El padre Erick Díaz, titular de la parroquia San José Obrero en El Tuma-La Dalia, Matagalpa, se sumó a la lista de sacerdotes exiliados por la persecución que mantiene la dictadura de Daniel Ortega a la Iglesia católica de Nicaragua. En agosto, el párroco denunció que oficiales de la Policía llegaron a su casa para informarle que tenía prohibido viajar a Matagalpa.
«En el día en que celebramos a nuestra patrona, Nuestra Señora de la Merced, hago del conocimiento de quienes han estado preguntando por mí, que tuve que exiliarme. No ha sido fácil esta decisión, pero por encima de todo está la vida y los derechos inherente a cada ser humano que han sido irrespetados. Gracias de corazón. Sé que ustedes los fieles, son hombres y mujeres de Dios que están muy cerca de cada pastor y les agradezco su cercanía», escribió el sacerdote en su cuenta de Facebook.
Daniel Ortega desató una persecución en contra de sacerdotes de la Diócesis de Matagalpa en el mes de agosto y mantiene bajo arresto domiciliario al obispo Rolando Álvarez. Este jueves el régimen presentó acusación en contra de seis religiosos y un laico que permanecieron retenidos en la curia episcopal de Matagalpa.
«Mi único delito fue estar del lado de la verdad, del lado del sufrido pueblo, de la defensa de los derechos de cada ciudadano. La Iglesia nunca ha estado defendiendo ideas, pues no es su cometido. Porque un sacerdote nunca ha deseado (ni deseará) ser alcalde, concejal o diputado. Un obispo nunca ha deseado ser presidente, u otro servicio público, ya que somos pastores y es el mejor regalo que Dios en Jesucristo nos ha dado, ser ministros y embajadores de las cosas del cielo en la tierra. Nosotros defendemos la dignidad humana, sea de donde sea es nuestro deber alzar la voz por el pisoteado, por el marginado, por el indefenso», agregó el párroco Erick Díaz.
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Asediado y amenazado
El sacerdote recordó que la Policía le prohibió asistir a la misa del congreso Mariano en Matagalpa el 14 de agosto y pasó encerrado en la parroquia. Los policías lo insultaron, le tomaron fotografías al vehículo en que se trasladaba y agentes de civil asediaban sus misas.
Indicó que tuvo que salir del país antes del 23 de agosto porque una fuente le dijo que «iban por él».
«Hoy Nicaragua está sumida en el dolor, en el miedo, en el terror. Pero de todo ello se construye un nuevo porvenir», alentó el religioso.
Se conoce que al menos cinco sacerdotes han salido de Nicaragua en el contexto de la represión a la Iglesia. El religioso que se va al exilio mantiene su cargo en espera de que la situación mejore para regresar y retomar sus funciones. Esto ocurre porque el derecho canónico establece que todo clérigo debe estar incardinado. Es decir, bajo la jurisdicción de una iglesia particular, prelatura o instituto de vida consagrada o sociedad, ya que no admite clérigos acéfalos o “vagos”.