- Es quizás el universitario más joven del país. Con apenas 14 años, Aldo Vladimir Membreño Suárez sueña con ser arquitecto, carrera de la cual cursa el primer año
Arlen Regina Pérez/Especial para LA [email protected]
Aldo Vladimir Membreño Suárez lleva una vida llena de responsabilidades y de retos. Se levanta a las cuatro de la mañana a planchar su ropa o alistar lo que se va a poner para ir a clases. Deber salir a las seis para llegar temprano, y al terminar debe regresar a cuidar a su hermana de ocho años y su hermanito de tres.
En Nicaragua esto es común en muchas de las familias de escasos recursos como la Aldo Membreño, pero lo extraordinario de este niño es que se ha convertido en, probablemente, el universitario más joven del país, al cursar el primer año de la carrera de Arquitectura en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), a sus cortos catorce años.
Pero en la vida académica de este adolescente, ésta no es su primera hazaña. A los tres años y medio ya sabía leer, escribir, sumar y restar. Cuando llegó a primer grado no encontró dificultad en las clases.
“Cuando la profesora nos dejaba nuestras tareas yo lo que hacía es que las terminaba y me comenzaba a meter debajo de los pupitres a necear. Si ves mi boletín de primer grado, puro rojo en conducta y el resto de las notas cien”, comentó riendo Membreño.
Cambió de domicilio y tuvo que trasladarse a otro colegio. A pesar de que no terminaba el tercer grado lo pasaron a cuarto grado con la idea de que lo llevara dos veces, pero al tener las mejores notas fue promovido a quinto grado.
El joven estudiante admite que saltó la etapa de los juegos. “En la secundaria, de primero a tercer año yo estaba en una etapa en la que debería andar corriendo, decía mi mamá, andar jugando chibolas, trompo, pero casi sólo me dedicaba a pasar metido en los cuadernos, en álgebra, matemáticas, nunca me dediqué a jugar”, expresó.
No le gusta salir más que para ir a clases. “Si no es para ir a la universidad, no salgo y si salgo voy con mi papá. Ellos (sus padres) me han dicho que debería de salir a divertirme, pero pienso que en las calles hay muchos vicios, muchos problemas. Pienso que es mejor quedarme en mi casa, a aparecer más tarde degollado o apedreado o apuñaleado”, manifiesta Membreño.
POBREZA EN EL HOGAR
Aldo Membreño quería estudiar quinto y sexto grado en el mismo año, pero su mamá lo detuvo porque ya iba bastante avanzado. Al bachillerarse y por su corta edad, le dieron la opción de dejar de estudiar por un tiempo, pero él decidió seguir adelante.
La familia de Aldo, originaria del departamento de Matagalpa, no tiene muchos recursos. Su padre trabaja como supervisor en una empresa de servicios de vigilancia y su madre vende productos de belleza por catálogo.
Por su situación económica el niño universitario ha debido cumplir con responsabilidades que le han valido la confianza de sus padres. “Se ha ganado el derecho de que nosotros lo tratemos como una persona mayor, porque cuando lo dejamos con el niño, él lo cuida”, dijo Leonor Suárez Mejía, madre de Aldo.
En casa lo tratan como universitario, sin perder la noción de que tiene catorce años. Le ayudan describiéndole el mundo al que se enfrenta. “Cuando él iba a entrar a la universidad, se le hizo ver que iba a entrar a un mundo completamente diferente. No vas a entrar a un bachillerato, no vas a estar con tus compañeritos con los que has estado todo el tiempo, vas a estar con nueva gente que no la conoces, que no sabes de dónde viene ni qué tipo de personas son”, relató Aldo Membreño, padre del muchacho.
Este muchacho debe lidiar con las responsabilidades del hogar y sus trabajos de la universidad. Diario debe arreglar su cuarto, aunque algunas veces no lo hace. “Dejale el desorden –confiesa el padre de Aldo, refiriéndose a lo que le dice a la madre–, que el genio está trabajando”.
ENTRE UNIVERSITARIOS
Para sus compañeros de clases, el niño arquitecto es un buen compañero, y si no fuera por su apariencia no sabrían que tiene catorce años. “No los aparenta en su forma de pensar. Tiene un grado de responsabilidad y se ganó estar aquí. A veces le agarran unos arranques infantiles y son pocas las personas que se los soportan. Pero es muy inteligente, es buen amigo. Es un niño de catorce años con una mente enorme”, comentó Jorge López Medina, compañero de clases de Aldo.
Adaptarse a la idea de que Aldo era un estudiante fue algo difícil. “Fue todo un acontecimiento las primeras semanas, ya después se vinieron acoplando al mes de verlo, pero la universidad todavía no ha terminado de sorprenderse, porque hay personas que lo ven y preguntan ¿y este chavalito, y este niño?, les dicen la edad y no lo creen”, dijo López.
Para Marcos Antonio Rivas, estudiante de tercer año de Arquitectura, la situación de Aldo le llamó la atención. “Me sorprendió ver a un chavalito que ya está en la universidad, nunca había visto a una persona tan jovencita (en la universidad). Aldo es una persona bien centrada y considero que si sigue así va a sacar a temprana edad su carrera”, comentó.
EL ALUMNO
La arquitecta Aracely Serrano, profesora del joven estudiante, piensa que “fue asombroso que un muchacho tan joven entrara. Además, siempre queda el tabú aquél de que a la universidad siempre deben entrar personas mayores de edad, que por la disciplina, que por esto, pero a pesar de todo él ha demostrado que tiene capacidad”.
Serrano considera que Aldo capta las clases con facilidad, que tiene la capacidad, aptitud, entusiasmo y esmero que son fundamentales para estudiar Arquitectura. Y si logra acoplarse y pasar el primer año, el resto va a poderlo llevarlo.
TAMBIEN QUIERE SER INGENIERO
Aldo se graduó como el mejor estudiante del Instituto Miguel Larreynaga, ingresó a la carrera de Arquitectura, y cuando la termine quiere estudiar Ingeniería Civil como segunda carrera o una especialidad. Espera pronto poder organizarse para jugar fútbol en la universidad. Y le agrada ayudar a sus compañeros con los trabajos; “me gusta ser amable con los demás, cuando le puedo ayudar a alguien, le ayudo”, dijo Aldo.