Nayib Bukele, Alejandro Giammattei y Xiomara Castro los tres mandatarios centroamericanos que no asistieron a la Cumbre organizada por Joe Biden. LA PRENSA

Bukele, Giammattei y Castro se ausentaron de la IX Cumbre organizada por EE. UU. ¿Qué significa?

Los tres mandatarios de los países del Triángulo Norte decidieron enviar a sus representantes a la Cumbre. Expertos en derecho y relaciones internacionales comparten su análisis

La ausencia de los presidentes de los países del Triángulo Norte, Nayib Bukele, de El Salvador; Alejandro Giammattei, de Guatemala, y Xiomara Castro, de Honduras, en la IX Cumbre de las Américas organizada por el Gobierno de Estados Unidos, gobernado por Joe Biden, evidencia, según expertos en derecho y relaciones internacionales, la combinación de «tensiones» que existen entre los tres países con EE. UU. y por otro lado el poco éxito de la política exterior estadounidense respecto a ellos.

Los tres mandatarios del Triángulo Norte delegaron a sus respectivos cancilleres Alejandra Hill, de El Salvador; Mario Búcaro, de Guatemala, y Eduardo Enrique Reina, de Honduras.

¿Qué está pasando entre los gobernantes?

Sobre esta interrogante, la opinión y valoración de los expertos consultados por este Diario varía. Para el politólogo y analista del Diálogo Inter-Americano en Washington, Manuel Orozco, lo que existe entre los presidentes del Triángulo Norte sobre su relación con Estados Unidos «es una combinación de tensiones».

Explica que primero se debe tener presente que «los tres países se enfrentan a legítimos problemas de gobernabilidad democrática que no quieren sean puestos en evidencia ante la lupa internacional, que incluyen la corrupción, la intimidación de fiscales en Guatemala, la concentración del poder en El Salvador, la inestabilidad política en Honduras».

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Orozco continúa explicando que en segundo lugar «la política exterior de Estados Unidos no ha sido consistente en su relación bilateral, y varios países le echan en cara esa situación. Específicamente, el partido de gobierno de Honduras que conforma una alianza con el Partido Libertad y Refundación pasa la cuenta a Estados Unidos por su silencio frente al fraude electoral de Juan Orlando Hernández (expresidente) y del que la Organización de Estados Americanos (OEA) tampoco reaccionó críticamente».

Manuel Orozco. LA PRENSA/Cortesía

Por último indica que «estos tres países han sido reacios a asumir frontalmente el problema migratorio porque la salida de gente es una forma de votar con sus pies. El año pasado salió cerca de un millón de personas y este año la cifra va por ese número. Para estos países ser socios de la Estrategia de las Causas de la Migración que diseñó la Administración Biden representa una carga política muy grande y no es prioridad para ellos. El resultado es un distanciamiento y una oportunidad de pasarle la cuenta por no haber sido invitados a la Cumbre de las Democracias, mientras cómodamente ajustan su comodín moral para no ser criticados como los gobiernos menos estables en las Américas junto con Nicaragua, Haití, Cuba, Bolivia y Venezuela».

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Con lo expuesto por Orozco coincide un experto en derecho internacional que habló con LA PRENSA bajo la condición de anonimato por temor a represalias. «Hay un creciente malestar en contra de las políticas estadounidenses en esos países ante la falta de efectividad de lo que ofrecen y lo que se cumple verdaderamente. Además de las constantes críticas a sus gobiernos por la falta de voluntad política, transparencia de sus actuaciones y pocos resultados que puedan indicar que la cooperación de EE. UU. es buena y efectiva versus esas críticas de injerencia que sienten en las políticas internas de sus gobiernos», sostiene.

Foto oficial de la IX Cumbre de las Américas. LA PRENSA/AFP

Para este experto, el hecho de que los presidentes del Triángulo Norte no hayan asistido a la Cumbre y en su lugar hayan enviado a representantes, evidencia «cierto cansancio a esas políticas de EE. UU. y la nueva presencia de países como China, que es un contrapeso directo de Estados Unidos en la zona, supliendo varias de esas necesidades que EE. UU. no ayuda a compensar». Añade además que «el mayor problema con esos tres países, el Triángulo Norte, es la conflictividad que representan para EE. UU., inseguridad, homicidios, narcotráfico, crimen organizado».

Por su parte, Carlos Murillo Zamora, experto en derecho internacional, temas de integración y catedrático de la Universidad de Costa Rica (UCR), reconoce que «no se puede poner a los tres gobernantes en la misma canasta» debido a las diferencias que tiene cada uno con EE. UU.

«Guatemala tiene diferencias con EE. UU. por asunto de la Fiscalía y de problemas judiciales, el presidente de Guatemala no fue a la Cumbre, no en solidaridad con los regímenes. Xiomara Castro está metida en un zapato, en un aprieto, porque Daniel Ortega la tiene maniatada por la gente seguidora de Manuel Zelaya (su esposo) que está refugiada en Managua que por razones de seguridad personal no pueden regresar a Honduras, pero por otro lado, si se distancia de los EE. UU. se ve en un aprieto porque es el único gobierno que puede mantenerla en el poder con ayuda económica».

Analista internacional Carlos Murillo Zamora. LA PRENSA / CORTESÍA
Analista internacional Carlos Murillo Zamora. LA PRENSA / CORTESÍA

Sobre Bukele, quien este jueves descalificó a la OEA al señalar que es un «ministerio de colonias de Washington», Murillo Zamora señala que «puede decir cualquier tontería hoy y mañana la cambia, era un aliado cercano a los EE. UU., Washington le critica la forma en la que está manejando el asunto con las pandillas en su país, que es totalmente violatorio a los derechos humanos, así que por eso sale con ese argumento, pero no se podría extrañar que la otra semana cambie y diga que la OEA es lo mejor».

Murillo Zamora considera que en estos momentos la mayoría de gobernantes latinoamericanos «son muy pocos los que no están en esa condición que un día dice una cosa y otro día otra cosa, incluyendo al presidente de Costa Rica» debido a que «no tienen idea de cómo manejar las relaciones exteriores, es una coyuntura muy particular en donde están tratando a veces de ir contracorriente, a veces a favor de corriente, a veces no saben ni para dónde orientarse y lo cierto que hay un problema serio con el Triángulo Norte con las migraciones y fue un error».

¿Aislamiento o acercamiento?

Jason Poblete, politólogo y exasesor del Congreso de Estados Unidos, tiene una valoración diferente de las anteriores, y considera que el hecho de que no se hayan presentado los gobernantes de los países del Triángulo del Norte refiere que «la Administración Biden los está tratando de aislar por razones ideológicas. El respeto hay que ganárselo; entre aliados se tiene que nutrir la relación. Oficiales de Biden tienen más condescendencia y deferencia hacia regímenes como el de Cuba y Venezuela».

Jason Poblete. TOMADA DE INTERNET

Poblete indica que «lo que estamos presenciando en la Cumbre de las Américas es lamentable, es un ejemplo que cristaliza el deterioro del sistema interamericano. Y la razón por que tenemos en parte regímenes como el de Daniel Ortega».

Sobre la ausencia de los mandatarios, Bukele, Giammattei y Castro y su representación en el foro político, señala que es «una gestión simbólica y diplomática. Creo que es prudente porque es mejor saber qué es lo que está pasando, pero no elevarlo. El equipo de América Latina del presidente quizás tiene que reevaluar su estrategia».

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El profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA), Carlos Cascante Segura, cataloga la relación de EE. UU. con estos tres países como «un juego muy interesante» o un tipo de «estrategia», debido a que los países critican la actuación de EE. UU., pero no dejan de beneficiarse de la cooperación que otorga.

Carlos Cascante Segura, experto costarricense. LA PRENSA / TOMADA DE INTERNET

«Muestran resentimientos hacia las críticas de los Estados Unidos a sus respectivos gobiernos, pero esto tiene como propósito obligar a que Estados Unidos reaccione con acciones que beneficien la situación que viven esos gobiernos para que la cooperación siga fluyendo para que los EE. UU. continúe trabajando cercanamente con esos gobiernos. Es decir, es una estrategia da gestos de alejamiento con la esperanza de poder estar en un mejor esquema de negociación con la cooperación que brinda EE. UU. a esos países», asegura Cascante Segura.

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