada vez que se aparecen, provocándonos más malestar del que ya sentimos. ¿Qué querés vos? 

Recuerden que pueden seguirme en mis redes sociales de Facebook e Instagram como @telocuentamanda. ¡Hasta la próxima! 

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