La patria está de fiesta

Esta es una carta abierta a mi más que querido presidente y comandante: 

No se si se fijó cuando se despertó este lunes 10 de enero que el cielo amaneció más azul y brillante que nunca y sin nubes. Un reflejo de la bandera azul y blanca que usted tanto respeta y protege.  

Este lunes con su última juramentación a la presidencia, el cielo, como toda Nicaragua, estaba celebrando su abrumadora victoria del pasado noviembre en la elección más limpia, transparente, y competitiva de nuestra historia con una participación popular sin precedente aún tomando en cuenta el crecimiento de la población. Los conservadores de finales del siglo antepasado se quedaron cortos ante una muestra tan palpable de democracia y apoyo popular; los liberales de Zelaya en adelante ya no se diga.  

Su abrumadora victoria refleja el reconocimiento de los nicaragüenses a su extraordinaria gestión por muchos años como estadista y gobernante. Digo muchos años porque al único presidente de Nicaragua que conocen mis nietos es a usted. 

Mi reconocimiento es múltiple e infinito, pero se debe particularmente a su indiscutible y continuo fortalecimiento de la democracia y de la institucionalidad del país, y del balance, independencia y respeto entre los poderes del Estado. Así como a su fortalecimiento a  la honestidad, independencia, y servicio al pueblo del ejército y de la policía. 

Ya no digamos a su mesura y pacifismo como estadista y presidente de todos los nicaragüenses ante las llamadas protestas populares, que en realidad como usted ha dicho vienen de afuera y no representan el sentir de la población que solo tiene corazón para usted.  Una muestra palpable de su magnanimidad es que actualmente no tenemos ningún preso político ni en la cárcel ni en su casa, ni muertos por protestas en los cementerios.  

También reconozco y agradezco el uso tan generoso que hizo de los millonarios recursos venezolanos al dedicarlos totalmente a programas de apoyo a los más necesitados, sin ningún beneficio personal mas que la satisfacción de haber hecho lo correcto como gobernante y protector del pueblo. 

Sobra decir que su impresionante e histórica victoria refleja también el abrumador apoyo de los nicaragüenses a su visión e inteligencia al postular por segunda vez a su estimable esposa doña Rosario Murillo como candidata a la vicepresidencia. Nadie como ella comparte sus ideales democráticos y su respeto a los nicaragüenses. 

En fin, mi más que querido presidente y comandante ya no tengo palabras para expresarle mi regocijo por su toma de posesión. Confío en que, para beneficio y felicidad de los nicaragüenses, será la última ya que se merece un descanso por todos los sacrificios que ha hecho por nosotros.

El autor es bachiller del colegio Centroamérica de Granada.

Opinión Daniel Ortega Nicaragua toma de posesión archivo
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