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han pasado desde el arresto de nuestro gerente Juan Lorenzo Holmann, y la toma de las instalaciones. Nuestra Redacción está hoy en el exilio. ¿Vas a permitir que la dictadura se salga con la suya?

Einstein y la libertad de conciencia

En una de las biografías más reciente y más impresionante que he leído de Albert Einstein (1879- 1955), escrita por Walter Isaacson bajo el título Su vida y su universo, el autor expresa que al Premio Nobel de 1921 “se le ponían los pelos de punta por cualquier forma de tiranía sobre las mentes libres, desde el nazismo hasta el estalinismo pasando por el macartismo”. Para Einstein “la creatividad requería estar dispuesto a no conformarse, lo cual requería alimentar mentes libres y espíritus libres. Y ello a su vez, exigía un espíritu de tolerancia. Y la base de la tolerancia era la humildad, la creencia que nadie tiene el derecho a imponer ideas y creencias a otros”. En relación a los indiferentes que ven la maldad sin inmutarse, Einstein decía: “El mundo no será destruido por quienes hacen el mal, sino por aquellos que observan sin hacer nada”.

Traigo a la consideración de mis lectores estos breves pensamientos del creador de la Teoría de la Relatividad, porque fue un luchador infatigable en contra de las tiranías de Hitler y Stalin, cuyos gobiernos se caracterizaron por ser sistemáticos violadores de los derechos humanos. Y porque veo con marcada preocupación, cómo la dictadura de los Ortega-Murillo cada día comete más abusos contra la población inerme de nuestro país, sin que se vislumbre en el horizonte patrio una solución que nos devuelva la paz y la libertad a que tenemos derecho todos los nicaragüenses.

No obstante lo anterior, lo más grave del caso es que no se ve por ningún lado que haya algún propósito de enmienda al desgobierno, ya que por el contrario siguen con su tarea ingrata de destruir todo lo que ellos, en su afán perverso, consideran puede ser un obstáculo para sus malévolas intenciones.

Veamos, someramente, algunos hechos: Primero destruyeron a los sindicatos independientes (CGT, FSMN, CUS, CTN) para que los obreros no pudieran defenderse de los abusos de la patronal y del Estado; cuando ya el Cosep no les fue útil echaron presos a sus principales dirigentes y se lo entregaron a personas al servicio de la tiranía; eliminaron a todos los partidos políticos de oposición y aun guardan injusta prisión 190 personas por no estar de acuerdo con el sistema totalitario que tratan de implantar los Ortega- Murillo; han decapitado 1,300 ONG, muchos de las cuales daban alivio a los más necesitados como las Misioneras de la Madre Teresa de Calcuta. Y el colmo de los colmos, en la persecución sacrílega en contra de nuestra Iglesia católica, y en una actitud neroniana digna de aparecer en las páginas de Cayo Suetonio, cuando se refiere a los emperadores monstruos de la antigua Roma, el viernes 5 de agosto pasado el binomio dictatorial ordenó el encarcelamiento domiciliario del obispo de Matagalpa y Estelí, monseñor Rolando Álvarez, a quien acusan falsamente, como acostumbran, de estar organizando grupos de jóvenes sediciosos que amenazan la estabilidad del espurio régimen que ellos presiden. Se  nos asegura que igual suerte puede correr el cura párroco de Sébaco, reverendo Uriel Vallejos.

Ningún nicaragüense con el corazón bien puesto puede ser indiferente a lo que está pasando actualmente en Nicaragua. Por lo que, hoy más que nunca, cabe preguntarse: ¿Hasta dónde pretenden llegar los Ortega-Murillo y sus esbirros en contra de todos los valores, principios y creencias más sagradas que han caracterizado a la idiosincrasia de los nicaragüenses? ¿Hasta cuándo se colmará la paciencia de nuestro pueblo, soportando tantos abusos de la dictadura? La paciencia de los pueblos tiene su límite. ¡Cuidado!

 Es obvio que frente a toda esta barbarie muchos se estarán preguntando: ¿Qué hacer? Lo primero, recurrir a organismos internacionales y gobiernos democráticos demandando hechos y no palabras. Segundo, concretar la unidad de la oposición procurando organizarla en la mejor manera posible, para futuras eventualidades. Recordando siempre lo que nos dice G.W. Hegel en su Filosofía de la Historia: “Cuando el espíritu de una nación reclama una cosa, no hay poder alguno que lo acalle”. Y lo que Nicaragua reclama, ya todo el mundo lo sabe: Libertad, Justicia y progreso social, con igualdad de oportunidad para todos.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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