«Bienvenido a la Nicaragua libre gracias a Dios y a la Revolución», rezaba una gran pancarta en el aeropuerto de Managua, el cuatro de marzo de 1983, hace 38 años, cuando el hoy Santo Papa Juan Pablo II tocó y besó por primera vez el suelo nicaragüense. A los pies del avión, le esperaba Daniel Ortega, quien estaba a la cabeza de la Dirección Nacional del Frente Sandinista.
La noticia de que Karol Wojtyla, el Papa nacido en Polonia y convertido en Sumo Pontífice del catolicismo con el nombre de Juan Pablo II, visitaría Nicaragua fue esperada desde distintos ángulos, recuerda, el comandante guerrillero y general del Ejército en retiro, Hugo Torres Jiménez, hoy opositor férreo al dictador Daniel Ortega.
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Torres recuerda que el sector antisandinista esperaba la visita del papa Juan Pablo II como un plebiscito de apoyo, de respaldo, y por parte del sector sandinista, como una visita de esperanza, de que el Papa se pudiese solidarizar con el gobierno, con el régimen, con la revolución, contra el apoyo que el presidente Ronald Reagan y el Congreso de Estados Unidos, estaba dando a la Contrarrevolución.
Una gigantesca multitud rebasó la Plaza 19 de Julio en Managua, frente a la UCA, donde hoy se ubica una terminal de buses, aquel cuatro de marzo. Eran aproximadamente las cuatro de la tarde cuando inició la misa y concluyó ya llegada la noche, en la que hizo un vigoroso y enérgico llamado a la unidad de la iglesia. Además habló de la triste herencia de la división entre los hombres, provocada por el pecado de la soberbia, pero los manifestantes sandinistas acallaron al Pontífice durante la acalorada homilía. El papa que había vivido en Polonia la dureza del comunismo soviético, fue acusado de ser duro y conservador con el Gobierno sandinista de Ortega.

«Una gran noche oscura»
Sin embargo, 13 años más tarde, en su segunda visita a Nicaragua (1996), ya en el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, Juan Pablo II se mostró visiblemente emocionado al término de una misa multitudinaria, a la que asistieron unas 500.000 personas. Al finalizar el acto religioso, el Pontífice se dirigió a la multitud y calificó el hostil recibimiento en su primera visita, durante el régimen sandinista, como «una gran noche oscura».
Torres manifiesta que cuando vino el Papa a Nicaragua, el país estaba viviendo momentos duros de la guerra civil alimentada por dos grandes superpotencias, Estados Unidos a la Contrarrevolución y la Unión Soviética a los sandinistas. La guerra iba en ascenso, acababan de asesinar, cinco días atrás, a un grupo de jóvenes que se habían movilizado a las montañas (San José de las Mulas) y se estaba reclamando justicia por esos muertos.
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«Eran momentos en que la guerra iba para arriba, entonces, no es una visita casual. Fue una visita muy bien calculada en términos políticos. La venida del Papa a un pequeño país de Centroamérica que acababa de pasar por una revolución, sobre el triunfo de una dictadura y que estaba inmersa en contradicciones políticas, que se manifestaban en el conflicto armado», dijo Torres.
«Habían distintas expectativas sobre esa visita, pero el Papa que vino a Nicaragua era un Papa con un talante recio. Es un Papa marcadamente anticomunista, por la experiencia personal que había vivido en Polonia. Por eso es que digo que no fue una visita inocente, casual, sino una visita calculada no solo en términos religiosos, sino en términos políticos», agregó el general en retiro.
«La primera que quiere la paz es la Iglesia»
Ortega le recordó al Papa que un grupo de madres cristianas habían ido a la misa llevando las fotos de sus hijos muertos en defensa de la patria y que él se había olvidado de bendecirlas.
«Lo que pasó ahí en la misa fue que se empezó a gritar ¡queremos la paz!, ¡queremos la paz!. Estaba fresca la masacre de San José de las Mulas, por parte de las filas de la Contra y lo que esperaba mucha gente, es que el Papa diera una oración por la paz. Pero el Papa estaba claro que una oración por la paz se podría interpretar como una posición a favor del régimen revolucionario, esa es la lectura que yo hago, y por supuesto que no lo iba a hacer. Por el contrario dijo con una voz fuerte ¡la primera que quiere la paz es la iglesia!», comentó Torres.

No obstante, Torres considera que el régimen revolucionario esperaba del Papa la mínima expresión de conmiseración con las víctimas para haberlo explotado políticamente, el papa estaba claro de eso, por eso no dijo nada. Él (Juan Pablo II) estaba clarísimo que venía a un escenario político, identificaba la revolución como un aliado de la Unión Soviética definitivamente, de los regímenes comunistas y el era anticomunista convencido. Vino a cumplir un papel religioso, pero también político», dijo.
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Asimismo recuerda que a través de una carta, las madres le pidieron oración por sus hijos, pero no hubo una respuesta de parte del Papa, lo cual hirió profundamente el sentimiento de estas madres. «Recordemos que en esos entonces, los sectores que apoyaban la revolución eran mayoritarios. Los sectores que apoyaban la Contra estaba más ubicados en las zonas rurales. Pero el hecho de que el Papa no hubiera dicho una oración en respuesta al ruego de las madres hirió esos sentimientos. Lo que pasa es que el Papa sabía que si decía esa oración podía ser interpretado políticamente como una condena a los sectores armados antisandinistas y por eso no lo hizo», recalcó el general en retiro.
Pero reconoce, que la forma en que el gobierno sandinista trató al Papa durante su primera visita al país no fue la mejor. «Independientemente de que se calculara de que las intensiones del Papa era venir apoyar al sector antisandinista, se le pudo haber tratado de otra manera, con más diplomacia, políticamente con posiciones más maduras, de tal manera, que el Papa mismo no pudiese tener mayores espacios para adoptar posiciones sesgadas», opinó.
Sandinistas trataron de boicotear la visita del papa Juan Pablo II, pero se equivocaron
Por su parte, el ex sacerdote Edgar Parrales dijo que la primera visita del Papa Juan Pablo II se dio en un contexto muy agitado en Nicaragua, controversial y que la falla del Frente Sandinista fue hacerle un espectáculo, un show, y que al contrario debieron haberse portado con más inteligencia.
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«Cuando el Papa fue a Cuba (enero 1998) los cubanos fueron muchísimo más inteligentes. Le abrieron todas las puertas, permitieron que las organizaciones religiosas tuvieran una intervención de participación de primera en la organización de esa visita. El mismo gobierno le facilitó la Plaza José Martí. Fidel Castro estaba en primera fila, es decir, facilitó todo para que la visita del Papa fuera un éxito», comparó Parrales. En cambio, aquí «lo que hicieron fue tratar de ver cómo le boicoteaban la visita y cómo le hacían pasar el ridículo, pero fue una lógica estúpida de parte del régimen sandinista, porque en vez de menoscabar la imagen del Papa, menoscabaron la imagen de la revolución», expresó Parrales.
Mientras que «en la segunda visita ya estando doña Violeta en el poder, trató de ser una especie de reparación, al agravio que se le había hecho al papa en la primera visita y así ver que los nicaragüenses no somos como el Frente Sandinista se mostró la primera vez, sino que los nicaragüenses sabemos ser cordiales con los visitantes, sabemos ser amables y en todo caso como personas de fe sabemos respetar a las personas que representan a nivel mundial la fe cristiana», manifestó el ex sacerdote, quien también fue miembro del grupo de los 12 en la Revolución Sandinista y embajador de Nicaragua en la Organización de Estados Americanos (OEA).
El Papa Juan Pablo II fue canonizado el 27 de abril de 2014, junto al Papa Juan XXIII.