¿Cómo es posible que, a pesar del descrédito mundial de las políticas estatistas y socialistas, tantos países de América Latina quieran repetirlas? Escoger mal y sufrir sus consecuencias es propio de la debilidad humana. Volver a hacerlo es propio de la estupidez. Tal pareciera ser el estado mental del subcontinente. La izquierda, es decir, los que adversan el mercado libre y la democracia representativa —mientras aman el intervencionismo estatal, redistributivo y autoritario— gobierna con distintos matices en Méjico, Honduras, Nicaragua, Cuba, Venezuela, Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Y pronto puede hacerlo en Colombia, si gana Petro, o en Brasil, si vuelve Lula.
Pensando en este giro inexplicable, el profesor de Harvard, Niall Ferguson, tras visitar Chile en 2014 y ver cómo la izquierda se alistaba para desmontar el sistema liberal que lo hizo el país más próspero de la región, exclamó: “Chile está comenzando a ejercer su derecho a ser estúpido”. (Kaiser 2017) La frase podría mover a risa si no fuese por la tragedia que implica. Porque dicha estupidez impone sobre multitudes inmensas el derecho a ser pobres. Vale indagar sus causas.
Parte de la respuesta la dio el economista argentino Germán Fermo. Preguntado por qué su país jamás lograba una recuperación económica sostenible contestó:
“Porque somos 43 millones de socialistas”. Su respuesta implica que una de las principales razones de este mal latinoamericano está en el campo de las ideas. Sus élites intelectuales, sus universidades y periodistas, más algunos de sus clérigos, siguen empecinados en desconocer las bondades del sistema de libre empresa y de la libertad e iniciativas individuales, mientras, contra toda evidencia, siguen viendo al Estado como el gran igualador y generador de riquezas. No deben entonces sorprender los resultados. Sin el predominio de ideas liberales y democráticas no puede haber política ni economía liberal.
¿Qué explica a su vez este fenómeno? La respuesta la ha expresado brillantemente Axel Kaiser en su libro La Fatal Ignorancia: la anorexia cultural de la derecha frente al avance ideológico progresista. Su tesis es que las élites empresariales, económicas y sociales han despreciado el papel que las ideas tienen en el destino de sus sociedades. No entienden lo decisiva que es la batalla porque prevalezcan las buenas y cómo del resultado de ella depende finalmente el de la lucha política. Peor aún, tienden a despreciar peligrosamente todo quehacer intelectual a excepción de aquellos rentables en dinero como la economía y ciertas áreas del derecho. Abren sofisticadas escuelas de negocios, pero raramente se preocupan por abrir o patrocinar centros que promuevan las ideas liberales y democráticas.
Este menosprecio por la batalla ideológica se manifiesta claramente en los partidos políticos. Estos, de acuerdo con el chileno, Carlos Matus, parecen más bien “clubes electorales”. “¿Cuál de ellos, se pregunta, tiene centros de formación política?” La izquierda, sin embargo, ocupa con dedicación las cátedras universitarias, publica cantidad de libros y artículos, y copa buena parte de los círculos periodísticos e intelectuales. Libros como el de Marta Harnecker, Conceptos Básicos del Materialismo Histórico fueron leídos ávidamente en los años setenta del siglo pasado, al igual que el libreto con dibujos, Marx para principiantes de Rius. Igual, la izquierda neomarxista fundó numerosos centros de “investigación” y difusión ideológica, o se apoderó de otros como como Clacso (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales) creado por Unesco en 1967.
Una de las pocas excepciones de centros liberales o de derecha, dedicados a la lucha ideológica ha sido la Universidad Francisco Marroquín, en Guatemala. También podrían sumarse algunas universidades privadas en otros países, con la reserva de que algunas católicas y protestantes fueron infiltradas por la pro socialista Teología de la Liberación.
Urge invertir en la enseñanza y multiplicar centros dedicados a la difusión de ideas favorables a la libertad, la democracia y la libre empresa. Los partidarios de ellas tienen a su favor sus múltiples consecuencias positivas y verificables. Es hora de aprovechar esta ventaja. Hacerlo
será un servicio a la verdad y a los pobres, quienes, dicho sea de paso, son siempre las víctimas de las ideas socialistas.
El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.