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días
han pasado desde el arresto de nuestro gerente Juan Lorenzo Holmann, y la toma de las instalaciones. Nuestra Redacción está hoy en el exilio. ¿Vas a permitir que la dictadura se salga con la suya?

La jurista María Asunción Moreno se encuentra en el exilio desde el 25 de julio de 2021. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE

María Asunción Moreno: “La lucha cívica y pacífica rinde sus frutos, pero lleva su tiempo”

La jurista explica, en entrevista con Revista DOMINGO, que se vio obligada a exiliarse hace un año porque considera que se necesita libertad para luchar por la liberación de los presos políticos y de Nicaragua

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María Asunción Moreno Castillo, de 51 años de edad, dedicó los últimos 21 a ser catedrática de la Universidad Centroamericana (UCA), donde formó a varias generaciones de profesionales del Derecho y de la Comunicación. En 2018, tras las protestas de abril, su vida giró totalmente y se sumó junto a otros abogados a la defensa de los presos políticos del régimen ilegítimo Ortega Murillo.

Le dolió ver morir a jóvenes y niños y dice que no pudo permanecer indiferente ante las violaciones de derechos humanos cometidas por Daniel Ortega, en contra de un pueblo que estaba desarmado.

Su trayectoria como académica le ayudó a ser considerada como un nuevo rostro del liderazgo femenino en Nicaragua, según confirmó una encuesta de la iniciativa Nicaragua Decide y, en 2021, surgió como precandidata presidencial por la Alianza Cívica.

Apenas se conoció su postulación a la precandidatura presidencial, comenzó a ser perseguida por la Policía Orteguista. Se vio obligada a ir al exilio ante su inminente encarcelamiento y ya tiene un año fuera y lamenta no poder abrazar a sus seres queridos ni visitar la tumba de su mamá.

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En esta entrevista, Moreno explica lo que está haciendo la oposición actualmente para que Nicaragua sea liberada de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Aclara que la oposición dentro de Nicaragua está casi inhabilitada por la feroz persecución del orteguismo. Y, la que está afuera, está haciendo “mucho menos de lo que quisiéramos, pero mucho más de lo que la dictadura espera que hagamos”.

Mañana, 25 de julio, se cumple un año desde que usted salió al exilio, ¿cómo se siente?

Con mucho dolor por lo que seguimos viviendo y por las condiciones inhumanas en las que están los presos políticos, con quienes comparto una forma de lucha cívica y el amor por Nicaragua. El exilio es duro, te arrebata tu vida, extrañas todo lo que era parte de ti, y la incertidumbre del retorno da angustia, pero estoy consciente que los presos políticos, y yo sería una, sino hubiese salido, se encuentran en peores circunstancias. Están aislados e incomunicados de forma cruel. Cada segundo que pasa están siendo torturados, se encuentran envejecidos y demacrados. Las presas son tratadas con saña y maldad, por su condición de mujer. Las vidas de todos ellos están en riesgo cada día qué pasa. Al salir al exilio resguardé mi integridad, pero no soy totalmente libre porque no estoy donde quiero estar. Estoy desterrada, pero puedo levantar mi voz por quienes hoy están silenciados en las cárceles del régimen de Ortega y Murillo.

¿Cómo se vive en el exilio?

Humanamente, el costo del exilio es alto. Tengo un año sin poder abrazar a mis seres queridos. El día de las madres no fui a la tumba de mi madre como lo solía hacer. Ya no comparto con mis amigos. Ya no tengo a mano mis libros de consulta favorita. Estoy fuera de mi patria en contra de mi voluntad, sufriendo de soledad. Y el vacío que dejas en tu familia les produce un sentimiento de duelo permanente. Sin duda este ha sido con diferencia el año más difícil de mi vida. El exilio político es duro, muy duro y muy injusto, y te deja una huella imborrable en el alma.

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¿Por qué prefirió salir del país y no ser una presa política?

Estoy segura que fue mejor salir. Se necesita conservar parte de la libertad para luchar por la libertad de ellos y por la libertad de Nicaragua, que espero sea dirigida por ese nuevo liderazgo que se fortalece ante la crueldad de una dictadura que está en su última etapa. Sé que los presos políticos son víctimas de graves violaciones de sus derechos humanos, pero pienso en ellos como héroes de la libertad.

¿Qué la hizo pasar de las aulas de clases, donde usted formó a varias generaciones de abogados y periodistas, a participar en política?

Honestamente, nunca pensé en aspirar a un cargo de elección popular. Tuve más de una oportunidad de ejercer la función pública, pero había decidido hacer mi aporte desde el ámbito de la educación formando en las aulas a las nuevas generaciones, los jóvenes son la esperanza, el presente y futuro de un país. Pero el sufrimiento de las familias de las víctimas no me permitió seguir viviendo igual. No fui capaz de girar el rostro y ser indiferente frente tanto a dolor e injusticia. Yo no decidí entrar a la política, pero creo que para construir una nueva Nicaragua se necesita crear instituciones sólidas y fuertes, y una nueva forma de hacer política centrada en el respeto y el servicio al ser humano, y eso solo es posible con nuevos liderazgos políticos, que no representen ni reproduzcan patrones políticos tradicionales, como pactos, caudillismo, corrupción.

¿Qué significó para usted las protestas de abril de 2018?

Un rechazo a Ortega y a la clase política tradicional. Por eso no se puede construir una nueva Nicaragua con viejas formas de hacer política y con los rostros de políticos tradicionales que han participado en las últimas décadas de la destrucción del país.  Debemos tenerlo claro, en esta lucha por la libertad y democratización de Nicaragua, debe quedar excluida la vieja forma de hacer política y sus protagonistas.

¿Compararía a Daniel Ortega con Anastasio Somoza Debayle?

Comparar a Ortega con Somoza es hacer ver a Ortega menos malo de lo que es. La crueldad de Daniel no tiene punto de comparación con la de Somoza. Imagínate, la gran masacre que se le atribuye a Somoza en 1956 se saldó con 4 muertos, mientras Ortega solo en las manifestaciones pacíficas de abril del 2018 mató a más de 350 manifestantes pacíficos, incluidos adolescentes como Alvarito Conrado y niños como los del (barrio) Carlos Marx.

“La diáspora, el exilio y los desterrados, estamos trabajando con la mística y el esfuerzo de cada uno, estando en diversas plataformas. Participamos en foros internacionales, visitas a las organizaciones de derechos humanos, contactando con gobiernos amigos para que apliquen medidas que obliguen a Ortega dejar el poder. Es un trabajo complejo y poco visible, pero con resultados positivos. La lucha cívica y pacífica rinde sus frutos, pero lleva su tiempo”.

María Asunción Moreno, jurista y precandidata presidencial en 2021

¿Cómo ve desde el exilio la labor de la oposición tanto dentro como fuera de Nicaragua? ¿Se puede esperar algo bueno de lo que están haciendo actualmente?

El cambio lo debemos hacer los nicaragüenses. Es nuestra responsabilidad cambiar el curso de nuestra historia política, para no volver a repetirla. Sin embargo, la oposición está sufriendo una feroz represión, los fusiles de la dictadura los apuntan directamente y las cárceles están abiertas esperando por cualquier persona que exprese sus ideas en contra de Ortega. La policía, el ejército, la Fiscalía y los jueces trabajan de forma coordinada para reprimir, torturar y encarcelar opositores. La Asamblea legislativa trabaja a destajo para hacer leyes que ilegalicen el trabajo de la oposición o cualquier trabajo social donde no se enarbole la bandera de la muerte del oficialismo, se persigue a la iglesia católica y algunos grupos religiosos, se cancelaron las personerías jurídicas de las oenegés, se persigue y criminaliza la libertad de prensa. En ese contexto, la oposición no puede hacer mucho como un ente organizado y con trabajos coordinados, pero la gran fortaleza opositora la representa el 90 por ciento de la población nicaragüense que ejerce su oposición en silencio y en secreto. El régimen Ortega Murillo está derrotado, basta ver sus comparecencias públicas para confirmarlo.

¿Y los que están afuera?

La diáspora, el exilio y los desterrados, estamos trabajando con la mística y el esfuerzo de cada uno, estando en diversas plataformas. Participamos en foros internacionales, visitas a las organizaciones de derechos humanos, contactando con gobiernos amigos para que apliquen medidas que obliguen a Ortega dejar el poder. Es un trabajo complejo y poco visible, pero con resultados positivos. La lucha cívica y pacífica rinde sus frutos, pero lleva su tiempo.

¿Un ejemplo de lo que han logrado?

Hemos logrado visibilizar la crueldad y la deshumanización del régimen, al denunciar las condiciones inhumanas y de tortura que sufren los presos políticos, la persecución a la prensa, a la iglesia, a la sociedad civil, por eso la comunidad internacional ha condenado la barbarie de los Ortega Murillo y algunos países han impuesto sanciones. Los resultados son mucho menos de lo que quisiéramos, pero es mucho más de lo que la dictadura espera que hagamos.

¿Mira que Ortega pueda ir más allá de lo que ha hecho contra la iglesia católica?

En los últimos días hemos visto el odio del régimen contra la iglesia católica, ante la valentía, firmeza y claridad de nuestros pastores, porque sabe que la iglesia se dedica a edificar e informar al pueblo, y tiene un gran poder de convocatoria y predica sobre la justicia, sobre la lucha contra la pobreza, predica a Jesús que siempre confrontó al poder abusivo, y por eso, va a sufrir más persecución. Pero la iglesia cuenta con la verdad y la justicia y de su lado está Dios, que prevalecerá al fin de los tiempos y no olvidemos que ya Jesús nos dijo bienaventurados cuando por mi causa los persigan. Dios vence siempre y nuestra iglesia saldrá fortalecida.

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La economía del país, ¿cómo la ha visto?

Recuerda que yo soy abogada y dejo a los economistas el análisis de los datos económicos. Sin embargo, puedo intuir que la economía va empeorando, la migración de jóvenes me desgarra, nuestros mejores recursos humanos se están yendo del país, la población se nos está envejeciendo aceleradamente pues nuestros jóvenes se van y se está creando una brecha generacional terrible y eso puede causar graves daños a la economía a mediano y largo plazo. La inversión extranjera directa está casi totalmente paralizada. La unidad de inteligencia de The Economist proyecta crecimiento de casi cero para el próximo año. El riesgo país crece, hay empresarios encarcelados y todos los empresarios nicaragüenses están bajo amenazas, eso solo es augurio de que la economía no tiene ningún futuro de crecimiento. Mientras Ortega siga en el poder, la economía solo empeorará junto con las condiciones de la vida de la gente.

Moreno fue precandidata presidencial en 2021. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE

Plano personal de María Asunción Moreno

Nació en Jinotega, el 25 de diciembre de 1970. Tiene un doctorado en Derecho, realizado en España, y una maestría en Ciencias Políticas y Derecho Constitucional.

Ha sido catedrática de Derecho casi 21 años. Su pasión por la docencia la descubrió a los 16 años de edad, cuando una monjita del colegio Pureza de María le propuso que se integrara como docente de preescolar y le dio tres libros sobre desarrollo de destrezas y habilidades, pedagogía y orientación a los padres.

Además de impartir clases en la UCA, ejercía como abogada y realizaba consultorías técnicas en proyectos de modernización institucional del sistema de justicia, reforma penal y procesal penal, leyes anticorrupción, antiterrorismo, violencia de género, protección de datos, carrera judicial, entre otras. Sus criterios técnicos legales eran parte de la opinión pública en temas de justicia y Estado de Derecho.

De niña sufrió bullying por su voz. “Las niñas me decían que hablaba como hombre, así que no quería ir a clases y mi madre me obligó a regresar al colegio y me dijo que nunca permitiera que me apagaran mi voz”, cuenta.

Tiene dos hermanas y un hermano. “Son la bendición y compañía que mi madre me dejó”, explica.

Le gustan los deportes. Es seguidora del Barcelona. “Me hubiese gustado ser una gimnasta”, expresa.

Declara tener un sentido común muy agudo, intuición. Se define apasionada por el derecho y con cero tolerancias a las injusticias y la discriminación.

Es católica. “Soy soñadora y creo en los milagros porque hay un Padre Todopoderoso que protege y cuida a sus hijos”, finaliza.

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