Juan Pablo II

Recibimiento de la Junta de Gobierno al Papa Juan Pablo II el 4 de marzo de 1983. Foto de Archivo (Foto de Archivo) Juan Pablo II primera visita a Nicaragua. 10 de Marzo de 1983. LA PRENSA

Estos fueron los entretelones de la primera visita de Juan Pablo II a Nicaragua, hace 39 años

Dirigencia sandinista afirmó en 1983 que fue "inevitable" que la visita del Papa Juan Pablo II tuviera repercusiones políticas y la Conferencia Episcopal envío una carta de disculpas

El Santo Papa Juan Pablo II, emprendió el 2 de marzo de 1983 un viaje apostólico a Centroamérica, Belice y Haití. Lo que le permitió visitar el suelo nicaragüense el 4 de marzo. El país era dirigido por Daniel Ortega, quien coordinaba la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y era miembro de la Dirección Nacional del Frente Sandinista, junto a otros ocho miembros, llamados «Comandantes de la Revolución».

La noticia de que Karol Wojtyla, el papa nacido en Polonia y convertido en sumo pontífice del catolicismo con el nombre de Juan Pablo II, visitaría Nicaragua fue esperada desde distintos ángulos, así lo recordó a LA PRENSA en 2021, el comandante guerrillero y general del Ejército en retiro, Hugo Torres Jiménez, fallecido el 12 de febrero de 2022, ocho meses después de ser apresado y estar encarcelado por el régimen de Ortega.

La visita del santo papa a la región se da cuando Nicaragua vivía en esa época momentos de la guerra civil alimentada por dos grandes superpotencias, Estados Unidos a la Contrarrevolución y la Unión Soviética a los sandinistas.

Nicaragua polarizada por la guerra

En una entrevista con LA PRENSA, en marzo de 2021, Torres recordó que el sector antisandinista esperaba la visita del papa Juan Pablo II como un plebiscito de apoyo, de respaldo. Mientras que, por parte del sector sandinista, la esperaban como una visita de esperanza, de que el papa se pudiese solidarizar con el Gobierno, con el régimen, con la revolución, contra el apoyo que el presidente Ronald Reagan y el Congreso de Estados Unidos estaban dando a la Contrarrevolución.

Sin embargo, durante la misa que se llevó a cabo en la Plaza 19 de Julio en Managua, frente a la UCA, donde hoy se ubica una terminal de buses, aquel 4 de marzo, el santo papa hizo un vigoroso y enérgico llamado a la unidad de la Iglesia, y habló de la triste herencia de la división entre los hombres, provocada por el pecado de la soberbia, pero la homilía fue interrumpida en varias ocasiones por la consigna «Queremos la paz» de parte de los simpatizantes sandinistas, teniendo frente a la tarima a decenas de madres de jóvenes caídos en la guerra civil portando fotografías de sus hijos, algo que fue considerado como un «boicot» del sandinismo a la visita del papa utilizando el dolor de las madres y por otro lado la profanación e irrespeto a la celebración eucarística.

«¡La primera que quiere la paz es la Iglesia!», fue la respuesta con voz firme del papa ante la reiterada demanda de una parte de los asistentes.

El papa, quien había vivido en Polonia la dureza del comunismo soviético, fue acusado de mostrarse distante con el Gobierno sandinista de esos días.

La reacción del FSLN a la visita del papa

Por lo que al concluir la visita papal en la región, la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional emitió un pronunciamiento considerando «insoslayable pronunciarse sobre las repercusiones de la misma, dada la situación que se vive en el área centroamericana»:

«Su santidad Juan Pablo II confirió, según sus públicas expresiones, un carácter pastoral y apostólico a su peregrinaje por esta parte del mundo. No obstante, ha sido inevitable que la misma tuviera repercusiones políticas, ya que es imposible referirse a asuntos como la violencia revolucionaria, la situación campesina, el problema de las minorías étnicas, la educación, etc., sustrayéndose de su connotación política», se lee en una copia del pronunciamiento de la Dirección Nacional del FSLN, publicado por el Centro de Investigaciones y Actividades Culturales, en cooperación con la Universidad Nacional de Heredia, de Costa Rica, el Centro de Estudios Latinoamericanos, Tulane University (USA) y la University of Kansas (USA).

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«La misma proclama de la unidad de la Iglesia y el principio de la autoridad de la jerarquía de la misma, adquiere en nuestra realidad un significado político, dada las particulares características de la vivencia cristiana, en una región convulsionada por luchas políticas, sociales y hasta militares, ante las cuales obispos, sacerdotes y laicos, asumen posiciones políticas a favor o en contra de los sistemas establecidos. Los pueblos de esta región, en la que hay una mayoría creyente, viven acelerados procesos de transformación, producto de la dinámica social y política en la que están inmersos y no les pasa desapercibido el hecho de que la visita del papa tiene ese tipo de repercusiones«, agregó la Dirección Nacional del FSLN.

Asimismo sostuvieron que «a su regreso al Vaticano, sus mensajes dejan un proceso de análisis y reflexión. De las palabras vertidas acá, habrá seguramente quienes hallarán elementos para fortalecer posiciones derechistas y antipopulares. Habrá también quienes descubran ‘en ellas alguna luz de esperanza para la causa de la justicia social por la que luchan. En todo caso, lo fundamental es que hay una expectativa creada».

«Confiamos, por tanto, en que el clamor de las madres y la mayoría del pueblo nicaragüense, por sus héroes y mártires caídos víctimas de la política agresiva del imperialismo, y el clamor por la paz, que tuvo expresiones populares desbordadas durante su misa en la Plaza 19 de Julio, llegarán a ser oídos y traducidos en precisa voluntad de obrar en tal dirección», añade el comunicado.

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Al respecto, Hugo Torres mencionó el año pasado que el régimen revolucionario esperaba del papa la mínima expresión de conmiseración con las víctimas para haberlo explotado políticamente, pero el papa estaba claro de eso, por eso no dijo nada, consideró Torres. 

«Él (Juan Pablo II) estaba clarísimo que venía a un escenario político, identificaba la revolución como un aliado de la Unión Soviética definitivamente, de los regímenes comunistas y él era anticomunista convencido. Vino a cumplir un papel religioso, pero también político. Pero, el hecho de que el papa no hubiera dicho una oración en respuesta al ruego de las madres hirió esos sentimientos», dijo Torres.

Sin embargo, reiteró que «el papa sabía que si decía esa oración podía ser interpretado políticamente como una condena a los sectores armados antisandinistas y por eso no lo hizo».

CEN ofreció disculpas por el irrespeto hacia el santo papa

Por su parte, la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) —tras su partida de Nicaragua en marzo de 1983— también dirigió una carta al sumo pontífice y a la Iglesia universal en la que lamentaron y condenaron «enérgicamente el incalificable irrespeto cometido contra la Eucaristía y la persona del vicario de Cristo, no de parte del pueblo católico que era la inmensa mayoría, sino de una minoría que actuó, queriendo convertir un acto eminentemente religioso y eclesial como es el Santo Sacrificio de la Misa, en un acto de política partidista, la tarde del 4 de marzo, en Managua».

«Pedimos a la Iglesia universal que se una a la Iglesia nicaragüense rogando a Dios que perdone a los que autorizaron, planearon, permitieron, ejecutaron, apoyaron, justificaron y todavía justifican los actos sacrílegos perpetrados contra la celebración de la Eucaristía y contra la persona del santo padre, tratando de convertir por la fuerza en política partidista un acto eminentemente religioso y eclesial. El pueblo fiel de Nicaragua —la gran mayoría de los nicaragüenses— siente una profunda vergüenza por esta profanación del acto más alto, santo y solemne de toda la historia de nuestra patria», expresa la carta de los obispos de Nicaragua, también publicada por el Centro de Investigaciones y Actividades Culturales, en cooperación con la Universidad Nacional de Heredia, de Costa Rica, el Centro de Estudios Latinoamericanos, Tulane University (USA) y la University of Kansas (USA).

Así fue la visita pastoral del sumo pontífice en la región

A las 7:30 a.m. del 2 de marzo de 1983, su santidad Juan Pablo II partió del Vaticano rumbo al aeropuerto Fiumicino para iniciar su viaje apostólico a Costa Rica, Nicaragua, Panamá, El Salvador, Guatemala, Honduras, Belice y Haití.

Durante esa gira, el papa estuvo acompañado por el cardenal secretario de Estado, Agostino Casaroli; por el sustituto de la Secretaría de Estado, arzobispo Eduardo Martínez Somalo; y el obispo prefecto de la Casa Pontificia, monseñor Jacques Martin.

Después de casi 10 horas de vuelo, su primer destino fue Costa Rica.

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El 4 de marzo el papa arribó a Nicaragua, donde fue recibido por la Junta de Gobierno, el nuncio apostólico, arzobispo Andrea Cordero Lanza de Montezemolo; el arzobispo de Managua y presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Miguel Obando Bravo, los obispos del país y numerosas autoridades.

El santo padre, después de besar el suelo nicaragüense, escuchó el discurso del coordinador de la
Junta de Gobierno, Daniel Ortega y luego saludó al pueblo de Nicaragua: «Me trae a Nicaragua una misión de carácter religioso, vengo como mensajero de paz, como alentador de la esperanza, como un servidor de la fe, para corroborar a los fieles en su fidelidad a Cristo y a su Iglesia», expresó.

La gira de santo padre se realizó: 5 de marzo en Panamá, 6 de marzo en El Salvador, 7 en Guatemala, 8 en Honduras, el 9 en Belice y el 10 en Haití.

Política Daniel Ortega FSLN Juan Pablo II archivo

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