Durante 96 años LA PRENSA ha contado cientos de historias. Muchas de ellas cambiaron la vida de los protagonistas y de los periodistas y fotógrafos que las captaron. Hace casi 20 años, Nicaragua conoció a Aldo, un adolescente que a sus 14 años cursaba el primer año de la carrera de Arquitectura. Hoy es padre de familia y tiene un hijo de esa edad que cursa primer año de secundaria.
En 2003, un equipo de LA PRENSA se dirigió a la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) para conocer a Aldo Membreño, probablemente el universitario más joven del país en ese momento. Proveniente de una familia de escasos recursos, de origen matagalpino, Aldo cuidaba de sus hermanos menores y usaba la mesa donde planchaba su ropa para poner sus planos.

“Después de LA PRENSA, me entrevistaron de Telemundo, y me llamaron de otros medios. Encontré gente que me apoyó, que quiso saber de mí, vos sabés que mi familia fue siempre de escasos recursos. Estábamos con las complicaciones económicas y mucha gente se acercó a apoyarnos y la universidad me apoyó económicamente hablando y al final la presión mediática porque no parece, pero sí la tuve”, relató Membreño.
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Sus padres le advirtieron que debía esperar para la universidad, pero él dice “más que año me salté etapas” y lo que vino fue una “época oscura”. “La presión de la carrera sí me llegó como tal y hasta llegué a pensar que no iba a poder como tal”, indicó.
“Unos años después del reportaje quería seguir siendo el centro de atención. Me he imaginado salir a los 19 años de mi carrera. Hubo una etapa en que fue mi decisión y tuve que asumir mis responsabilidades. A los 15 años empecé a trabajar en un centro de la universidad que trabajaba planos y aprendí a usar Autocad”, detalló Membreño.

A los 17 años, ya con libertad económica se fue a vivir solo y conoció a su primera pareja y a los 19 años tuvo a su primer hijo. Esto hizo que se enfocara en la familia, en su hijo que hoy tiene 13 años.
Se salió de la carrera y se dedicó a trabajar por su familia. Lo que debió terminar a sus 19 años logró culminarlo hasta en 2010, cuando egresó y alcanzó su título en 2012.
Dice haber cambiado de enfoque, pero desde 2003 mostró que lo más importante para él fue la familia. “La familia cambió. Con la visión de que mi mamá y mi papá me inculcaron con la preocupación de la familia. Para mí, mi familia son mis hijos y mi pareja en ese momento”, dijo.
Tiene una hermana cinco años menor, quien hoy tiene 27 años y su hermano, que en el momento de la entrevista con LA PRENSA, tenía 3, hoy está por cumplir 23 años, de los que dice “siempre han sido parte” de su vida.
No le costó encontrar trabajo porque laboró en el centro tecnológico “El rincón arquitectónico” y trabajó con especialistas y arquitectos, además de contar con su mentora, Nadín Abarca.
Padre emprendedor
Siempre trabajó en el ramo de la construcción y el diseño en diferentes áreas. En una etapa que “se complicó laboralmente el tema”. En 2010 tuvo que trabajar como vendedor, pero considera que desarrolló liderazgo con equipos de venta. En 2018 trabajó en Corporación Americana de Idiomas (CADI), donde «desarrollamos muchas cosas».
“Empecé a trabajar por mi cuenta. Nos ha costado levantarlo, pero con mi hermana trabajamos una empresa de bienes raíces, construcción, remodelaciones que se llama Ataraxia”, relató Membreño.
Membreño tiene tres hijos varones de 13, 10 y 4 años.
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“Me salté etapas, no grados”
Explica que “cuando era pequeño tenía una capacidad de asimilación más rápida que los demás. Eso me permitió saltarme etapas, no grados. Qué sucede cuando no quemás una etapa. Cuando llegás a un momento de reflexión, te das cuenta que hay algo que otros vivieron que no viviste y debés pasar estas etapas para cuando llegás a mayor, tener más enfocadas las cosas”, afirmó.
Su hijo de 13 años —quien tiene la misma edad que él cuando entró a la universidad—, actualmente cursa primer año de secundaria.
Cuando sus hijos vieron el artículo de LA PRENSA, le preguntaron cómo lo hizo, pero Aldo asegura que está feliz de ver a sus hijos quemar etapas. “Cada niño es un mundo distinto, no podés compararlos”.
Indicó que le habría gustado seguir el consejo de sus padres de no entrar a la universidad tan joven, pero remarca que “no se puede llorar sobre la leche derramada”.
A los lectores de LA PRENSA les recomienda tomar lo bueno. “Parte de mi filosofía es tomar lo negativo para crecer y no cometer esos errores, y quedarse con lo positivo porque es lo que te va a llenar”.
“Mi consejo es que cada quien lleve su proceso a su modo. Empecé carrera a los 14 años, todo mundo esperaba la culminara a los 19 y la culminé cerca de los 24 años. Está bien, cada quien tiene la perspectiva de llevar las cosas a su forma, a su ritmo, no hay que entrar en comparaciones”, dice entre risas.
No se arrepiente de haber sido papá tan joven porque asegura que pudo disfrutar su niñez y su adolescencia. “Me siento chavalo de 33 años, con toda la energía para comerme el mundo”, dijo.
“Es un tema de tolerancia que en este país falta demasiado. Ser tolerante con las decisiones y la forma de ver la vida de otras personas”, reflexionó Membreño.
Aún no está seguro de cómo quiere que le llamen casi 20 años después, entre risas dice “de niño ya no tengo nada”, pero asegura que aún no llega al punto, a la cima, al punto donde quiere llegar para ser recordado. “El profesional, el constructor, el emprendedor. Solo sé que esa es la forma en que quiero que mis hijos se formen, que no le trabajen a nadie más”, afirmó.