4 de julio: ¿peligra el legado norteamericano?

Estados Unidos es una de las naciones más excepcionales de la tierra. Fue la primera democracia moderna; la autora y pionera de una forma de gobierno verdaderamente revolucionaria. Se adelantó a la revolución francesa, creando el sistema de separación de poderes, elecciones periódicas e imperio de la ley. Su original sistema serviría y sigue sirviendo como modelo político a casi todas las naciones.

Su Constitución, diseñada para salvaguardar los derechos individuales ante el Estado, fue copiada en todas partes, aunque con menos éxito. Lo más notable es que ha perdurado por más de doscientos años, aunque con enmiendas menores. Bajo un sistema de gobierno limitado y amplias libertades individuales, y con una economía verdaderamente capitalista y competitiva, Estados Unidos se convirtió en la nación más próspera del planeta. La tierra de las oportunidades. El país donde para triunfar no se necesitaba pertenecer a la nobleza sino trabajar duro, tener iniciativa y creatividad. Millones de inmigrantes que arribaron a sus costas paupérrimos se volvieron ricos o alcanzaron niveles de vida nunca soñados en sus países de origen.

Uno de los testimonios más elocuentes del triunfo del modelo norteamericano es constituir el lugar de destino más ansiado por los pobres del mundo. Estos han votado con sus pies. No han elegido ningún paraíso socialista sino la tierra cuyo himno la describe como The land of the brave and the home of the free (La tierra de los bravos y el hogar de los libres).

Defectos los ha tenido. Ninguna sociedad construida por hombres puede ser perfecta. Ha tenido esclavitud, racismo, políticas externas a veces agresivas y torpes, fuertes desigualdades sociales y muchos etcéteras. Pero en balance y en comparación con otras sociedades —reales y no ideales— es una de las naciones que ostenta los mejores récords en cuanto gobernabilidad, ayuda externa a países pobres y defensa de los ideales libertarios en el mundo entero. Fue, entre otras cosas, el muro de contención más poderoso contra los totalitarismos nazis y comunistas del siglo XX. En cuanto a racismo es un país donde la mayoría blanca eligió dos veces a un presidente negro.

Pero esta nación, tan luminosa e importante para el resto del planeta, enfrenta hoy problemas profundos que pueden carcomerla. Uno de ellos es la pérdida, gradual pero fuerte, de su legado religioso. Sus primeros colonos eran hombres y mujeres de la Biblia. Gente con un fuerte sentido de la responsabilidad personal, el valor de la familia y las virtudes cristianas. Hoy gran parte de su actual población, seducida en parte por el materialismo, el agnosticismo y el relativismo, navega sin brújula moral y parece empeñada en destruir valores tan importantes, y otrora sagrados, como el derecho a la vida, la familia monogámica tradicional, y la búsqueda de la verdad. Algo tan repugnante moralmente como el aborto pasó, de considerarse criminal, a ser exaltado como derecho inviolable de la mujer. Algo parecido ha ocurrido con la familia. Las leyes del divorcio unilateral, el apoyo estatal a las madres solteras, y la cultura cada vez más hedonista, han terminado haciendo de Estados Unidos una de las naciones con mayor inestabilidad familiar y ausentismo paterno.

Por otro lado, las universidades, conquistadas en gran parte por la intelectualidad izquierdista, han venido fomentando entre la juventud un creciente rechazo a su propio país y sistema. A pesar del descrédito mundial del socialismo, aumenta entre su juventud la simpatía a soluciones estatistas, anti empresariales y de igualación forzada.

Alarmante, en particular, la división de la sociedad en sectores con creencias irreconciliables y mutuamente hostiles. Los conservadores abominan del aborto y defienden los valores familiares tradicionales. Los liberales lo defienden como derecho sagrado, mientras aplauden el matrimonio gay y los derechos homosexuales. Aquellos defienden la libre empresa y ven con desconfianza al Estado grande. Estos buscan imponer mayores cargas tributarias y regulaciones al empresariado y acrecentar el tamaño y rol del Estado. Y así difieren con pasión en muchos otros temas.

¿Hacia dónde irá esta gran nación? ¿Prevalecerá la fibra que la hizo grande o se hundirá en una mortal decadencia? La repuesta debe interesar a todos. Lo que pase en Estados Unidos no se detendrá en sus fronteras.

El autor es sociólogo. Fue ministro de Educación de Nicaragua.

Opinión 4 de julio Estados Unidos modelo político archivo

COMENTARIOS

  1. Hace 4 años

    Sin lugar a dudas tu inquietud es valedera. En la arena movidiza en que se mueve el Planeta en donde podemos con suma alarma ver nuestra tragedia en Nicaragua en donde un ser extraño a nuestras costumbres y disfrazado de revolucionario esta imponiendo entre » un supuesto Estatu Quo de vacío de Estado de Derecho y nuestra actitud de prevalencia de las buenas costumbres. Muy bueno tu enfoque y adelante

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí